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Cuidado con confiarse demasiado con la salida de Grecia

La eurozona vuelve a jugar con fuego griego. Se sugiere que, a diferencia de 2011 y 2012, en la actualidad la región es lo suficientemente fuerte como para soportar una salida de Grecia del euro. Es una idea peligrosa.

Las elecciones en Grecia, que se celebrarán el 25 de enero, se pintan como un nuevo referéndum sobre la permanencia del país en la moneda única. Esto probablemente exagere los riesgos: el partido de izquierdas Syriza, que lidera los sondeos, no hace campaña a favor de la salida y una mayoría de los votantes griegos quiere permanecer en el euro. Pero una victoria de Syriza, que quiere que se relaje la deuda de Atenas, dará lugar a negociaciones complicadas con el resto de Europa. Si esas negociaciones alcanzan un punto muerto, los acontecimientos aún podrían conspirar para sacar a Grecia del euro.

No hay duda de que hay pocos signos de preocupación en los mercados financieros en torno a este riesgo, lo que contrasta claramente con debates previos sobre una «Grexit». Los bonos helenos se han colapsado, pero la rentabilidad a diez años de Italia y España se mantiene muy por debajo del 2%; en el caso de Portugal, ha bajado del 2,5%. El contagio es notable por su ausencia. Pero el descenso de los rendimientos responde a la perspectiva de que el Banco Central Europeo compre bonos gubernamentales de la eurozona, algo que es mucho más probable que una salida de Grecia.

Sí, la situación de la eurozona es más sólida que hace tres años. Países como España, Portugal e Irlanda han intervenido para abordar sus problemas, y cortafuegos como el Mecanismo Europeo de Estabilidad, el vehículo de rescate de la eurozona, ya están en vigor. La reestructuración de la deuda griega en 2012 implica que una salida o un impago no suponen una amenaza para el sistema bancario europeo; la mayor parte de la deuda griega está en manos en la actualidad de gobiernos de la eurozona y del Fondo Monetario Internacional.

Pero una salida de Grecia seguiría planteando amenazas importantes para el euro a largo plazo. Un principio fundamental del BCE es que el euro es irreversible. La promesa del presidente del BCE, Mario Draghi, de comprar bonos gubernamentales, si llegase a hacer falta, a través del programa de Operaciones Monetarias Directas se basaba de la idea de que los inversores tenían miedos irracionales sobre un colapso del euro. Una salida destruiría estos cimientos: se sentaría un precedente. Si un país puede marcharse, también pueden hacerlo otros.

Y aunque el marco institucional de la eurozona es más sólido que antes, no está ni mucho menos completo. La voluntad política ha mantenido hasta el momento la moneda única intacta, pero están ganando apoyos nuevos partidos que desafían la ortodoxia de las políticas europeas. Los países «tienen que estar mejor dentro [de la unión monetaria] de lo que lo estarían fuera», señala Draghi. Sin embargo, la economía de Italia apenas es mayor en términos reales en la actualidad que en 2000. El desempleo supera el 10% en nueve países de la eurozona.

Puede que los mercados se estén tomando con calma el riesgo de Grecia por ahora –aún quedan tres semanas para las elecciones. Pero contar con que esto prosiga así sería confiarse demasiado.

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