Hace unas semanas, preguntada por si EEUU tenía algo que ver con el bombardeo de una escuela infantil en Minab -donde en un instante fueron masacradas más de 180 niñas iraníes- la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, respondió de manera furiosa al reportero que había osado lanzar tal interrogante. “Quiero decirle de manera muy firme que Estados Unidos no ataca a civiles, a diferencia del régimen deshonesto iraní», dijo al periodista, al que acusó de difundir «propaganda iraní», y al que advirtió de que no volviera a «señalar con el dedo a EEUU”.
Pocos días más tarde la acumulación de hechos se hizo abrumadora. «EEUU es responsable del bombardeo a una escuela en Irán, según una investigación preliminar», titulaba el New York Times. El uso de misiles Tomahawks, que sólo usa el Pentágono, delataba al criminal. Los periodistas volvieron a preguntar, esta vez a Trump, por las evidencias. El presidente norteamericano dijo: «No lo sé, pero tampoco me quitaría el sueño».
Estamos ante una guerra sangrienta, donde a pesar de toda la propaganda de la Casa Blanca de que «sólo se atacan objetivos militares o a miembros del régimen de los ayatolás», tanto EEUU como Israel están mostrando cero escrúpulos -los mismos que ya mostraron en Gaza o en Líbano- para atacar ciudades, plazas y lugares públicos, incluidos hospitales y centros educativos.
En las tres semanas de bombardeos sobre Irán, los ataques de EEUU e Israel han matado al menos a 1.444 personas y causado más de 18.500 heridos, aunque fuentes críticas con los ayatolás en Irán como HRANA (Human Rights Activists in Iran) elevan la cifra a los 3.099 muertos. La gran mayoría son civiles, y de ellos hay más de 200 niños, incluidas las niñas de la escuela primaria Shajarah Tayyebeh en Minab.
En estas tres semanas y de manera combinada, EEUU e Israel han lanzado miles de ataques sobre todo Irán, alcanzando a más de 15.000 objetivos. Pese a la propaganda blanqueadora de Washington y Tel Aviv, que se jactan de lanzar «ataques quirúrgicos» exclusivamente contra objetivos militares o enclaves del régimen, los bombardeos han impactado contra más de 200 ciudades iraníes, destruyendo o causando graves daños en más de 5.500 edificios de viviendas, en más de 1.000 locales comerciales, en hasta 65 escuelas y en 32 centros médicos y sanitarios, como los hospitales Gandhi y Khatam-al-Anbia en Teherán, que fueron golpeados directamente. En algunos casos, se ha reportado la misma táctica que tantas veces Israel ha usado en Gaza: el “double-tap”: bombardear, esperar a que lleguen los equipos de emergencia, y entonces lanzar un segundo ataque para volver a masacrar.
También han sido atacadas plazas públicas, frecuentadas cada día por miles de personas, mezquitas e importantes conjuntos histórico-artísticos de enorme belleza y declarados como lugares de interés o patrimonio de la humanidad por la UNESCO, como la plaza de Naghsh-i Jahan en Isfahán o los palacios monumentales de Golestán o Chehel Sotún.
En total, las autoridades iraníes hablan de más de 42.000 edificios civiles dañados o destruidos por los ataques de EEUU e Israel, una cifra que aumenta constantemente.
Asimismo, también se han reportado ataques a objetivos que buscan maximizar el padecimiento de la población, como bombardeos a plantas desalinizadoras o a un depósito de combustible cercano a Teherán, que generó una enorme nube de denso y negro humo tóxico durante horas, haciendo irrespirable y cancerígeno el aire para los habitantes de la capital.
Todos estos son crímenes de guerra perfectamente tipificados, expresamente prohibidos por la Convención de Ginebra, que vuelven a demostrar que para la Dictadura Hegemonista Mundial de Trump y para su cancerbero sionista, la legalidad internacional sólo es un papel mojado.
No, no estamos ante una «intervención quirúrgica», ante un ataque que sólo va a eliminar a los miembros de alto rango del detestable y tiránico régimen de los ayatolás. Estamos ante una brutal agresión imperialista que se está cebando con la población civil iraní, esa que Washington y sus palmeros dicen querer «liberar».

