La retirada de estatuas de Colon y símbolos españoles en EEUU

¿Contra los genocidios del siglo XVI?

Cuando se concentra toda la atención en genocidios e imperios de hace cinco siglos, y que ya no existen, se oculta a los que siguen vivos y en activo.

La ciudad norteamericana de Los Angeles ha retirado la estatua dedicada a Cristóbal Colon, ubicada en uno de los parques centrales de la ciudad, bajo el argumento de que simbolizaba “un capítulo machado de sangre de la historia”. Ya en enero de este año se había cambiado el nombre de la fiesta llamada “Día de Cristóbal Colon”, afirmando que “no hay que celebrar al responsable de un genocidio”.

No es un movimiento local. Más de 50 ciudades norteamericanas, de Austin a San Francisco, han dejado de celebrar el “Columbus Day” para conmemorar el “Día del Pueblo Indígena”.

Tampoco se limita a la figura de Colon, sino que se extiende a todo lo que esté vinculado a la presencia española. Como el intento por eliminar en Los Angeles los monumentos dedicados a Fray Junípero Serra, que evangelizó California a finales del siglo XVIII.

¿Se trata de un movimiento que busca condenar las masacres perpetradas contra los pueblos indígenas en América? Si fuera así debería denunciar todos los casos. Pero, por el contrario, nos encontramos con escandalosas y selectivas lagunas.

Los mismos grupos que exigen la retirada de la estatua de Colón no han realizado acción alguna para impedir que una de las principales avenidas de Los Angeles homenajee al general Custer, emblema del exterminio de los pueblos indios en EEUU y convertido, gracias al poder de la propaganda de Hoollywood, en icono mundial.

Porque en California sí se ejecuto un abyecto genocidio contra la población indígena. Pero las órdenes para ejecutarlo no se dieron en castellano sino en inglés. Se produjo bien entrado el siglo XIX, cuando ya como territorio norteamericano se desató la “fiebre del oro”. Fue entonces cuando, en solo 20 años, a partir de 1849, desapareció -es decir fueron exterminados- el 80% de toda la población indígena de California.

Pero, sorprendentemente, estos hechos, absolutamente documentados, no son señalados por ninguna campaña de denuncia contra “el genocidio americano”.

En EEUU se exterminó a los pueblos indios. No fue una consecuencia de la explotación económica o de la dominación política. Se planificó conscientemente y se ejecutó de forma fría. Para desarrollar el capitalismo en América del Norte había que liquidar físicamente a los indios. Y se hizo. Primero por parte de los ingleses, luego por obra de los EEUU independientes. De una población de 12 millones indios apenas quedaron 2,5 millones, la mayoría recluidos en reservas diseñadas para que fueran muriendo poco a poco.“Sorprendentemente, el exterminio de los indios norteamericanos no forma parte de las actuales denuncias contra “el genocidio de los pueblos indígenas””

Si Los Angeles quiere de verdad revisar su historia de forma honrada, debería empezar por preguntarse por qué forma parte de EEUU. No fue un proceso “natural”. Fue impuesto por la fuerza, gracias a una invasión y ocupación militar, donde EEUU arrebató a México el 55% de su territorio, que pasaron a conformar los actuales Estados norteamericanos de Texas, Arizona, California, Nevada, Utha, Nuevo México y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma.

Así nació EEUU, exterminando a los indios y robando a México más de la mitad de su territorio. Y lo hizo enarbolando un fanatismo religioso con el que siempre se identifica a España, pero nunca a EEUU. Lo formuló el periodista John L. O´Sullivan en 1845, en un artículo titulado “Anexión”, para lanzar la guerra contra México, afirmando que “el cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino”.

EEUU es un imperio “por la gracia de Dios”, es el “pueblo elegido” que debe dominar a los demás. Este fanático trasfondo ideológico está inscrito en el ADN del “moderno” imperio norteamericano.

La culpa de lo vuestro la tiene Felipe II

El nuevo rebrote en la condena del “genocidio español en América” no es casual. Carmen Sanz Ayán, miembro de la de la Academia de Historia, afirma que “era esperable”, pues “es una corriente que procede desde hace tiempo de algunos departamentos de universidades norteamericanas”.

Y constituye un vector estratégico de la propaganda de la superpotencia. A mediados de los años setenta del siglo pasado, una comisión del Congreso norteamericano, encabezada por Henry Kissinger, estudió “las causas del atraso de Latinoamérica”. Llegando a la conclusión de que “son consecuencia de la herencia de la colonización española”.

El cerebro del golpe de Pinochet, Kissinger, afirmando que los problemas actuales del mundo hispano… son culpa de Felipe II.

En la ceremonia de la retirada de la estatua de Colon en Los Angeles la NBC, uno de los grandes monopolios de la información, difundió uno de los discursos donde se afirmaba que era necesario combatir “la visión romántica de la expansión de los imperios europeos y la explotación de los recursos naturales y los seres humanos”.

Hace ya mucho tiempo que el imperio que explota Hispanoamérica no es europeo, y el grito que resuena en todo el continente no es otro que el de “¡Yankees go home!”.“La “revisión histórica” culpando a la colonización española de los males de Hispanoamérica fue impulsada en los 70 por Kissinger o ahora por universidades norteamericanas”

No se trata de difundir una visión edulcorada de la conquista española. Fue evidentemente un episodio violento. Pero somos los pueblos hispanos los que deberemos ajustar cuentas con ello. Y no aceptar la enajenación de nuestra identidad difundida desde el imperio del norte.

Hubo explotación económica en la conquista española. Pero cuando se independizaron, en el primer cuarto del siglo XIX, las nuevas repúblicas hispanas tenían una renta per cápita similar a la norteamericana. La actual postración no es “culpa de Felipe II” sino de más de un siglo de dominación norteamericana.

Quien amputó México, ocupó Cuba o Puerto Rico, desgajó Panamá de Colombia, extendió golpes militares y regímenes fascistas por todo el continente, diseño nuevos genocidios como el perpetrado en Guatemala, extendió un sistemático saqueo de las riquezas… no fue un imperio español ya desaparecido.

Hay poderosos sectores en EEUU que tienen la hispanidad en el punto de mira. Porque la unidad de los pueblos hispanos es una amenaza que ya está cuestionando su poder en el continente. Y porque, incluso dentro de EEUU, lo hispano se ha convertido en una fuerza al alza que Trump combate desde la Casa Blanca.

Revisemos nuestra historia, pero no aceptemos guiones ajenos escritos por quien utiliza la historia para justificar y ocultar un dominio demasiado actual.

Un comentario sobre “¿Contra los genocidios del siglo XVI?”

  • PURITANOS SUPREMACISTAS dice:

    El presbiterianismo de los pioneers, creyente en su supremacía por pertenencia a los israelitas y en concreto a la tribu de Daniel, no dejó indígena vivo. No reconocían ni alma ni categoría humana a los indígenas, mientras que el mundo católico había acabo definitivamente con la idea pagana de ausencia de alma desde que el Imperio Romano se cristianiza y reconoce la igualdad de las almas ante Dios (que no es lo mismo que igualdad de funciones en el Mundo).

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