Alimentando los monstruos burocráticos autonómicos

Carne para Frankenstein

En un arranque de euforia, José Antonio Griñán -delegado por Chávez como presidente andaluz- afirmó que «hay 11.000 millones de razones para considerar que este modelo de financiación autonómica es mejor que el anterior». Esa cifra -nada menos que 11.000 millones de euros, casi dos billones de las antiguas pesetas- es la cantidad adicional que la hacienda central entregará a las autonomí­as. Saldrá de nuestros bolsillos para financiar a las castas polí­ticas locales. El nuevo reparto de la financiación autonómica no sólo ha ofrecido el bochornoso espectáculo de diecisiete reyezuelos taifales debilitando la unidad y la cohesión nacional, o atacando abiertamente la solidaridad. También nos presenta la naturaleza de unas burguesí­as locales agigantadas por los multimillonarios presupuestos autonómicos y el cada vez mayor aparato burocrático de cada comunidad. Transformados en un auténtico cáncer incrustado en la sociedad española, devorando de manera insaciable los recursos comunes que deberí­an estar destinados a financiar una salida a la crisis.

Una de las falacias más difundidas ara defender el nuevo modelo de financiación autonómica, ha sido que era necesario aportar más dinero a las comunidades para que éstas pudieran costear los servicios sociales –sanidad, educación…- para una población que se ha incrementado.¿De verdad que el dinero extra aportado a las burguesías regionales va a redundar en nuestro propio beneficio? ¿A qué lo van a destinar los gobiernos autonómicos?Cojamos el ejemplo de Cataluña, que va a llevarse ella sola 3.885 millones, el 35% de los nuevos recursos ofrecidos a las autonomías.Con el acuerdo de financiación que CiU y PP firmaron en 2001 el Gobierno catalán casi ha triplicado su presupuesto -se pasó de 13.600 millones de euros a los 36.985 millones actuales-.Ese prodigioso aumento presupuestario ha sido la gasolina que ha alimentado gastos difícilmente justificables, sobre todo en época de crisis.Bajo la batuta de Carod Rovira, se ha disparado la financiación de delirantes proyectos identitarios. Destinando a la “política exterior catalana” 2,2 millones de euros anuales –un 63% más que hace un año-. Abriendo embajadas en Nueva York, Londres, París, México o Buenos Aires.Con centro en la Generalitat se ha creado una auténtica red de corrupción que ha pagado 31 millones de euros de dinero público por informes inexistentes como “El seguimiento de la concha brillante” o “Diseño de parchís y puzle de la casita de cartón recortable”. Sutilmente adjudicados cada uno de ellos por menos de 12.000 euros, cantidad que no necesita ser sometida a concurso público, y que ha sido pagada a ex diputados o ex asesores de PSC, ERC e ICV.Al mismo tiempo, el gobierno catalán ha engordado un gigantesco aparato burocrático, a cuyo frente se encuentran 219.000 funcionarios –frente a los 165.000 que existían en 2006-. De hecho, los gastos de personal constituyen la principal partida de gasto de la Generalitat, muy por encima de las inversiones.Y lo que ocurre en Cataluña es sólo un botón de muestra –bajo otras formas o grados- de lo que sucede en cada una de las 17 comunidades.¿Qué tiene esto que ver con “garantizar que las comunidades puedan prestar los servicios sociales a los ciudadanos”?Lo que se está haciendo es ofrecer cada vez más carne al Frankenstein burocrático levantado por las castas autonómicas.

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