La histórica intervención norteamericana en Turquí­a

Demasiadas pistas que apuntan a Washington

Quien conozca la historia reciente de Turquí­a sabe que ejecución de un golpe en el paí­s otomano es imposible sin, cuanto menos, el conocimiento y la aquiescencia de Washington. Todaví­a no sabemos el grado de implicación norteamericana en la reciente asonada militar… pero demasiadas pistas empiezan a señalar ya hacia EEUU.

El gobierno turco ya ha acusado directamente a EEUU de estar detrás del golpe. Lo que ha obligado al mismísimo secretario de Estado norteamericano, John Kerry, a desmentirlo públicamente.

El comandante del Mando Central de EEUU, Joseph Votel, ha admitido que la plana mayor de los golpistas eran precisamente los militares turcos que eran los interlocutores habituales del ejército norteamericano en Ankara.

El ejército turco es un auténtico Estado dentro del Estado. Es el segundo ejército más numeroso de la OTAN, juega un papel político activo, y es uno de los principales centros económicos del país, a través de un enorme complejo militar-industrial.

Y desde el mismo nacimiento de EEUU como superpotencia, su vinculación con Washington es directa. En 1947, EEUU interviene para sofocar una rebelión comunista que una decrépita Inglaterra es incapaz de atajar. La “doctrina Truman”, con la que Washington se auto otorgaba el derecho a intervenir en cualquier lugar del globo, comenzó garantizando a Turquía ayuda militar y económica a gran escala a cambio de la instalación de bases estadounidenses. “La intervención norteamericana en aparatos claves del Estado turco, como el ejército, viene desde el final de la IIª Guerra Mundial y el nacimiento de EEUU como superpotencia.”

Desde entonces, el ejército turco es uno de los mayores receptores de ayudas y material militar norteamericano, y todos sus altos mandos se forman en las Escuelas de la OTAN.

La trayectoria de los militares que encabezaron el reciente golpe es una radiografía de la intervención norteamericana.

La cabeza militar del golpe fue el general Azin Ozturk, el militar turco con más condecoraciones de la OTAN, y que como agregado militar en Israel se enfrentó al gobierno de Erdogan para proteger la actuación de Tel Aviv como gendarme local norteamericano.

El segundo en el escalafón golpista era el general Bekir Ercan Van, comandante en jefe de la base de Incirlik, la principal plataforma de la intervención norteamericana en Siria, y donde EEUU almacena el mayor contingente de armas nucleares fuera de sus fronteras. Es pública la estrecha relación de Ercan Van con el embajador norteamericano en Turquía, John Bass.

De los servicios de inteligencia turcos, el Millii Istihbarat Teskilati (MIT), sale un hilo que siempre acaba conduciendo a la CIA, a través de su colaboración con el Mossad israelí.

No terminan aquí las vías de intervención estadounidenses en Turquía.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha señalado al clérigo Fethullah Gülen como una de las cabezas del golpe. Está desde 1999 exiliado en EEUU, desde donde tiene manos libres para intervenir en Turquía. Encabeza una poderosa organización llamada Hizmet (Servicio), equiparable al Opus Dei, infiltrada en la banca y los principales aparatos de Estado, desde la judicatura al ejército. El gobierno turco la califica como una “estructura paralela” dentro del Estado para controlar el poder. Nació en plena guerra fría, dentro de los intentos norteamericanos por crear un cinturón islamista frente a la expansión de la influencia soviética en los países musulmanes. Y la Casa Blanca ha negado de entrada la petición para extraditarlo y poderlo juzgar en Turquía.

Antecedentes del golpe: la trama Ergenekon

Erdogan ya enfrentó una trama golpista en 2009, llamada “trama del Estado Profundo” o “Red Ergenekon”. Una oscura y profunda trama en la que se detuvieron a más de 200 personas, entre ellas generales retirados del Estado Mayor, un jefe de la unidad de operaciones especiales de la Policía, otros policías relacionados con asesinatos de la extrema derecha y la “guerra sucia”, personas vinculadas a los servicios secretos o periodistas y profesores de Universidad. El objetivo era crear –mediante atentados “islamistas” de amplia resonancia- un enorme clima de opinión que justificara un golpe de las Fuerzas Armadas que restaurara el “laicismo” del Estado turco y eliminara a un gobierno incómodo.

La trama Ergenekon revelaba apenas la punta del iceberg de un auténtico “Estado Mayor Secreto” incrustado en puestos claves de los aparatos estatales turcos –el ejército, la policía, los servicios secretos, los partidos políticos, los medios de comunicación, la enseñanza-, que velaba (y sigue velando) porque el país otomano se mantenga en la órbita y en el rumbo que le ha asignado el hegemonismo. Un ejemplo prototípico de cómo la superpotencia crea “Estados dentro del Estado” para dominar a sus vasallos.

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