Propiedad Intelectual:

Descargas Legales en Internet. “Ni por esas”

En un año marcado por la Ley del Canon Digital las grandes compañí­as como Apple, que dominan el mercado, se felicitan por la tendencia a la alza, mientras, en Sony BMG se lamentan de no haber sido rápidos en este sector y se preparan para abordarlo. “Uno de los errores ha sido convertir al usuario en un criminal al que habí­a que perseguir. Se le consideraba nuestro enemigo por bajar música” comenta en una entrevista Raúl López, ex presidente de la compañí­a.

Según iTunes “nuestro gran cometidor siguen siendo las descargas ilegales”. Sin embargo ni toda la campaña desplegada por el Gobierno e instituciones en televisión, prensa, cine y en cada película ha sido capaz de revertir una realidad abrumadora. La gente ha compartido música toda la vida; “¿tienes el último de Maniática?, ¡grábamelo!” El dilema aquí no está con el público. De hecho podría cogerse otro punto de vista: muchas descargas y grabaciones, aunque sean "ilegales", significan seguidores y reconocimiento del artísta. El agravio, insisto, no está principalmente en los usuarios, ni en los artistas… está en los monopolios. Si los profesionales no aceptasen el gravamen de los precios de los soportes físicos y una normativa punitiva, reclamasen los abusos y otra relación con las grandes compañías discográficas, se reivindicara la creatividad para acceder a un público que decide descargarse el producto y no pagar por él, y una vez empezado esto se persiguieran a las mafias… La propiedad intelectual tiene el valor de su contenido artístico, el de las horas de trabajo invertidas y el de la demanda que tenga. Pero hay profesionales del mundo de la música, especialmente – aunque se da de otra forma en otros sectores culturales – que piensan que el artísta lo es componiendo y en el escenario, creando y representando. Y ésta debería ser la fuente principal, aunque no única, de sus ingresos. Del total de beneficios los artistas no perciben más del 10%, descontando gastos de distribución, el resto se lo lleva la discográfica. ¿no debería tener mucho más valor cada concierto que la copia de una grabación hecha en un estudio en X horas?. A parte de el hecho de concebir la producción artística como una mera expresión individual – de la que al final solo se benefician en un 10% -. El debate no está en "arte gratuito", sino en "arte, pensamiento y expresión monopolizada". Los principales perjudicados, sin duda, son los creadores y después… nuestros bolsillos. Y quien dice los creadores dice las creaciones: 80 años después de su nacimiento “Popeye, el Marino” está libre de derechos de propiedad – todavía faltan 15 para que lo sea también en EEUU – . ¿Qué es lo que justifica tal disparate?, queda dicho, el control del arte, el pensamiento y la expresión… y la manteca que nos sacan.

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