Javier Cabello, Centro Andaluz para el Cambio Global

Cambio climático y temporal andaluz

El cambio climático está claramente detrás de los últimos temporales que han causado destrozos en Andalucía. Así lo afirma Javier Cabello, uno de los mayores expertos en calentamiento global de esta comunidad

Con más de 11.000 desalojados y graves destrozos (además de lamentar una persona fallecida), Andalucía está sufriendo desde hace semanas una intensa ola de temporales y lluvias torrenciales, primero con la borrasca Leonardo, y luego, con el terreno aún empapado, de la llegada de la borrasca Marta, en lo que algunos ya denominan un “río atmosférico” desde el Caribe al Mediterráneo.

Es el enero más lluvioso en esta comunidad en 25 años. Y sin embargo hace dos años Andalucía sufrió una gravísima sequía. Muchos miran los dos extremos y lo atribuyen al cambio climático.

Preguntamos sobre ello a uno de los expertos que más de cerca monitoriza los efectos del cambio climático en Andalucía. Javier Cabello es catedrático de Biodiversidad y Ecosistemas en la Universidad de Almería y director del Centro Andaluz para el Cambio Global Hermelindo Castro (ENGLOBA).

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Aunque para demostrar esto haya que hacer un estudio de atribución riguroso… ¿las sospechas están fundadas? ¿Tiene el cambio climático que ver con esta ola de temporales que ha asolado Andalucía?

Sí, pero quiero aclarar que no es que el cambio climático esté «inventando» o produciendo fenómenos que no existieran antes. Me refiero a que las sequías o episodios de lluvias torrenciales prolongadas ya han ocurrido otras veces. Lo que sí sabemos es que el cambio climático por un lado amplifica los fenómenos climáticos extremos, haciéndolos más dañinos y más persistentes, y por otro lado los hace más frecuentes. Se convierten en fenómenos más extremos por su magnitud y también los hace más inesperados.

Pero ambas cosas -tanto la sequía como este episodio de temporales y lluvias- están relacionadas. Lo digo porque mucha gente piensa que con todo lo que está lloviendo ahora, no tenemos razón los que venimos diciendo que el cambio climático va a hacer más severas las sequías en verano. Es justo al contrario.

Una de las cosas que hace el cambio climático es que la atmósfera tenga mucha más energía, y que por tanto tenga mucha más capacidad de almacenar más vapor de agua. Es una especie de esponja más empapada, de forma que cuando descarga, precipita mucha más agua.

Cascadas en las calles de Grazalema. Es la «paradoja mediterránea»: menos días de lluvia, pero precipitaciones mucho más extremas

Y por otro lado el cambio climático rompe los gradientes térmicos habituales, por ejemplo entre el Ártico y el Ecuador. Al calentarse especialmente el Ártico, las diferencias de temperaturas entre ambas latitudes son menores. Y eso hace que corrientes atmosféricas que se daban entre ambos, por ejemplo la corriente del chorro (jet-stream) se vuelvan más caóticas, se desarticulen.

Eso hace que de repente, de forma inesperada, entren en choque corrientes de aire frio con corrientes cálidas, provocando Danas o temporales; o que se instale un anticiclón en la parte alta de Noruega que «tapona» que las borrascas del Mediterráneo puedan subir hacia el norte, haciendo que sean más persistentes en latitudes bajas… Por eso hemos tenido este tren de borrascas, Leonardo, Marta, una detrás de otra.

Yo veo una vinculación clara entre lo que acabamos de sufrir y el cambio climático. Aunque para demostrarlo rigurosamente haya que hacer un estudio científico, un estudio de atribución, ya sabemos que el cambio climático cambia las dinámicas atmosféricas, y hace que los fenómenos meteorológicos extremos sean más persistentes.

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Muchos expertos afirman que los recientes temporales en Andalucía encajan con un patrón climático que la evidencia científica lleva años describiendo. Es la «paradoja mediterránea»: menos días de lluvia, pero precipitaciones mucho más extremas. El sur de Europa avanza hacia un escenario más árido. Llueve menos días al año, pero cuando llueve, lo hace con mayor intensidad. ¿es este el patrón que estamos viendo?

Sí, así es. Lo que ocurre es que el cambio climático ha hecho que tanto el Atlántico como el Mediterráneo estén más calientes, por tanto evaporan más y cargan más de agua a la atmósfera. Tanto la Dana de Valencia del año pasado como este fenómeno de lluvias torrenciales que estamos viviendo ahora se corresponden con una mayor evaporación del agua marina hacia la atmósfera. Y como hemos dicho antes, la atmósfera, al estar más caliente, es más energética y tiene mayor capacidad de retener todo ese vapor. Toda ese agua está en la atmósfera hasta que una masa de aire frío choca con otra de aire caliente y se produce la precipitación torrencial.

Ese es el patrón. Durante el tiempo del verano, donde predomina el tiempo anticiclónico, tenemos periodos muy largos donde se produce una gran evaporación y ninguna precipitación, y por tanto periodos largos de sequía. Y cuando eso se rompe con la llegada de borrascas profundas en otoño-invierno, hay una gran carga de agua en la atmósfera, que produce lluvias intensas y en este caso persistentes.

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Incluso se habla de un “río atmosférico” procedente del Caribe, que manda repetidas borrascas a la Península Ibérica y al Mediterráneo. ¿Entonces esto estaría provocado por ese anticiclón de Noruega, que «tapona» las borrascas aquí?

El cambio climático ha creado las condiciones para que se forme un «río atmosférico» de borrascas desde el Caribe al Mediterráneo

Sí. Lo que ocurre es que el cambio climático trastorna las dinámicas atmosféricas. Antes la corriente del chorro, que baja del Ártico hacia el sur por efecto del gradiente térmico con el ecuador, discurría normalmente por la costa este de Norteamérica. Por eso hace mucho más frío en Nueva York en invierno que en otras ciudades europeas que están en su latitud.

Al calentarse el Ártico y rebajarse el gradiente, la diferencia de temperatura, entre el polo norte y el ecuador, esa corriente de chorro va más tranquila, pero también más desorganizada, y no produce esos patrones tan predecibles como los de antes. Y entonces, por efecto del cambio climático, el Ártico nos envía borrascas cada vez más pronunciadas a latitudes cada vez más bajas.

Y además otra de las consecuencias, como decías, es que se fijan anticiclones en el norte de Europa, el llamado «muro de Noruega», que es un anticiclón que se forma allí. Eso hace que estas corrientes, por efecto de las altas presiones, no puedan subir hacia el norte, y por tanto circulan hacia aquí. Y entonces Andalucía, Portugal, Marruecos, por nuestra posición geográfica, nos convertimos en zonas vulnerables a esta situación, en zonas de tránsito de borrascas persistentes y repetidas.

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Usted lleva años estudiando los dramáticos efectos que ya está teniendo el cambio climático en Andalucía, tanto para los ecosistemas como para la población. Además de los que hemos visto en este temporal, ¿cuáles son?

Bueno, con respecto a la corriente de chorro y a que se produzcan fenómenos de temporales como este, lo primero que yo diría es que puede ir a peor en los próximos años. En España ya hemos vivido una Dana como en Valencia o este tren de temporales, y ahora mismo el calentamiento global está llegando a casi 1,5ºC por encima de las temperaturas preindustriales. Si no controlamos y reducimos las emisiones de CO2, a finales de siglo podríamos estar en +3ºC de calentamiento global, y eso potenciaría de manera exponencial las consecuencias.

Por enumerar de manera somera lo que puede ocurrir en Andalucía y el sur de España, tendríamos periodos de sequía más prolongados, y Danas y lluvias torrenciales más fuertes. Eso es seguro, porque las Danas (depresión aislada en niveles altos), también llamadas gotas frías, se producen por el calentamiento del Mediterráneo. Yo me acuerdo del año pasado, antes de lo que ocurrió en Valencia, de meterme en el mar aquel verano y sentir el agua realmente caliente. Y eso inevitablemente significa una evaporación masiva y más energía en la atmósfera, que en algún momento descargará todo ese agua.

Y desde luego estos trenes de borrascas más extremos serán más frecuentes. Seguramente ahora que se ha producido esta descarga, supongo que pasará un tiempo hasta que vuelva a cargarse la atmósfera de tanta agua. Pero ese patrón será más recurrente.

Una cosa que me alucina es que todo lo que venimos diciendo décadas los expertos con respecto al calentamiento global y el cambio climático se está cumpliendo. Esto de los eventos climáticos extremos ya se decía que iba a ocurrir hace 20 o 30 años, y al principio era como un fenómeno estadístico, pero ahora es una cruda realidad. Lamentablemente, todo lo que dijimos que iba a ocurrir está pasando.

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Y tenemos cómo el calentamiento del agua afecta a especies marinas, o cómo los agricultores ven cómo los cultivos tradicionales sufren debido a la falta de agua y las olas de calor…

Efectivamente, como dices. El cambio climático afecta a nuestros ecosistemas de muchas maneras. Por ejemplo, la elevación de la temperatura del mar favorece que especies invasoras como el alga asiática (Rugulopteryx okamurae) esté extendiéndose por nuestras costas, lo que a su vez afecta a los animales y a la pesca. Afecta a nuestros cultivos, incluso a los de secano. Afecta al turismo, con temporales costeros que destruyen hasta los paseos marítimos…

En fin, la cantidad de afecciones del cambio climático son innumerables, también por supuesto sobre la salud de la gente, en verano con esas olas de calor tan intensas. Me acuerdo de un informe que hizo hace 20 años un economista británico sobre el coste económico del cambio climático, y creo que acertó o que se quedó corto.

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¿Están haciendo las administraciones públicas -la central, la autonómica o incluso las municipales- lo suficiente para mitigar no ya las causas, sino al menos los efectos de este cambio climático?

Javier Cabello es director del Centro Andaluz para el Cambio Global

Aquí creo que hay que distinguir. Por ejemplo, en gestión de las alertas a la población en la actual ola de temporales en Andalucía, creo que ha habido un cambio drástico -y para mejor- si lo comparamos con la Dana de Valencia. Ahora con estas lluvias torrenciales en Andalucía, la respuesta de las administraciones en general ha sido mucho mejor, y eso tiene que ver creo yo con que se han sacado lecciones y enseñanzas, porque ya hemos visto los peligros y amenazas para la población que representan un evento climático extremo.

Ahora se han tomado muy en serio la coordinación entre administraciones; no dudar en evacuar a las personas cuando hay un riesgo para sus seguridad y sus vidas. Hay una nueva realidad climática que creo que -a nivel de la gestión de las emergencias- creo que sí que empieza a comprenderse, que sí que se comienza a actuar en consecuencia.

Ahora bien, eso en el corto plazo, en la gestión de la emergencia meteorológica. En cómo actuar en el medio y largo plazo con el cambio climático me temo que no están cambiando mucho las cosas. Por ejemplo, no se han tomado medidas acerca de no construir en terrenos inundables. Me acuerdo cuando ocurrió la Dana en Valencia que se comenzó a hablar de las cartografías que había que hacer, de llanuras de inundación y áreas inundables… y ahora en Andalucía es que eso ni se ha mencionado. En fin, en eso no se ha avanzado, sé que es difícil, pero deberían hacerlo.

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