China no hará de chivo expiatorio de EEUU

“El Congreso de EEUU sostendrá una audiencia hoy para juzgar si China ha revaluado su moneda acogiéndose a los “requisitos” estadounidenses. El 19 de junio de 2010, el Banco Popular de China (BPCh) anunció un reajuste del yuan, adecuando su tasa a una canasta de divisas. Pero los norteamericanos, impacientes por ver un aumento más rápido en el valor del Renminbi, no parecen felices con la “revaluación lenta”. Por lo tanto, están ejerciendo presión sobre China otra vez, para que ésta revalúe el yuan de nuevo y más rápidamente.”

Lo cierto es que, incluso un aumento del 20 or ciento en el valor del yuan, como han exigido algunos prominentes expertos estadounidenses, no será de gran ayuda a la economía de EEUU. Según un reciente estudio conjunto efectuado por expertos estadounidenses y chinos, que se valieron de un modelo general de equilibrio computacional que cubría las economías principales, una subida del 20 por ciento en el valor del yuan contra el dólar aumentará el nivel de empleo en EEUU de modo marginal (0,16 por ciento). Y elevará el consumo en ese país en apenas 0,2 por ciento, a la vez que impulsará el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en un insignificante 0,16 por ciento. (CHINA DAILY) BREAKING VIEWS.- Las intervenciones de divisas son generalmente vistas como apoyos ante la debilidad o tratamientos de empobrecimiento del vecino por la fuerza. Pero la primera intervención de Japón en seis años para debilitar el yen trata de hacer frente a la persistente deflación y el estancamiento de la tercera economía más grande del mundo y, por lo tanto, es bienvenida. El aumento de la presión política sobre el independiente Banco de Japón refleja asimismo la presión sobre Kan. Ichiro Ozawa desafió su liderazgo sin éxito, pero puso de manifiesto un bando en el gobernante Partido Democrático que exige a Kan hacer más para reactivar la economía. China. China Daily Para una moneda flexible Yao Yang El Congreso de EEUU sostendrá una audiencia hoy para juzgar si China ha revaluado su moneda acogiéndose a los “requisitos” estadounidenses. El 19 de junio de 2010, el Banco Popular de China (BPCh) anunció un reajuste del yuan, adecuando su tasa a una canasta de divisas. Pero los norteamericanos, impacientes por ver un aumento más rápido en el valor del Renminbi, no parecen felices con la “revaluación lenta”. Por lo tanto, están ejerciendo presión sobre China otra vez, para que ésta revalúe el yuan de nuevo y más rápidamente. La nueva ola de presiones no es más que un esfuerzo para hacer de China el chivo expiatorio por el pobre desempeño económico de EEUU. Lo cierto es que, incluso un aumento del 20 por ciento en el valor del yuan, como han exigido algunos prominentes expertos estadounidenses, no será de gran ayuda a la economía de EEUU. Según un reciente estudio conjunto efectuado por expertos estadounidenses y chinos, que se valieron de un modelo general de equilibrio computacional que cubría las economías principales, una subida del 20 por ciento en el valor del yuan contra el dólar aumentará el nivel de empleo en EEUU de modo marginal (0,16 por ciento). Y elevará el consumo en ese país en apenas 0,2 por ciento, a la vez que impulsará el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en un insignificante 0,16 por ciento. En cambio, hará que la balanza comercial de EEUU disminuya en $10.500 millones, porque el efecto de substitución entre las exportaciones chinas y las mercancías hechas en EEUU es muy débil. Pero una subida del 20 por ciento en el valor del yuan lastimará la economía china seriamente. Aunque la balanza comercial sufrirá sólo daños marginales, cayendo en $10.400 millones, lo que constituye una fracción pequeña del superávit comercial total de China, su nivel de empleo y consumo doméstico bajará en 3,03 por ciento, respectivamente, y su PIB caerá en 3,18 por ciento. Así pues, no tiene mucho sentido que EEUU exija una nueva revaluación a gran escala del yuan, a menos que lo que esté procurando sea castigar a China. Y si ése es el caso, es perfectamente razonable que los diseñadores de políticas chinos rechacen firmemente la demanda estadounidense. El mismo estudio también ha detectado que una nueva revaluación gradual del yuan no dañará en gran medida la economía china. Por ejemplo, si el yuan sube en 5 por ciento contra el dólar, el empleo y consumo en China caerán en solamente 0,74 por ciento y 0,57 por ciento, en cada caso, y su PIB declinará en 0,56 por ciento. El más, la balanza comercial mejorará en $3.470 millones. Además, una nueva revaluación moderada del yuan supone ventajas importantes para China, entre las cuales la más significativa será una menor presión inflacionista, incluyendo precios más altos para activos y propiedades inmobiliarias. Una de las leyes fundamentales que rigen el proceso de adaptación de un país al nivel de los países más avanzados es el denominado efecto Balassa-Samuelson. Ideado independientemente por los economistas húngaro Bela Balassa y estadounidense Paul Samuelson a principios de los años 60, el mismo afirma (de modo somero) que la moneda de un país experimentará una revaluación verdadera cuando alcance a los países avanzados en términos de renta per cápita. Así pues, una nueva evaluación verdadera del yuan deberá encarecer las mercancías y activos chinos para los consumidores en el exterior. Esto significa un yuan más costoso, es decir, una nueva revaluación del yuan, o más altos precios para productos y activos chinos, o sea, burbujas inflacionarias y de activos y propiedades inmobiliarias. La burbuja inflacionaria e inmobiliaria no beneficia a nadie. Pero la revaluación del yuan al menos aumenta el poder adquisitivo de los chinos a la hora de adquirir mercancías y servicios foráneos. Por lo tanto, para poder lidiar con el efecto Balassa-Samuelson, China debería decantarse por la revaluación del yuan en lugar de la inflación. Los bonos de esterilización del BPCh ayudan a disminuir las presiones inflacionistas, a la vez que mantienen un valor estable del yuan. Pero esto conlleva ahorros forzados, especialmente cuando la economía recorre un sendero expansionista y los bancos prefieren prestar a la economía verdadera que comprar bonos de esterilización. Los ahorros forzados se convierten en parte del superávit de cuentas corrientes de China y aparecen en última instancia en sus reservas extranjeras oficiales. Esto crearía un círculo vicioso: El BPCh emite bonos de esterilización para estabilizar el valor del yuan, conduciendo a más acumulación de reservas extranjeras, lo que a su vez requiere que el yuan eleve aún más su valor, conduciendo a que el BPCh emita más bonos de esterilización. La única manera de romper este círculo vicioso es permitir que el yuan se revalúe. Dada la competitividad de los productos chinos en el mercado mundial, es poco probable que nuevas revaluaciones moderadas empeoren la posición de China. Los trabajadores chinos ganan solamente una decimocuarta parte del sueldo de sus pares japoneses y una duodécima de la que perciben los surcoreanos. Por otra parte, la productividad laboral aumenta mucho más rápidamente que los salarios. Un trabajador es hoy tan productivo como lo eran 12 trabajadores hace 20 años, pero su sueldo es de solamente 4,7 veces el que percibían sus predecesores hace dos décadas. El costo de la fuerza laboral por unidad productiva ha declinado, a la vez que ha mejorado la competitividad de las exportaciones chinas. Si se asume que el costo de fuerza de trabajo por unidad no ha cambiado otros países, la brecha entre el crecimiento de la productividad y el crecimiento del salario en China habría permitido que el yuan se revaluara en 4,3 por ciento en términos reales cada año, sin que se redujera la competitividad de China en los pasados 20 años. Y puesto que en la realidad el costo de la mano de obra por unidad ha aumentado en muchos países, el espacio para la nueva revaluación del yuan habría sido mayor. Las duras pruebas por las que han atravesado los exportadores chinos reflejan solamente sus deseos, no la realidad. Los exportadores experimentados sopesan el riesgo del incremento en el valor del yuan cuando firman contratos con los compradores extranjeros. Entre 2005 y 2008, el yuan aumentó en más de un 5 por ciento anual, lapso durante el cual las exportaciones de China se duplicaron. Para el primer semestre de 2010, las exportaciones crecieron en 42 por ciento, con lo cual el volumen de total de exportaciones alcanzó el nivel previo a la crisis financiera global. Las presiones inflacionistas están de vuelta y los precios de las propiedades inmobiliarias se siguen elevando a pesar de los esfuerzos concertados del Gobierno para controlarlos. Permitir que el yuan incremente su valor ayudará al Gobierno a lidiar con la inflación y los precios inmobiliarios, porque un cambio más flexible –no una respuesta pasiva a la presión extranjera– va en el interés de China. CHINA DAILY. 16-9-2010 R. Unido. Breaking Views Kan lucha contra la deflación Ian Campbell Las intervenciones de divisas son generalmente vistas como apoyos ante la debilidad o tratamientos de empobrecimiento del vecino por la fuerza. Pero la primera intervención de Japón en seis años para debilitar el yen trata de hacer frente a la persistente deflación y el estancamiento de la tercera economía más grande del mundo y, por lo tanto, es bienvenida. La decisión se produjo un día después de que el premier Naoto Kan sobreviviera a una crisis de liderazgo. El ministro de Finanzas vendió yenes y compró dólares para debilitar la moneda japonesa. Pero el Gobierno de Kan también parece estar empujando al lento Banco de Japón a la acción. Tadao Noda, miembro del consejo del Banco de Japón, dio a entender en una reunión con empresarios que era poco probable que el banco esterilizara las ventas de yenes del ministro de Finanzas -neutralizándola con una emisión de deuda a corto plazo-, sino que el movimiento añadiría liquidez. El aumento de la presión política sobre el independiente Banco de Japón refleja asimismo la presión sobre Kan. Ichiro Ozawa desafió su liderazgo sin éxito, pero puso de manifiesto un bando en el gobernante Partido Democrático que exige a Kan hacer más para reactivar la economía. La intervención ha funcionado inicialmente. El yen ha caído alrededor del 3% contra el dólar estadounidense, desde 83 a 85 yenes por dólar en las operaciones del miércoles. Para regocijo del Nikkei, que subió un 2,3%. Los inversores japoneses dan la bienvenida a una moneda más débil porque ayudará a los exportadores. Pero el objetivo más legítimo de la debilidad del yen es empujar hacia arriba los precios de bienes importados, como los productos básicos, ayudando a levantar la inflación, actualmente negativa del 0,9%. Cuando los precios están cayendo, incluso tipos de interés mínimos no son bajos, por lo que la deflación puede ser una espiral descendente. Los riesgos con las intervenciones son muchos. Los especuladores pueden obtener un blanco jugoso. Y una cuestión política importante es si el Banco de Japón hará un seguimiento en octubre con nuevas políticas que se sumen a la relajación monetaria, empujando el dinero hacia activos de mayor riesgo y fuera del yen. Pero la acción de Kan es preferible a aceptar la deflación. Japón debe afrontar sus debilidades económicas, más allá de que el Gobierno construya puentes que no van a ninguna parte. BREAKING VIEWS. 16-9-2010

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