Alzheimer

Diabetes del cerebro

Si hasta ahora las lesiones en las neuronas que caracterizan el mal de Alzheimer no tení­an explicación, ahora la respuesta parece estar más cerca.

Obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular, cáncer, alzheimer… se disputan el título de “epidemia del siglo XXI” y asesinos silenciosos porque el aumento de la prevalencia a sido espectacular a nivel mundial. En el caso de la diabetes, por ejemplo, en 2011 el 8,3 por ciento de la población de 20 a 79 años tenía diabetes (366 millones de persona) y se prevé que en 2030 la padezca el 9,9% (550 millones). En el de la enfermedad de Alzheimer, una de las demencias degenerativas más comunes, se esperan nada menos que más de 115 millones de nuevos casos en los próximos 40 años.

Un neuropatólogo llamado Alois Alzheimer se dió cuenta, hace un siglo, que en el interior de las neuronas se acumulaba un forma anormal de proteína. Se llamaron placas bet-amiloide. Hasta hoy su naturaleza ha sido un misterior. Parece, ahora, que su origen está en la falta de insulina o en la resistencia de las neuronas a la insulina. La enfermedad de Alzheimer, que afecta a más de 3,5 millones de españoles (entre quienes la sufren directamente y sus familiares) es un problema socio-sanitario de primera magnitud que incide especialmente, aunque no en exclusiva, en personas mayores.

Las cifras son escalofriantes. Y el reto de parar estas predicciones depende de echar luz tanta sobre sus causas como sobre la relación que guardan unas enfermedades con otras. Porque relación hay, tal y como apuntan muchas evidencias médicas y científicas. La realidad trata de imponerse a la lógica de “a cada enfermedad, su pastilla” con la que se investiga en los laboratorios de los grandes monopolios. Buscan anticipar y paliar los devastadores efectos de esta demencia detectando los sus signos y síntomas precoces. Y está bien, pero a la vez hay que tratar la causa.

Efectivamene, hay sólidas evidencias de que la enfermedad de Alzheimer es una forma de diabetes. La diabetes 3 o diabetes del cerebro. Se sabe, por ejemplo, que en los estadios precoces de la enfermedad, la capacidad del cerebro para metabolizar el azúcar está reducida. Las células cerebrales en el enfermo del mal de Alzheimer “pasan hambre” porque la insulina, hormona clave para que el cerebro capte la glucosa de la sangre, no cumple su papel. Se produce la conocida resistencia a la insulina.

Es un hecho. Hay una mayor prevalencia del Alzheimer entre los enfermos de diabetes. Los diabéticos tienen el doble de probabilidades de padecer Alzheimer que los no diabéticos. La mayoría de enfermos de diabetes sufre el tipo 2. En ella, las células no responden a la insulina y por ello la glucosa de la sangre no puede entrar a su interior para convertirse en energía para todas las funciones vitales, empezando por la respiración celular.

La insulina llega al cerebro de dos formas. A través de la sangre desde el páncreas y desde el propio cerebro. Las neuronas tienen capacidad de producirla.

Cuando la célula no responde a la insulina, el cuerpo trata de compensar esta resistencia haciendo que el páncreas aumente su producción. Los niveles elevados de insulina podrían entonces dañar los capilares del cerebro y perjudicar la circulación sanguínea, explicando así en parte el daño cerebral que produce la diabetes. Y, de hecho, en la enfermedad de Alzheimer las partes del cerebro que afectan a la memoria y la personalidad, se convierten en resistentes a la insulina.

Pero, además de su papel en el metabolismo de las células, la insulina juega un papel importante en la fabricación de neurotransmisores, las sustancias que utilizan las neuronas para comunicarse; así como en la formación de nueva memoria y la ejecución de tareas que requieren aprendizaje y memoria.

A finales del pasado mes de junio, un equipo del Hospital de Rhode Island (EEUU) encontraron una relación entre la resistencia cerebral a la insulina y sustancias tóxicas que dañan las neuronas y contribuyen al avance la enfermedad.“Al bloquear la insulina en sus cerebros, aparecieron síntomas y signos de Alzheimer”

Parece de una importancia capital comprender como la creciente resistencia a la insulina en el cerebro es fundamental para frenar la neurodegeneración. Existe evidencia clínica y experimental de que el tratamiento con insulina o agentes promotores de la insulina pueden mejorar las funciones cognitivas y enlentecer el declive cognitivo propio de la enfermedad de Alzheimer. El problema base de la diabetes común se repite en el cerebro de los enfermos de Alzheimer. Caso de desarrollarse un tratamiento sería común para ambas patologías y no digamos la prevención.

Por tanto, estaríamos hablando de un syndrome metabólico que produce anomalías ligadas a la resistencia a la insulina, la cual va empeorando con la enfermedad. La Resistencia a la insulina desestabiliza el metabolismo de las grasas y promueve la acumulación de unas sustancias, llamadas cerámidas, que aumentan la inflamación y el metabolismo de los lípidos. Como resultado las cerámidas tóxicas se acumulan en el cerebro. El funcionamiento y la supervivencia de las neuronas se ponen así en entredicho por el stress producido.

De hecho la idea de que el Alzheimer es en realidad la diabetes tipo 3 viene circulando desde 2005, pero la conexión entre dieta y Alzheimer está cobrando fuerza.

¿Podéis imaginaros las consecuencias? No solo la forma de prevenir la enfermedad sería eminentemente por la dieta sino que los grandes monopolies de la alimentación podrían ser llevados a juicio por su papel en generar la epidemia del mal de Alzheimer. Ya se han obtenido resultados en acusarles por la epidemia de obesidad.

Exceso de azúcar en la dieta

Normalmente el exceso de azúcar en la dieta se almacena como glucógeno; después, cuando ya hay suficiente glucógeno, el azúcar se almacena en forma de grasa. La insulina no solo mantiene los vasos sanguíneos que mantiene el cerebro saludable, también promueve que las neuronas absorban la glucosa. Unos niveles bajos de insulina provocan una caída en el funcionamiento cerebral. Estos niveles bajos pueden se producidos porque el sistema inmune de un 10% de los diabéticos destruye las células productoras de insulina en el páncreas. Se trata de la diabetes tipo 1. O porque las células ignoren la acción de la insulina. El tipo 2 es un tipo adquirido por parte de personas que consumen un exceso de comidas hiperprocesadas.

Cuando Suzanne de la Monte, una especialista en neuropatología en la Brown University, bloqueó la vía de la insulina en cerebros de ratas, comprobó que las neuronas se deterioraron. Las ratas se desorientaron y sus cerebros mostraron todos los signos del mal de Alzheimer.

Lo realmente nuevo de este punto de vista es que apunta a que, a pesar de que la diabetes no causa el mal de Alzheimer, tienen la misma raíz: el sobreconsumo de sustancias, como el azúcar, que interfieren en los múltiples papeles que tiene la insulina.

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