Mujeres y gastronomía sostenible

Con nombre de mujer

Las mujeres alimentan el mundo, ahora y siempre. Y la gastronomía sostenible tiene también hoy rostro femenino

Las mujeres hemos ocupado un papel clave en la alimentación desde siempre y en cada uno de sus eslabones: desde la recolección, el cultivo, la pesca y la ganadería hasta la elaboración, la manipulación y la venta… y, por supuesto, en la salvaguarda de las semillas y en la transmisión del recetario y de las prácticas culinarias.

Las mujeres alimentan el mundo, ahora y siempre.

Paradójicamente, cuando pensamos en referentes, la cosa cambia. En la alta cocina —la de las estrellas— el protagonismo es muy masculino. También lo es la mirada de críticos, periodistas y de todo el sector que promueve las tendencias.

Y es en este mundo, el laboral, el de la producción y el de las cocinas de restaurantes y hoteles, donde la mitad de nosotras estamos relegadas a tareas menos visibles, más cotidianas y con menos relevancia, no solo social sino también económica.

Poner el foco en las mujeres visionarias, emprendedoras y valientes que, con su trabajo, son luz es para mí una deuda con nuestras ancestras y también con las generaciones futuras. Hay que dar voz y presencia pública a estas mujeres que nos demuestran que “otro mundo es posible”.

Hay muchas, en los cinco continentes; cada vez más, más organizadas y más conscientes. Sabemos que dar un paso al frente no es fácil, pero es importante, porque detrás hay generaciones que necesitan convivir en un mundo cada vez más empobrecido debido a las prácticas depredadoras contra la naturaleza: un saqueo sistemático que permite la prosperidad de unos pocos y genera pobreza y crisis ecológica.

Os doy algunas pinceladas:

Dali Nolasco Cruz es una mujer indígena nahua de Tlaola, México, que ha hecho del empoderamiento de las poblaciones, territorios y culturas indígenas a través de la educación el trabajo de su vida. Desde 2017 actúa como coordinadora de la Red de Pueblos Indígenas de Slow Food para América Latina y el Caribe, siendo una de las personas más influyentes del movimiento a nivel mundial.

Elena Reygadas amplía el alcance de la gastronomía al trabajar con productoras locales y promover la formación de jóvenes cocineras, también en México.

La joven chef andina Pía León ha demostrado que la sostenibilidad no es una moda: es memoria y es futuro. Rescata ingredientes nativos, trabaja con comunidades andinas y protege ecosistemas frágiles.

En nuestro país son muchas, cada vez más. La catalana Carme Ruscalleda, que llegó a contar con siete estrellas Michelin, fue pionera en trabajar con producto local y agricultura cercana cuando casi nadie hablaba de impacto ambiental.

La chef madrileña Pepa Muñoz ha sido siempre defensora del producto de proximidad y es muy querida por su labor humanitaria, destacando su participación activa en World Central Kitchen.

En Galicia destacan dos jóvenes cocineras: la chef Lucía Freitas impulsa una cocina de temporada profundamente conectada con pequeñas productoras y con el ecosistema atlántico en Santiago. Y la chef rural Begoña Vázquez, una de las divulgadoras más audaces de Galicia, promueve el movimiento Slow Food.

En Valencia, María José Martínez es una de las voces más potentes de la gastronomía regenerativa. Trabaja la biodiversidad poniendo el énfasis en la apicultura, clave para el equilibrio de los ecosistemas. Begoña Rodrigo es también una de las chefs más reconocidas por su sensibilidad y su máximo respeto al producto local, destacando las verduras, la pesca sostenible y el arroz de nuestros marjales.

La activista e ingeniera agrícola Regina Monsalve es ganadera y firme defensora del patrimonio rural. Trabaja en la recuperación de la oveja guirra (raza autóctona valenciana) y en el impulso del pastoreo tradicional como herramienta de gestión ambiental. También es una gran promotora de organizaciones como Mujeres en Gastronomía y Natuvera, liderando proyectos de I+D+i en el sector primario.

Las chefs María José San Román y Rocío Riquelme, en Alicante, son dos referentes de la sororidad femenina en el sector. Encabezan Mujeres en Gastronomía (MEG), dando visibilidad a nuestras chefs y a los proyectos gastronómicos liderados por mujeres.

La asturiana Lucía Velasco es ganadera trashumante y preside la Asociación de Ganaderas Asturianas. Mantiene la raza Asturiana de los Valles y la cultura vaqueira trashumante, manteniendo vivo el territorio rural.

Lourdes Plana, creadora de la Academia de Gastronomía de Aragón hace 30 años, ha sido clave en la defensa de la cultura gastronómica. Fue la primera mujer en presidir la Real Academia de Gastronomía.

La catalana Maria Nicolau es una de las cocineras y divulgadoras más tenaces en la defensa de la soberanía alimentaria vista desde cada casa. Su enfoque es una llamada de atención a comprar y cocinar como un acto de rebeldía y resistencia. Su libro Cocina o barbarie es absolutamente revolucionario.

Anna Raventós es psicopedagoga y una figura clave en el ámbito educativo del movimiento Slow Food en España. Se desempeña como directora y creadora del programa “Escola amb Projecte Psicoeducatiu Km0”, dentro de Slow Food Educa en Cataluña y España, que cuenta ya con 80 escuelas.

La lógica aplastante que hay tras la mirada de quienes cuidan, crean y protegen hace pensar que se está gestando una revolución para cuidar a la Pachamama y para cuidar de quienes nos cuidan y alimentan.

La gastronomía sostenible tiene hoy un rostro eminentemente femenino. Mujeres que cocinan, investigan, cultivan y narran desde una ética que une biodiversidad, justicia social y memoria alimentaria. Esta nueva generación —y también sus pioneras— ha cambiado la manera en que hoy entendemos el acto de comer.

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