Literatura

Cuentos de Fuste

La reciente conmemoración del bicentenario de Poe -creador de los relatos policial, de terror y fantástico, y maestro reconocido y reivindicado por todos lo grandes cuentistas posteriores, de Maupassant a Borges- ha impulsado a las principales revistas literarias y suplementos culturales del paí­s a abordar la situación del relato corto y el cuento en el momento actual, sobre todo en el ámbito narrativo peninsular. El diagnóstico general -y acertado- es que el momento es “bueno” y prometedor. Y para que puedan corroborarlo ustedes mismos, ahí­ va una triple recomendación.

Quizá el cuentista más "esecializado", de técnica más depurada y que con más ingenio es capaz de captar con menos palabras una situación endemoniadamente compleja, sea el catalán Qim Monzó, del que Vila-Matas ha dicho más de una vez que, si en vez de haber nacido en Barcelona, hubiera nacido en Nueva York, sería sin duda uno de los escritores mejor considerados del panorama literario mundial. Quim Monzó escribe en catalán, pero su condición bilingüe le permite ser el traductor de sus obras a un espléndido castellano. De sus muchos libros de cuentos -también ha escrito alguna novela- el que nos ofrece un panorama más completo y diverso de su enorme repertorio narrativo es "Ochenta y seis cuentos", editado por Anagrama, una verdadera antología de un virtuoso del género . Fernando Aramburu , nacido en San Sebastián en 1959, aunque ya había hecho alguna incursión en el terreno de la narrativa breve, hasta 2006 podía considerársele básicamente un novelista. Pero con la publicación de "Los peces de la amargura" demostró que había alcanzado una madurez cercana a la maestría en el arte de condensar en muy pocas páginas un aspecto peliagudo de la realidad y a componer con varios relatos un verdadero cuadro complejo y hondo del mundo. La visión que es capaz de transmitir sobre los años de plomo en Euskadi y el fascismo cotidiano imperante en la sociedad vasca no tiene parangón. Con una delicadeza y emoción contenida, Aramburu mete el bisturí hasta el fondo y nos descubre los pozos de dolor y angustia de unas víctimas a las que durante decenios se las trató de borrar e, incluso, de convertir en "verdugos". Editado por Tusquets en 2006, el libro de Aramburu se resiste a morir y aguanta, con el mismo valor con que fue escrito, en los estantes y mesas de unas librerías saturadas de novedades. Pero quizá el mayor "boom" de estos últimos años en el campo del relato breve sea el protagonizado por "Si te comes un limón sin hacer muecas", de Sergi Pàmies, nacido circunstancialmente en París en 1960 (su padre era un dirigente del PSUC exiliado), que escribe en catalán y que, como Quim Monzó, se traduce él mismo al castellano. Los veinte relatos breves, brevísimos, del libro destilan tal sutileza, ironía y ambigüedad, que el lector no sabe si reír o llorar ante las dificultades sobrevenidas a unos personajes vulnerables, esclavos de unas circunstancias que, como los limones, tienen el poder contradictorio de ser ácidas y refrescantes al mismo tiempo. Tirando del hilo de situaciones aparentemente intrascendentes o anécdotas cotidianas mínimas, Pàmies logra en muy pocas frases desarrollar la situación hasta el drama, la explosión o el absurdo. La primera lectura divierte, conmueve, aterra o extraña. La segunda demuestra que estos relatos son aún más hondos que cortos y que Pàmies atesora un enorme talento literario.

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