La Nuit Debout, el '15 francés' toma fuerza y se extiende

Crónica de la noche en pie

Todo ha empezado con el proyecto de Reforma Laboral de la Ministra de Trabajo Myriam El Khomri. La “Ley El Khomri” es una especie de bomba polí­tica que parece casi diseñada a posta para generar una contestación masiva en las calles y dar a la juventud francesa el pretexto cí­clico para formarse en la rebelión ciudadana, que ya va haciendo tiempo de las movilizaciones estudiantiles de 2006 y 2008, cuando muchos de los estudiantes de hoy “en Francia los institutos son foco de movilización casi tanto como las universidades- apenas tení­an uso de razón.

A pesar de la insistencia del Gobierno en que la Ley pasará, muchos de sus contenidos la hacen poco menos que inverosímil: rebaja drástica de las indemnizaciones por despido improcedente, posibilidades de rebajar la remuneración de las horas extras, facilidades para calcular el tiempo trabajado en días, en lugar de en semanas, supresión del derecho a la baja de un día por fallecimiento o enfermedad de un allegado, posibilidad para la empresa de fragmentar las 11 horas de reposo mínimo…El torrente de energía del movimiento de la Nuit Debout permiten propagar la movilización al extrarradio parisino, a Francia y a toda Europa”

Esta agresividad hace pensar en un farol provisional, una puja inicial para tomarle la temperatura a la población, cuya mayoría social de izquierdas y contestataria ha perdido el eco en una sociedad francesa aturdida entre los discursos identitarios y las presiones cada vez más fuertes por mermar su Estado del bienestar.

Y es que es muy recurrente en los medios franceses encontrar noticias que van desde el desprestigio puro y simple de instituciones sociales como la vivienda pública, a la autocrítica reaccionaria de la excepción francesa, en una campaña ideológica por goteo, que intenta asociar el igualitarismo francés y el Estado del bienestar a una especie de chovinismo inmovilista y estancado frente al envidiable dinamismo de los venerados países anglosajones y, sobre todo, del vecino alemán.

Rompiendo con ello, el movimiento contra la Reforma Laboral, todavía en sus primeros balbuceos, ha llevado así a los manifestantes parisinos a reunirse en la Plaza de la República hasta bien entrada la noche, siguiendo naturalmente, como ya lo hicieron en Nueva York, la brecha abierta por la Puerta del Sol. El programa de actividades es cada vez más amplio, y nombres destacados de la izquierda francesa y europea, como Frédérick Lordon, firmante del Manifiesto de los Economistas Aterrados, o Yanis Varufakis, han venido a hablar a la Plaza. Parece claro que se espera mucho de este movimiento. De momento, algunos artículos de la polémica ley ya han sido modificados.

La Place de la République, parece un nombre perfecto para la sede de una asamblea ciudadana en una ciudad donde es difícil hacer nada sin seguir el trazado urbano de alguna rebelión histórica u otra, ya sea del s. XX, del XIX o de justo antes. Sin ir más lejos (nunca mejor dicho), la Plaza está a apenas un kilómetro de la atentada sede de Charlie Hebdo, así como del Bataclán y de las varias terrazas acribilladas del año pasado. Y en París los símbolos cuentan. Entre esto, la atención (pequeña pero, de momento, no muy malevolente) de los medios, y el entusiasmo de una Europa (no toda) deseosa de articular un sonoro BASTA desde alguno de sus centros geográficos de decisión, el movimiento Nuit Debout (Noche en pie), tiene una buena bomba de oxígeno para constituirse en algo sólido.

Y este parece el mayor reto. A la reforma laboral se le añaden ahora la situación de los Sin Papeles, la Tasa Tobin, el cambio climático, el sexismo, la reestructuración urbana, la guerra, el sistema carcelario, etc. Pareciera que la Ley El Khomri haya abierto una caja de Pandora de todos los problemas sociales, y el propósito del movimiento ha resultado ser, precisamente, el de la unificación de los propósitos, la llamada Convergencia de las Luchas.

Si bien Francia sigue siendo un país de huelgas cotidianas, porque sus habitantes (estén a favor de ellas o no, sean de derechas o de izquierdas) tienen claro en todo caso que la huelga es un instrumento de presión real, y la idea de que movilizarse es inútil es más bien marginal, uno de los grandes logros de la oligarquía francesa en las últimas décadas fue, en boca de Sarkozy, que hoy las huelgas se den por sectores y nunca simultáneamente.

Por ello, quizás, el movimiento acierta en afrontar directamente el primer problema con el que se ha encontrado: la pluralidad, la atomización y la insolidaridad de las luchas. De ahí una agenda frenética de actividades simultáneas, de encuentros, conferencias, discusiones, proyecciones, sobre temas generales o particulares, actividades que van desde cursos rápidos de derecho hasta manifestaciones ante oficinas del Pôle-Emploi (el INEM francés), sin olvidar la Asamblea General diaria.

El riesgo de que el movimiento sea recuperado o reconducido desde arriba, que siempre acechará, no parece, por el momento, muy grande. La materialidad de las luchas, la indignación de la juventud formada y precaria en el centro de todas, y el esquema cada vez más arraigado y consensual -y bastante acertado-, del 99% frente al 1%, hacen que nos encontremos lejos de la humareda fútil -por no decir algo peor- en que quedó Mayo del 68. Aun así, habrá que estar ojo avizor. Tampoco hay que descartar la posibilidad de que las autoridades acaben con la ocupación de la plaza a golpe de porra indiscriminada, lacrimógeno, arrestos y multazos, cosas todas casi tan banales en Francia como las huelgas. Aunque ello tendría cierto coste político, la coartada que da el estado de emergencia, aún en vigor desde los atentados,

no es poca.

Lo claro es que el torrente de energía y la capacidad de coordinación que exhibe el movimiento de la Nuit Debout permiten creer en la tarea, también asumida, de propagar la movilización al denostado extrarradio parisino, a Francia y a toda Europa. Y nos emplaza a recoger el testigo y darle un eco ensordecedor el próximo 15-M, fecha bien escogida para convocar una ocupación masiva de las plazas de todo el mundo.

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