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China no representa una amenaza para Estados Unidos

La Fundación Heritage, en su reciente informe “Capacidad de evaluación de los Estados Unidos para proveer la defensa común”, ha utilizado un nuevo sistema de indicadores para medir el nivel de amenaza que los Estados Unidos enfrenta en diferentes partes del mundo y para determinar su preparación para la defensa común junto a sus aliados.

En Asia, explica el informe, a pesar del entorno de seguridad global moderado, existen tres amenazas, constituidas principalmente por el terrorismo en Afganistán y Pakistán, China y la República Popular Democrática de Corea. También señala que todas estas amenazas “se alinean por su comportamiento agresivo”.

China es evaluada de esta maner porque su capacidad de crecimiento continúa y crece su presupuesto de defensa, inversiones que buscan modernizar las fuerzas armadas.

Si fuera cierto que los gastos en defensa de China representan una amenaza para los Estados Unidos, este infantil argumento se puede aplicar también en dirección contraria. Siguiendo esta absurda lógica, los Estados Unidos, cuyo presupuesto militar es igual a la suma de los presupuestos de 14 países, entonces representaría la mayor amenaza para el mundo.

Una amenaza implica capacidad, pero lo más importante que la define es su intencionalidad. Un país sin capacidad suficiente no puede ser una amenaza significativa para otro, pero tampoco es una amenaza un país con capacidad pero sin intención bélica. Bajo este principio de análisis, es necesaria una adecuada comparación entre China y Estados Unidos.

Aunque, a nivel mundial, China tiene el segundo mayor presupuesto de defensa, Estados Unidos invierte alrededor de cuatro veces más que China. Mientras acusan a China de falta de transparencia, los Estados Unidos mantienen recursos de defensa adicionales, más allá de las solicitudes del Pentágono. En términos globales, el gasto de defensa de Estados Unidos en las últimas décadas supera en decenas de veces el gasto chino. Así que China tiene razones suficientes para crecer en defensa, si lo estima necesario y cuando disponga de recursos para hacerlo. Y lo más importante: China tiene su propia evaluación en materia de seguridad de lo que representa una amenaza.

Mientras que Washington acepta la política de una sola China, continúa vendiendo armas a Taiwán. Además, después de “revertir” la jurisdicción de las islas Diaoyu en 1972, Estados Unidos declaró el año pasado que apoyaría a Tokío en la disputa contra Pekín, en nombre del acuerdo de defensa común.

Después de ocupar Irak durante ocho años, Estados Unidos retiró sus tropas sin pedir disculpas o compensar el caos que ha creado en ese país. Mucho menos llevó ante la justicia a quienes diseñaron y ejecutaron semejante inhumano desastre.

Es cierto que Estados Unidos no siempre ha sido una amenaza para el mundo. Pero ahora los Estados Unidos le pasan la mano a Japón, que bajo el primer ministro Shinzo Abe, siguen empeñados en ocultar sus obvios crímenes de guerra.

Estados Unidos no es ejemplo para, desde su tribuna de juez mundial, acusar a China de ser una amenaza. Lo que debería hacer es promover mejores lazos con China y reflexionar sobre su propia conducta y la de sus aliados.

Sólo construyendo un nuevo tipo de relación basada en el respeto mutuo se podrá salvaguardar la paz mundial.

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