Crisis de desabastecimiento en Reino Unido

El Brexit se queda sin gasolina

Reino Unido vive ahora bajo las secuelas económicas, mercantiles, laborales y sociales del Brexit, un embrollo infinito en cuyo nacimiento tuvo mucho que ver la línea Trump al otro lado del Atlántico

Largas hileras de coches británicos haciendo cola durante varias horas para repostar combustible. Es la última imagen de los problemas un Brexit que -tras un año de su puesta en marcha- está generando escasez de trabajadores y mercancías en Reino Unido. Tan grave es la situación que Boris Johnson ha tenido que movilizar al Ejército y autorizar 10.000 visados de trabajo temporales para dar respuesta a la falta de mano de obra en el país.

«Furia en el surtidor», «A golpes por repostar», son algunos de los titulares que la siempre sensacionalista prensa británica nos ha ofrecido estos días, con imágenes de británicos liándose a puñetazos en la gasolinera tras soportar horas de colas kilométricas. Una escasez de combustible causada por la falta de conductores de camiones de gran tonelaje, entre ellos los de camiones-cisterna que aprovisionan a las estaciones de servicio.

Pero hay muchos más problemas, y no menos graves. Algunas granjas del Reino Unido han tenido que tirar la leche porque no hay camiones para transportarla. En las estanterías de los supermercados algunos productos faltan o escasean. El retraso en el transporte de materias primas está alterando el ritmo y el coste de producción de muchas mercancías, provocando una subida de los precios.

Y los hospitales advierten de un peligro aún mayor: «A medida que las gasolineras se agoten, corremos el riesgo de que el personal del Servicio Nacional de Salud (NHS, en sus siglas en inglés) no pueda acudir a su trabajo ni prestar cuidados esenciales a gente que lo necesita”, dice el consejo de la Asociación de Médicos Británica, que exige que el gobierno otorgue prioridad para repostar a los trabajadores esenciales.

Las nuevas leyes migratorias post Brexit dificultan mucho que los europeos trabajen en Reino Unido. Entre ellos, trabajadores esenciales como los camioneros que abastecen de mercancías.

La fuente de todos estos problemas se llama Brexit. Entre otras muchas consecuencias, el acuerdo de retirada de Reino Unido de la UE implica que los camiones de mercancías procedentes de la UE ya no pueden cruzar libremente la frontera, los trámites en la aduana se alargan y la entrega de productos se retrasa. Pero es que el Brexit también ha impactado en el mercado laboral británico. Las nuevas leyes migratorias dificultan mucho que los europeos consigan un trabajo en Reino Unido, por lo que la llegada de trabajadores extranjeros se ha reducido considerablemente.

Los migrantes de la UE solían realizar los trabajos menos cualificados, como en la hostelería, la recogida en el campo… o el transporte de carretera. Simplemente, el gobierno de Boris Johnson -que había prometido que tras la salida de la UE habría gran abundancia de puestos de trabajo vacantes en el país, y que las cifras de paro se desplomarían- no había previsto que casi un año después del Brexit, el país se quedaría desabastecido de camioneros, camareros, enfermeros o gente para la recogida agrícola.

Para remediar un problema tan agudo, que provoca una fuerte indignación social, Downing Street dará paso atrás en el Brexit y ha anunciado que facilitará 10.000 visados de trabajo a trabajadores de la UE, entre ellos a cientos de camioneros. Además, unos doscientos soldados británicos comenzarán a conducir camiones cisterna y a distribuir combustible por las gasolineras del Reino Unido. Un parche temporal a un problema profundo para la economía británica.

El Brexit, una herencia de la era Trump

En 2016 el Reino Unido votó en un referéndum sobre si salir o no de la Unión Europea. En un resultado muy ajustado que provocó protestas en varias ciudades, con una opinión pública fuertemente polarizada, un 51,9% de la población británica votó a favor de abandonar la UE.

El referéndum fue lanzado por el entonces ministro conservador David Cameron, que defendía la permanencia. Pero los impulsores del Brexit se encontraban a uno y otro lado del Atlántico. Además de partidos de ultraderecha nacionalista como UKIP, estaban los sectores más ligados a EEUU de la oligarquía británica, así como los partidarios de la «línea Trump» de la burguesía monopolista norteamericana.

El objetivo: romper la ligazón económica y comercial de Reino Unido con Europa para posteriormente alcanzar un Tratado de Libre Comercio entre Londres y Washington que vinculara profundamente a la economía británica y la norteamericana. Eso esperaban lograr Boris Johnson y Donald Trump, entre los que había una complicidad política y personal.

Pero los planes de Johnson se torcieron tras las elecciones norteamericanas. Joe Biden mantiene una relación tirante con el primer ministro británico y el proyecto del Tratado de Libre Comercio transatlántico se ha quedado en stand-by. Es posible que ahora -tras el reclutamiento del fiel mayordomo inglés para la alianza militar AUKUS en el Indo-Pacífico- veamos movimiento en este asunto, pero no hay certezas sobre ello.

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