La crisis migratoria en Ceuta tiene unas dimensiones que no admiten comparación. En pocas horas, hasta 50.000 migrantes han entrado de manera ilegal y masiva en la ciudad autónoma desde Marruecos, saturando el operativo de los guardias fronterizos. Interior asegura que la mitad, unos 25.000 han sido devueltos «en caliente» a Marruecos.
Lo primero, hablamos de personas. Seres humanos desharrapados, y muchos de ellos niños, que huyen de la miseria y de la opresión. La prioridad es atender sus necesidades humanitarias. La prioridad es tratarlos de acuerdo a los derechos humanos.
Segundo. Nunca, jamás, de ninguna manera puede ocurrir algo así sin la total complicidad de las autoridades un régimen marroquí de Mohamed VI. Un Majzén alineado y servil ante Trump y que ha firmado los Acuerdos de Abraham con Israel. Un régimen alauita que oprime al pueblo marroquí pero también que impone la brutal ocupación del Sáhara Occidental.
Una vez más, el régimen marroquí utiliza la desesperación y la pobreza de miles de seres vulnerables, lanzándolos como munición humana en pos de sus objetivos geopolíticos, alineados además con los de potencias imperialistas interesadas en la desestabilización de nuestro país.

Este trágico incidente ocurre apenas unas semanas después del viaje de Pedro Sánchez a Argelia -tradicional rival de Marruecos por ser la potencia dominante del Magreb- donde ambos países han mostrado una gran sintonía. También después de una reforma legal que alivia parcialmente el limbo legal al que se había condenado a los saharauis que residen en España, condenados a ser apátridas y a no poder beneficiarse de la regularización extraordinaria.

Pero sobre todo llega en un momento donde las relaciones entre la Casa Blanca de Trump y el gobierno de Pedro Sánchez están especialmente tensas. No sólo porque España se resista a elevar hasta el 5% del PIB su gasto militar tal y como les exige la OTAN y el Pentágono, o porque el gobierno de coalición haya suscrito la causa de Sudáfrica para llevar a Israel a la Corte Penal Internacional. En los últimos meses, en el marco de la ofensiva de Washington y Tel Aviv contra Irán, España ha llegado a denegar su permiso para que se usen las bases de Rota y Morón en estos ataques, un hecho inédito que ha hecho que la administración Trump ponga el grito en el cielo.
Hay que recordar que Marruecos se postula para albergar bases norteamericanas, que su cooperación y comercio militar y de inteligencia (mediante el programa Pegasus) con Israel se ha multiplicado en los últimos años, y que Mohamed VI se esfuerza en mostrar su pleitesía hacia EEUU con todo tipo de gestos, por ejemplo poniendo el nombre de Trump a una autopista que conecta Marruecos con el Sáhara Occidental.

