A Fondo

El doble juego de EEUU

Cuando Felipe VI visitó Washington, el presidente norteamericano, Barack Obama, remarcó que “EEUU estamos profundamente comprometidos en mantener la relación con una España fuerte y unida”.

Pocos minutos más tarde, el secretario de Estado, John Kerry, utilizaba en una rueda de prensa conjunta con el ministro español de Exteriores, García Margallo, una fórmula similar: “mantener contacto con una España fuerte, robusta y unida”.

Estas declaraciones fueron difundidas por el gobierno de Rajoy, presentándolas como el aval de la superpotencia a la firmeza contra las amenazas del soberanismo catalán.

Sin embargo, como desveló El Mundo, “no fueron gratuitas, ni fruto de un apoyo esperable entre aliados”. Sino a cambio de acelerar el acuerdo que permite incrementar el despliegue de marines en Morón, convertida en “la base de África” del Pentágono.

Es un ejemplo de la rentabilidad que para Washington puede tener mantener abierta la herida de la amenaza de fragmentación.

Mientras que el gobierno norteamericano tomó una posición rotunda de apoyo a Reino Unido con motivo del referéndum donde Escocia decidía entre el SI o el NO a la independencia, esa firmeza se transforma en ambigüedad cuando destacados representantes de la superpotencia yanqui se pronuncian sobre la unidad de España.

Cuando a Antony Blinken, subsecretario de Estado y una de las figuras más influyentes en el gobierno de Obama, le preguntaron si la defensa de la unidad en Reino Unido “vale también para España ante el separatismo catalán”, su respuesta fue una maliciosa tibieza: “esto es realmente una cuestión interna sobre la que tienen que decidir los españoles. No nos vamos a pronunciar sobre ese asunto”.

No se trata de un “desliz individual”. Bob Menéndez, el poderoso presidente de la Comisión de Exteriores del Senado de EEUU, y uno de los principales representantes del ala dura de los republicanos, afirmó que la cuestión catalana “es una discusión interna de España. No tengo una opinión formada”.

Y el embajador norteamericano en España, James Costos, fue más explicito al declarar que “la política habitual de EEUU hacia Cataluña es que se trata de un asunto interno de España. La embajada mira lo que está ocurriendo. Mi posición es que las cosas cambian. Ya veremos lo que ocurre, y si las cosas cambian habrá que adaptarse”.

Ante el “problema catalán”, Washington practica un peligroso doble juego. Por un lado no está interesado en provocar la fragmentación de un “peón fiable” como España. Pero por otro, permite los ataques a la unidad de Artur Mas con el objetivo de degradar y debilitar al país, para imponernos las draconianas exigencias de su proyecto de saqueo e intervención.

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