GM presenta oficialmente su quiebra

El fin de un sí­mbolo

En un hecho sin precedente, General Motors, el mayor fabricante de automóviles de Estados Unidos y uno de los sí­mbolos de la industria del paí­s, se someterá hoy a la protección de la ley de quiebras como primer paso para reestructurar la empresa, que, en la práctica, pasará a manos del gobierno. Será la cuarta entre las mayores bancarrotas en la historia del paí­s y la más importante en el sector industrial. Tendrá lugar apenas un mes después de que uno de sus competidores de GM, Chrysler, hiciera un anuncio similar. El presidente de General Motors (GM), Fritz Henderson, será el encargado de hacer el anuncio, antes de la apertura de los mercados. Poco después, el presidente Barack Obama dará un discurso para explicar los próximos pasos de la empresa.

GM está de facto bajo control estatal, or eso el corte del cordón umbilical ha salido bien. Para Opel una gerencia de GM de la vieja escuela no hubiese permitido que la hija europea abandonase así, tan fácilmente, la casa. Las causas de las dificultades de Opel han radicado, en los últimos 15 años, en el desvío de las ganancias hacia Detroit así como en los espeluznantes errores de cálculo del mercado que cometió la gerencia estadounidense. La pérdida de su filial europea Opel que hasta el último momento antes de la presentación de suspensión de pagos no se llegaba a cerrar definitivamente, por la ferrea resistencia ofrecida por el gobierno norteamericano imponiendo condiciones de todo tipo, es seguramente la mayor ejemplificación del fin de toda una época que marca el ocaso de GM. En los últimos meses, GM, que desde 2005 tuvo pérdidas por más de 90.000 millones de dólares, había logrado sobrevivir financieramente gracias a casi 20.000 millones de dólares de ayuda gubernamental. Pero, para seguir operando, necesita de otros 30.000 millones de dólares más, que el gobierno está dispuesto a otorgarle a cambio del control de más de dos tercios de la compañía. El anuncio de Henderson tendrá lugar en Nueva York, la misma ciudad en la que se sitúa el Tribunal de Quiebras donde los abogados de GM presentarán los documentos de la suspensión de pagos del gigante estadounidense, cuyas acciones, el viernes pasado, cerraron a menos de un dólar en Wall Street por primera vez desde 1933.La administración de Barack Obama pondrá sobre la mesa 30.100 millones de dólares (21.200 millones de euros) adicionales y ha avisado de que "no espera proveer ayuda adicional". La apuesta de Obama, que los analistas califican de arriesgada por la incógnita de si se podrá recuperar todo este dinero, supone la nacionalización del otrora mejor ejemplo del desarrollo del modelo capitalista americano pero que ha acabado sumido en las deudas víctima de una inadecuada gestión. Hasta la fecha, el Tesoro ha inyectado en el fabricante 19.400 millones de dólares (13.770 millones de euros) provenientes del dinero de los contribuyentes y cuyo reembolso es más que dudoso. Con vistas al futuro, según informan fuentes cercanas al presidente Obama citadas por el New York Times, el Gobierno confía en poder dejar prontos las riendas de la dirección, una vez estabilizadas sus cuentas y superar el proceso de suspensión de pagos en un periodo entre los seis y 18 meses. Los cálculos de la Casa Blanca, apuntan las mismas fuentes, prevén que General Motors, una vez se desprenda de entre 12 y 20 fábricas y recorte un excedente de plantilla que se eleva hasta los 21.000 trabajadores pueda subsistir incluso con su actual cuota de mercado, que no supera el 20%. Un porcentaje mínimo si se tiene en cuenta que llegó a vender uno de cada dos coches que circulaban por las carreteras de Estados Unidos y daba empleo a más de 600.000 personas en el país. La clave del nuevo plan está, no obstante, en la propuesta del canje de deuda que permitirá que una vez culmine, sean el Estado y los empleados los principales accionistas de la compañía. Una muestra más de la profundidad de una crisis económica y sectorial que podría obligar a Washington a convertirse en propietario de una automovilística, algo inédito en Occidente con la excepción de Renault. General Motors podría convertirse en Government Motors (Motores del Gobierno). Eso, si la conversión propuesta tiene éxito. Si no, la salida tiene otro nombre: concurso de acreedores. La supervivencia de la industria del motor está íntimamente ligada a la reactivación del consumo, casi una quimera en las circunstancias actuales. La administración de Obama no quiere sostener artificialmente a este gigante con pies de barro. Sólo contribuiría a engordar más su déficit, que tras los megarescates bancarios esta por las nubes. Muchos republicanos piensan que hubiese sido mejor, a largo plazo, dejar que quebraran para crear las condiciones que facilitarían la toma de decisiones duras, en especial el recorte de salarios y despidos masivos que permitirían a las empresas mantener un nivel verdaderamente competitivo. La crisis ha barrido como un auténtico vendaval las centenarias estructuras de la industria automovilística estadounidense. Vendaval que se esta convirtiendo con la quiebra de el mayor símbolo industrial del imperialismo norteamericano, en el símbolo de su declive, se está revelando como el más fiel reflejo, del declive de la hegemonía norteamericana. Omnipotente y todopoderosa en otro tiempo, GM se ve obligada, si quiere subsistir y no desaparecer colapsada súbitamente, a un doloroso proceso de reestructuración interna, en la que tendrá que adaptarse a los nuevos tiempos, aprender a convivir (y a competir) en otras condiciones distintas a las que estaba acostumbrada, seguir siendo un gigante, pero entre otros gigantes y por lo tanto viéndose obligada a negociar y consensuar el reparto del mercado automovilístico mundial. GM ya no volverá a ser nunca lo que fue antes. Deberá ser menos mastodóntica, más ágil y más competitiva para poder sobrevivir en un sector en el que el futuro pasa por una creciente hegemonía de los fabricantes asiáticos (Japón en la actualidad, pero al que pronto se le sumarán China y la India

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