SELECCIÓN DE PRENSA NACIONAL

Chipre: episodio III

Tras el histórico patinazo de la Troika aprobando una quita a los depositantes de menos de 100.000 € y un corralito en Chipre, ayer asistimos a una rectificación por teleconferencia. Culparon de todo a los chipriotas en la línea habitual de los líderes europeos de no asumir ninguna responsabilidad de sus decisiones. Da igual quien propusiera la quita, el caso es que el Eurogrupo la aceptó e incumplió varios tratados de la Unión y leyes que ellos mismos han aprobado.

No ha servido de mucho, ya que hoy el Parlamento chipriota ha tumbado la votación. Un Presidente que ha tomado posesión hace tres semanas va a Bruselas y se compromete a algo con sus socios europeos sin apoyo de su Parlamento. La verdad es que el esperpento va en aumento. Toda recuerda a Argentina en 2001 donde el Presidente De la Rua aprobó el corralito, provocó el estallido social y tuvo que salir en helicóptero del país. En 15 días hubo cinco presidentes diferentes en la Casa Rosada. Los bancos permanecieron 100 días cerrados y todo el mundo sabe como acabó el cuento.

En Chipre, los líderes europeos han puesto en marcha un experimento que nadie sabe cómo acabará. Ahora falta saber cuándo abrirán los bancos, si será necesaria protección policial para abrirlos, cuántos depósitos sacarán los chipriotas cuando abran el corralito, si se contagiará a Grecia…………………

En los mercados hay una tensa calma y al final de la sesión europea se masticó la tensión. Las bolsas intensificaban sus caídas al cierre y las primas de riesgo repuntaban con fuerza, especialmente los diferenciales de bonos bancarios. La bolsa española registraba de nuevo la mayor caída de las grandes bolsas europeas, arrastrada por el fuerte descenso de los bancos. El bono español a 10 años rompía la barrera del 5% y la prima de riesgo repuntaba 15 pb hasta 370 pb. El euro rompía a la baja el soporte de 1,29 con el dólar y el franco suizo el 1,22 contra el euro actuando de nuevo de activo refugio.

Demasiada gente se aventura a anticipar que habrá reacción política como ha venido sucediendo hasta ahora. La realidad es que la incertidumbre es máxima y nadie sabe cómo acabará el cuento. Pero de momento este economista observador tiene muy malas vibraciones.

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