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De Guindos consigue el fin del rescate a cambio de mayor supervisión

No se puede poner la menor objeción al éxito conseguido por Luis de Guindos en Luxemburgo. La redacción del comunicado oficial del Eurogrupo apoyando la decisión del Gobierno de no pedir más ayuda al Mecanismo Europeo de Estabilidad deja claro que España no necesitará más ayuda para rescatar a la banca cuando expire la vigencia del rescate actual en el próximo mes de enero. Luis de Guindos no pudo esperar a que el Consejo y la Comisión dieran a conocer los resultados de la reunión. Se adelantó a Dijssembloem y Rehn, el presidente del Eurogrupo y el vicepresidente de la Comisión, para dejar claro que también él había participado en la decisión.

Así, nada más finalizar la reunión de los ministros del Eurogrupo, De Guindos confirmó lo que ya había sido más que anticipado por todos: «Hemos acordado en el Eurogrupo que cuando el programa expire a principios de enero, se acaba». Es lo que dice con claridad y mejor sintaxis el segundo párrafo del comunicado oficial del Eurogrupo donde puede leerse que «apoyamos plenamente la decisión de España de no pedir ninguna asistencia financiera adicional a la del ESM cuando finalice el programa en enero del 2014».

Fueron los argumentos del presidente del Eurogrupo y ministro de Finanzas holandés, Jeroen Dijsselbloem, quien vino a repartirse la lectura del comunicado con el vicepresidente de la Comisión, Olli Renh. Así, en la rueda de prensa posterior al consejo de ministros, el holandés leía que «respaldamos plenamente la decisión de España para una salida limpia del programa. Gracias a éste, también ha sido fortalecida los bancos españoles son ahora más fuertes, más solventes y la regulación supervisora». La verdad es que el holandés lo dijo con tal falta de entusiasmo que más parecía la lectura de un comunicado fúnebre que el anuncio de una gran noticia, como la había calificado su colega De Guindos.

Inmediatamente después, tras añadir que España está haciendo avances significativos en su agenda de reformas estructurales, en línea con las recomendaciones específicas realizadas desde Bruselas, Dijssembloem volvía a pedir a los políticos españoles que continúen con la aplicación de medidas rigurosas. El objetivo para la Unión Europea es normalizar la situación económica, controlar el déficit, mejorar las altas tasas de desempleo y la vulnerabilidad que supone el todavía elevado nivel de deuda privada externa. Que no es poco.

Para Olli Rhen quedó la lectura de las alabanzas al comportamiento cívico de los ciudadanos en circunstancias tan difíciles y a la consolidación del sistema financiero que se ve reflejado en la mejora de la capitalización de las entidades financieras y a su capacidad de resistencia.

El más eufórico era De Guindos. Sabía que se jugaba mucho en este envite político. Por eso declaraba a las cámaras de televisión que «lo más relevante es la opinión de que en estos momentos el sistema bancario español es mucho más sólido, solvente, firme de lo que era hace un año y medio, y que además se han cumplido todos los pasos que se habían comprometido».

Aunque existe consenso entre los analistas de que se trata de una decisión muy favorable a España, tiene sus contrapartidas. La primera de ellas es que España no va a quedar al margen del control político durante mucho tiempo. En concreto hasta que no devuelva el 75 % de las ayudas. Mientras tanto, como mínimo dos veces al año el Mecanismo Europeo de Estabilidad analizará la capacidad española para devolver el crédito. Cuenta con un máximo de 15 años para hacerlo y dadas las condiciones ventajosas de los tipos de interés no debería tener que apresurarse, salvo que quiera quitarse de encima el hálito de los hombres de negro de Bruselas.

Pero la principal queja que se oye ahora entre los economistas es el altísimo precio que habrá que pagar en términos de competencia. Esta prácticamente ha desaparecido. Las tres principales entidades financieras españolas controlan casi el 70 % del crédito, lo que en cierta medida explica que siga cayendo la concesión de créditos. No hay competencia y ante la falta de la misma los bancos han constituido de hecho un oligopolio. O aceptas las condiciones, por onerosas que estas sean, o no hay crédito. El presidente del BBVA lo dice de otra forma. Tenemos dinero. Si no damos más crédito es porque no nos lo piden clientes solventes.

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