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De jetas que andan sueltos y otras quitas bancarias en suelo patrio

El adelanto electoral en Grecia va a echar gasolina en 2015 al polvorín que sigue siendo la enferma economía de europea, sostenida por las compras a granel de deuda pública por el Banco Central Europeo. La potencial victoria de Syriza y la supuesta amenaza de que el radical grupo izquierdista reclamará la enésima renegociación de la deuda helena van a generar una nueva fase de incertidumbre como no se veía desde mediados de 2012. Todo porque el líder del Podemos griego dijo un día que exigiría una quita a los acreedores o, de lo contrario, dejaría de pagar.

La palabra de marras, quita, se ha convertido en un elemento demoniaco porque los partidos de derechas la utilizan para desprestigiar las ideas de las nuevas agrupaciones de izquierdas. El caso de España es un buen ejemplo cuando se oye a esos ilustres de la calle Génova poner a caer de un burro las promesas electorales de los colegas de Pablo Iglesias. Pero la realidad es que son los más liberales los que se han agarrado al citado vocablo para arreglar más de un entuerto.

¿Qué hizo Rajoy nada más llegar a la Moncloa en 2012? Quitarle la paga extra de Navidad a 2,7 millones de funcionarios, a los que todavía no les ha reembolsado la tela. No había pasta.

¿Qué es lo que ha pedido el Gobierno del PP a la banca -Santander, BBVA, Caixabank, Bankia, Sabadell y Popular, para salvar de la liquidación a las concesionarias de ocho autopistas españolas que dejaron de pagar una deuda que asciende a 5.000 millones de euros? Exacto. Una quita ni más ni menos que del 50%, más un aplazamiento a 30 años de la otra mitad a cambio de unos bonos del Tesoro con una rentabilidad del 1%.

¿Qué es lo que acaba de hacer Cristobal Montoro con las comunidades autónomas que estando en quiebra técnica no podían hacer frente a los intereses de préstamos concedidos años atrás por el propio Estado a través del conocido como Fondo de Liquidez Autonómico? Correcto. Perdonar los intereses o, lo que es lo mismo, una quita de la deuda que va contra el bolsillo de todos los españoles.

Los ejemplos se pueden extender también a las empresas privadas que estando en una situación de no retorno han recibido en los últimos meses una condenación de sus pasivos. El año 2014 ha sido prolijo en compañías históricas que, al borde del abismo del concurso de acreedores o de la liquidación, han sido salvadas por la campana.

Los casos son muy variados. Uno de ellos fue FCC y sus hasta hace bien pocos máximos accionistas, la familia Koplowitz. La constructora, después de refinanciar deuda por 5.000 millones en marzo, pidió a finales del ejercicio una quita del 15% sobre uno de los tramos del préstamo sindicado. La banca, a sabiendas que la histórica sociedad no podía pagar, decidió condonarle más de 200 millones. Lo mismo hicieron BBVA y Bankia con la fortuna personal del apellido de rancio abolengo, al que le han condonado hasta las buenas tardes hasta 2019.

Algo similar pasó con Sacyr y su filial inmobiliaria, Vallehermoso, que finalmente ha ido a parar al cajón de sastre de la Sareb, el banco malo que usted y yo pagamos mes a mes sin consentimiento previo, gracias a una de estas soluciones brillantes que los muchachos de Luis de Guindos y compañía se inventaron para sacarnos de la crisis. Porque como dice Rajoy, que inaugura carreteras sin terminar a lo Álvarez Cascos, eso ya es cosa del pasado.

El listado es muy largo con empresas muy conocidas como Cementos Portland, la cadena de congelados La Sirena, la de moda Blanco, la juguetera Famosa, el grupo de juego Codere, NH Hoteles, Inmobiliaria Colonial, Pescanova o más recientemente Constructora San José y Martinsa. El caso de la inmobiliaria de Fernando Martín es quizás el súmmum de las quitas porque el que fuera presidente temporal del Real Madrid ha pedido un perdón de miles de millones para salvar una compañía que es un cadáver desde mediados de 2008.

Lejos de ir a la liquidación ordenada como exigiría cualquier manual básico de finanzas, el aprendiz de empresario sigue vendiendo una moto con alas a una banca que, aunque no traga con tanto truco de magia, se resiste a meterse una indigestión de 7.000 millones de euros entre pecho y balance. El vallisoletano, que llegó a declararse en suspensión de pagos como persona física pese haberse forrado durante el boom del ladrillo -¿dónde tendrá ese dinerito?-, sabe que sus acreedores tampoco están por la labor de llevárselo por delante porque los primeros perjudicados serían ellos mismos. En consecuencia, la única solución será una quita histórica mientras él sigue ganando 1,6 millones al año como premio por su gestión. Con un par.

Dejar de pagar nunca es motivo de ejemplaridad, ni el mejor camino, ni ningún buen consejo. Y menos proponerlo como idea base de un programa electoral en plan amenaza. Como decía el sindicalista Lula da Silva, el histórico presidente de Brasil, si no pago, no puedo gobernar; me mandan hacer lo que más les interesa a los que debo. Y saben aquello del que paga descansa y el que cobra, más. Pero que los hipócritas no se rasguen las vestiduras con la palabrita porque en España ya se han hecho muchas quitas y nos han quitado mucho sin pedir permiso. ¿O a algunos de los que están leyendo no le han bajado el sueldo a cambio de mantener su puesto de trabajo? Si eso no es una quita…

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