Disolución forzosa

Se puede tergiversar la realidad, dándole la vuelta hasta convertirla en su contrario. A este género de manipulaciones pertenece el comunicado con que ETA anuncia su disolución.

En él se afirma que la “autodisolución” es el resultado de “un proceso de debate y reflexión” para “avanzar y fortalecer el proceso político hacia la independencia”.

Es mentira. No ha sido una decisión tomada “en aras de la pacificación”. En 2009, la dirección de ETA afirmaba que no entregarían “nunca” sus armas y que no desaparecería, sino que “continuaría como organización política”. Si ahora hacen otra cosa es porque han sido derrotados y obligados a disolverse.

Y la fuerza principal que lo ha conseguido ha sido una rebelión democrática encabezada por vascos valientes que, con el apoyo de todo el pueblo español, se enfrentaron a cara descubierta al terror.

ETA nos dice que se disuelve porque ha terminado “su ciclo y su función”. No y mil veces no. El medio siglo de existencia de ETA no ha sido “un ciclo político” que ahora pasa a una nueva etapa, sino el intento de imponer por la fuerza un delirante fascismo étnico contra la mayoría de la población.

En su comunicado los fascistas de ETA se atreven todavía a hablar en defensa de “los sectores populares y la clase trabajadora vasca”, y en nombre “del proyecto político que tiene como meta la independencia y el socialismo”.

Incluso en su disolución, intentan seguir inoculando el veneno ideológico que presenta el fascismo, el tiro en la nuca o el coche bomba, como revolución.

Ni un atisbo de rechazo a lo hecho. Es más, reiteran que “ETA no renegará de su aportación”. Llegando a sobrepasar todos los límites al ensalzar “el sacrificio, el esfuerzo y la generosidad de nuestra militancia en estos 60 años”. Si, han leído bien, esos militantes de ETA que han asesinado sacrificada y generosamente durante décadas.

No es el momento de bajar la guardia.

La disolución de ETA debe hacerse efectiva, y no hay que darla por hecha hasta que esto suceda. Con la entrega total de las armas y la desarticulación absoluta de todo su tejido organizativo.

Quienes han participado en la ejecución del terror deben pagar por ello. Los que están presos han de cumplir sus condenas. Y se debe seguir investigando para resolver los más de 300 casos todavía sin resolver de la actividad criminal de ETA, persiguiendo a los culpables y llevándolos ante la justicia.

Pero, sobre todo, no podemos permitir que los verdugos, después de ser derrotados, puedan alardear de ello.

El indigno homenaje que recibieron en Andoaín, al cumplir su condena, los dos chivatos de ETA que proporcionaron la información necesaria para asesinar a Joseba Pagazartundua, no es desgraciadamente un hecho aislado.

La asociación de víctimas Covite ha documentado hasta 50 homenajes a etarras en el último año y medio.

En su comunicado, ETA afirma que sus militantes son “luchadores salidos del pueblo vasco”, y los homenajea como tales. En las manifestaciones de Basta Ya ya se dio una justa respuesta a esta burda manipulación: “¡No son gudaris, son fascistas!”. Y deben ser tratados como tales.

Un comentario sobre “Disolución forzosa”

  • armando de valencia dice:

    ota vez totalmente de acuerdo con el articulo muy bien puesto y dicho ,no hay que bajar la guardia en ningun momento ante tal proceso y los que alardean de sus acciones veo y entiendo que la poca verguenza que tienen es de caballo mucho de boca y poco de echos y me estoi refiriendo al pnv para ser mas concreto ,dejar acer omenajes a estos venenenos es como ser fascistas en la pratica ,acaso les gusta mas las actuacciones de matar al estilo fascista por lo visto es lo que desean ciertos democratas que dicen serlo de boca claro .

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