Comic

El Ala Rota

Seis años después de ‘El arte de volar’ (Premio Nacional de Cómic, 2010), la novela gráfica en la que el escritor Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952) y el dibujante Kim (Joaquim Aubert Puigarnau, el creador de Martí­nez, el facha, Barcelona, 1941) contaron la vida del padre del primero (anarquista, republicano y exiliado), la pareja publica ‘El ala rota’‚(Norma) en la que Altarriba narra la historia de su madre, una mujer que, como tantas otras, vivió en una época en la que nuestras madres y abuelas estaban supeditadas al poder masculino en la sociedad en la que prácticamente sólo podí­an aspirar a ser madres.

Estos dos libros forman un “díptico familiar” (como lo describe Altarriba), que es uno de los mejores resúmenes de la historia de la España del Siglo XX (desde la caída de la monarquía, la Segunda República, la Guerra Civil, la posguerra y la dictadura de Franco).

Nacimiento de ‘El ala rota’

“En ‘El arte de volar’ la presencia de mi madre es prácticamente anecdótica porque la historia de mi padre era muy potente. Siempre fue un rebelde y un anarquista, sobrevivió a la Guerra Civil, al exilio en Francia y luego luchó contra la Resistencia. Al final, decidió volver a España y tras unos años muy duros llegó a ser empresario y luego lo perdió todo. Mi madre, en cambio, era una mujer muy religiosa y beata, y su historia no parecía importante. En una entrevista que me hicieron en Francia, una periodista me preguntó por ella y así empezó a gestarse ‘El ala rota’.”

En su lecho de muerte, en 1998, donde empieza ‘El ala rota’, Altarriba descubrió que su madre no podía desdoblar ni estirar el brazo izquierdo. “¿Desde cuándo?”, le preguntó. “Desde siempre”, le respondió sin más detalles. Nadie de la familia, ni su padre, se dieron cuenta jamás. Perplejo, fue atando cabos y concluyó que tuvo que ser la secuela del arrebato paterno que a punto estuvo de machacar con una piedra la cabeza de la recién nacida (de ahí que la bautizaran Petra). Aquello le dio al guionista la metáfora para el título de ‘El ala rota’, “No sé cómo pudo esconder y disimular esa invalidez toda la vida. Nunca se quejó. Luego piensas y ves que de niño me decía, “cógete de mi brazo”, “de este”, especificaba, y en las fotos siempre lo tenía doblado. Eso refleja ese anonimato y el silencio en que vivían las mujeres de su generación, que no le daban importancia a sus vidas, que no creían que debían ser contadas y que pasaron cuidando de los demás. Eran invisibles, como ella hizo invisible esa minusvalía. Son la trastienda de la historia”.

La obra

Cada uno de los cuatro capítulos en los que está estructurada la novela gráfica está marcado por la presencia de un hombre que tuvo gran influencia en la vida de Petra. El primero, que recorre su infancia y su juventud, está dominado por la figura de su padre, Damián Ordóñez, escritor, barbero, actor y director teatral, republicano y bebedor. Pozuelo de la Orden, en la provincia de Valladolid, se le quedaba pequeño y él pagaba su frustración con sus hijos. Su relación con Petra fue realmente complicada, pero a pesar de ello, ella siempre lo recordaba con cariño.

Poco a poco la familia se fue desmembrando y finalmente Petra se trasladó a Zaragoza. Allí entró a trabajar como gobernanta en la casa de Juan Bautista Sánchez González, Capitán General de Aragón. Había sido uno de los militares más destacados del bando franquista durante la guerra civil, pero era favorable a la restauración de la Monarquía. El traslado de este a Barcelona, como Capitán General de Cataluña, y su posterior fallecimiento en oscuras circunstancias, coincidieron en el tiempo con el inicio de la relación amorosa entre Petra y Antonio, al que conocemos bien tras haber leído El arte de volar.

El tercer capítulo, está dedicado a la vida en común de Petra y Antonio. Las penurias económicas que tuvieron que afrontar, y después del nacimiento de Toñín (el guionista Antonio Altarriba), las crecientes dificultades entre ellos, marcan el tono del capítulo. La abnegada vida de Petra, siempre al servicio de los demás, se iba encaminando cada vez más hacia la religión. La vida cotidiana de la España franquista tiene una gran presencia y somos testigos de la forma de vida de gran parte de las mujeres españolas de la época.

La relación matrimonial se fue deteriorando y una vez el hijo se emancipó, llegaron unos años realmente duros para ambos progenitores, que concluyeron con la decisión de Antonio de abandonar a su esposa. Aún así, tras entrar a vivir en una residencia regentada por monjas, fue capaz de entablar una relación con Emilio, el hombre que menos autoridad ejerció sobre ella, un amante secreto que se echó en la residencia de monjas, a los 70 años y cuando ya estaba separada, que estaba rendido a sus pies. “Yo creo que la hizo feliz porque le hacía gracia tener, por fin, un admirador incondicional. Y tener que verse a escondidas, como adolescentes, porque las monjas no permitían el contacto entre los ancianos de distinto sexo”. Esta última etapa fue una época bastante feliz para Petra.

El dibujante

Kim (‘Martínez el facha’) tardó más de cuatro años en completar ‘El arte de volar’, tiempo que ha reducido a año y medio para ‘El ala rota’. “En el primer libro (asegura Altarriba) Kim se enfrentó a un dibujo realista. E hizo un gran trabajo, minucioso y detallista, pero le costó asimilarlo”. “Ahora (continúa Altarriba) ya tenía el estilo pillado y, además, no tenía que compaginarlo con las dos páginas semanales de ‘Martínez el facha’ para El Jueves (la serie se dejó de publicar el año pasado). En estas páginas está el mejor Kim”.

Kim ha trabajado en este libro con absoluta dedicación, y probablemente firma aquí el mejor trabajo de su carrera como dibujante. En cada detalle, hasta en la esquina más perdida de una viñeta, se deja entrever la titánica labor de documentación que ha llevado a cabo. Casi se diría que Kim estuvo allí. Y sin embargo, la lectura fluye con tanta naturalidad que uno solo es consciente de ello cuando cierra las tapas.

Epílogo

El esfuerzo en la realización de la novela gráfica no ha sido en balde porque el guionista, Altarriba, siente que ha “recuperado” a su madre. “Ahora la entiendo mucho mejor y la quiero mejor, no sé si más, pero sí mejor”, confiesa este escritor zaragozano afincado en Vitoria desde hace décadas. “Este libro me ha servido para cambiar mi visión sobre mi madre”, sintetiza Altarriba, que lamenta no obstante que a su muerte aún le quedaban “muchas cosas por saber de ella”.

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