Entrevista al poeta Juan Antonio González Iglesias

Confiado

Hace ocho años ya escribió Luis Antonio de Villena: “es uno de los más destacados poetas españoles de hoy. Profesor de latí­n en la Universidad de Salamanca y traductor de Ovidio y Catulo, su poesí­a, luminosamente optimista y amorosa, conjuga con voz personalí­sima la tradición clásica y el mundo contemporáneo”. Recientemente ha ganado el XXXVI Premio Internacional de Poesí­a “Ciudad Autónoma de Melilla” por su úlitma obra “Confiado”. Según Luis Antonio de Villena: “la calidad del verso, indiscutible, y su voz propia”. Juan Antonio González Iglesias nació en Salamanca en 1964, estudió en Salamanca, Florencia y Parí­s. Es profesor de filologí­a clásica en la Universidad de Salamanca y ha sido colaborador literario en ABC y El Paí­s. Ha traducido obras de Ovidio, Catulo, Horacio y Stendhal, entre otros. Ha publicado once obras poéticas, que están incluidas además en numerosas antologí­as, y ha sido traducido a cinco idiomas.

Felicidades en primer lugar por el Premio “Ciudad de Melilla”. Luis Antonio de Villena viene recomendando tu obra como la de uno de los mejores poetas españoles, y dice que tu estilo tiene “voz propia”. ¿Por qué combinas cultismos con argot, y en qué cocina particular has construido ese estilo?

Bueno, primero agradecerte la felicitación y agradecerle públicamente a Luis Antonio, y casi privadamente, porque me siento conmovido de que me recomiende, que hable de mi y diga esas cosas bonitas. Hace tiempo que no hablo con él. Se lo diré en privado pero me gusta que sea público porque es uno de mis maestros y uno de los que han configurado, aunque por un camino muy distinto, este estilo. A escribir se aprende leyendo y yo lo he leído mucho a él.

No hay cocina, yo hablo así y escribo así. Y sospecho que muchos de nosotros somos así. Vivimos la alta cultura pero somos gente de la calle que vive sin renunciar a nuestra lectura, nuestra música y nuestro cine. La época también permite estas mezclas. Hay algunos clásicos que a mi me han interesado mucho, como Quevedo, que fue capaz de sonetos de amor sublime y religioso y, al mismo tiempo, sonetos burlescos y satíricos, aunque es verdad que no todo en el mismo poema. He ido consiguiendo en la poesía decir las mismas cosas que cuando hablo, aunque muy formalizado, claro. Esa cocina o ese taller creo que consiste en relajarse y dejar que las palabras salgan.

¿Cuál es el peso que le das al mundo literario, al contacto con otros poetas, o a la vida a la hora de escribir?

Al mundo literario ningún peso. No estoy en él, como Cristo que dice: “mi reino no es de este mundo”. Mi pequeño reino, que es minúsculo pero no es del literario. Mi relación con poetas es extraliteraria, es decir, son amigos míos, personas a las que quiero. Me gusta mucho el trato con personas maravillosas, y en el mundo literario hay algunos y me encantan. Pero el mundo literario lo frecuento lo mínimo posible. Hay un mínimo que por cortesía y humanidad cumplo, porque no soy ningún antipático. Muchas veces me lo paso bien pero no estoy en él, ni me entero de lo malo, ni de lo bueno. “Mi pequeño reino no es el literario”

Participo de la idea, que no es mía sino que está muy extendida, de que literatura y poesía son distintas y, en algunos casos, antagónicas. Si yo tuviera las servidumbres literarias, a parte de las que ya tengo, creo que se notaría en mi poesía. Creo que se empieza a notar la poesía de alguien que anda un poco despistado y a su aire, en el peor y en el mejor sentido.

A la vida le doy la máxima importancia. Es la tarea fundamental de un poeta y lo dicen todos los poetas a los que admiro. Si puedo dormir, nadar, follar o ir al cine… lo pongo por delante de cualquier cena literaria. Y otra cosa es que comparta una cena con otros amigos o hermanos poetas. Es el mundillo literario, que se merece el diminutivo, el que tiene esa parte de mal que tiene el mundo.

¿Es la poesía una personalización de temas universales, el amor, la soledad, la muerte, la vida….?

Absolutamente sí. Le daría muchas vueltas, pero un monosílabo rotundo es sí. Aunque es verdad que la paradoja que tú mismo apuntas es curiosa, porque al mismo tiempo que se sella de una manera muy personal el lenguaje, los poetas acaban dejando que el logos con mayúsculas vaya según las épocas o los idiomas, pero los temas son seis o siete y no más. Y, como lectores, necesitamos que en cada época nos los digan nuestros poetas, que nos lo recuerden. Como mucho y modestamente, un poeta consigue recordar a sus contemporáneos lo que ya estaba dicho.

“La felicidad implica la flexibilidad”, ¿podrías explicarlo?

Rotundamente “no” a que no sé explicarlo bien, aunque llevo tiempo dándole vueltas y puedo intentarlo. Son cosas muy básicas, lo que pasa es que ahora nos lo explican gente que viene de la ciencia, psiquiatras, psicólogos o médicos, pero nadie lo ha dicho mejor que los filósofos, y nos faltan poetas y filósofos en nuestro horizonte. Flexibilidad es tener la capacidad de aceptación de lo inevitable, por una parte, pero también de imaginación, audacia y creatividad. Pero no solo en el orden artístico, sino con la vida misma. Se trata de hacer de la vida una obra de arte, pero sin ser pretensiosos. Está vinculado a fijar unos límites como cuando un pintor elige el tamaño del lienzo.

“Sin poesía, sin filosofía, no hay democracia”, pero no hacen más que perder peso en nuestra educación…

Sin ciudadanos no formados poéticamente, filosófica e históricamente, no existe la democracia griega. Hay esta cosa de ahora, pero que son muy sospechosas. Hay demagogias, dictaduras encubiertas, pero muy pocas democracias.

Si no se conoce la historia, la capacidad de razonar filosóficamente, y la finura última que aporta la poesía, la creatividad, la sensibilidad, la capacidad de empatía con el otro, no es posible la democracia, si no se vuelve una lucha de egoísmos tribales.

La poesía en español ha estado siempre destacada por encima de cualquier otra, ¿sigue siendo esto así?

Permíteme que te conteste como poeta. En la Universidad de Salamanca hicimos el artículo en catalán, unos alumnos míos, de un gran poeta barcelonés, Jorge Folch, en wikipedia. Fue un poeta que escribía en castellano, de la generación de Gil de Biedma y Carlos Barral, que ha despertado una enorme pasión en mis alumnos…“Deberíamos ser más griegos y romanos”

Volviendo a tu pregunta, creo que esa unión de Latinoamérica con España sí funciona en lo poético, aunque en lo político esté fragmentada. Luego en algunos países nos superan. En Colombia o en México los pueblos tienen una relación con la poesía más auténtica. Creo que “europeizarnos” de forma “precipitada” nos ha hecho un yo urbano un poco despiadado, un poco cínico, sin ternura. Cuando viene un poeta chileno o mexicano, ellos y sus lectores, son más entusiastas y más sencillos que nosotros.

En tu obra contrasta la modernidad con la necesidad de volver a los clásicos. ¿Hay más libertad en ellos?

Sí, mucha más. Todos tendemos a tener una doble moral, y dicen que sin ella no existe sociedad, pero en el mundo antiguo está reducida al mínimo. Viven con un gran refinamiento urbano, pero son muy naturales y donde el lenguaje lo pueda decir todo, que no haya nada que no se pueda decir.

Primero con las represiones de derechas y luego con las de izquierdas, no solo hay cosas que no se pueden decir, sino que no dejamos que las digan otros. Hay que terminar con esto. Cualquier cosa se puede decir, y si no es buena, se puede combatir y razonablemente superar. No hay que tener miedo. La idea de que algo no se deba decir afecta mucho al orden sexual desde luego, pero realmente a todos. En los últimos años ha retrocedido mucho el lenguaje.

Además de cristianos y judíos, deberíamos también ser más griegos y romanos. Necesitamos más paganismo, de esa manera de vivir que fundó la modernidad.

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