Brillo de navajas en el PP

La moción de censura y el cambio de gobierno han hecho aflorar todas las grietas en el número 13 de la calle Génova. En apenas una semana, el Partido Popular ha pasado de mostrar una imagen de unidad, celebrando la aprobación de unos presupuestos que salvaban los muebles hasta 2020, a perder Moncloa, ver como Rajoy anuncia su dimisión, y abrirse la caja de los truenos por su sucesión.

Núñez Feijoo, Cospedal y Saenz de Santamaría parecen los mejores candidatos a sustituir a Rajoy, en lo que parece el inicio de una dura pugna interna por el poder.Las tensiones y luchas de poder dentro del Partido Popular han existido desde siempre, y se vienen manifestando en mayor o menor intensidad desde 2015, cuando el PP comenzó a perder votos, escaños y poder autonómico y municipal. Pero la figura de Mariano Rajoy ha jugado un papel inhibidor en las disputas de las distintas familias conservadoras, aunque no en las intrigas palaciegas. La marcha del gallego que -a diferencia de Fraga o Aznar- no ha nombrado a dedo un sucesor, abre la caja de los truenos.

“Es la Tercera Guerra Mundial”, declaraba una fuente próxima a la cúpula popular a una entrevista de eldiario.es. “Se matarán para ver quién es la sucesora. María Dolores de Cospedal se hará valer y tendrá más apoyos; Soraya Sáenz de Santamaría en el partido no se come un colín. Pero queda la derivada del presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo”.

Uno de los primeros en saltar a la arena ha sido el ex ministro de Exteriores José Manuel García-Margallo, muy enfrentado desde la primera legislatura de Rajoy a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. En un programa de Antena 3 culpó a la ex-vicepresidenta -a la que llamó “la persona más poderosa de la historia de España desde Godoy”- de ser “la única responsable” de “decisiones estratégicas equivocadas”: respecto a Cataluña, respecto a la corrupción, respecto a ignorar la “compensación social” hasta que ha sido demasiado tarde… “Haré todo lo posible para que Soraya Sáenz de Santamaría no sea portavoz del Partido Popular”, remató García-Margallo.

Para nadie es un secreto la intensa rivalidad que separa a Sáenz de Santamaría y a Maria Dolores de Cospedal, escenificada en una reciente foto en la que ambas (separadas por una silla vacía) se dan la espalda. Pero no es simplemente una enemistad personal, afecta a familias de poder del PP, enfrentadas en los principales nódulos de decisión del partido. Pero mientras que el enorme poder de Santamaría emana de su cercanía a Rajoy, amén de su posición al frente de importantes aparatos de Estado, Cospedal tiene las riendas de importantes organizaciones territoriales y de significativas baronías. Pero sería un error despreciar los vínculos de la anterior vicepresidenta con decisivos círculos de la oligarquía española.

El tercero en disputa, Alberto Núñez Feijoo, aparece cada vez más como un candidato de consenso, de compromiso o de equilibrio. Una solución para evitar que corran ríos de sangre por la calle Génova. “Él es listo. Ha estado escondido debajo de una piedra todo este tiempo. Sabe cómo moverse y dejará que las dos se peguen y escenifiquen que vuelvan a estar peleadas”, dice de él García-Margallo. Muchos lo ven como una figura que puede disputarle el terreno del centro-derecha a Ciudadanos y recuperar tirón electoral. Aunque juega en su contra sus imágenes en el yate del narcotraficante Marcial Dorado.

La creciente disputa en el Partido Popular tiene un pronóstico incierto. No es fácil vislumbrar si se resolverá a la primera sangre o si los antagonismos se desarrollarán hasta socavar aún más los agrietados cimientos de Génova.

El hecho es que en esta crisis de gobierno, que en apenas una semana ha bajado el PP del Olimpo de Moncloa al negro abismo de la oposición y de las disputas intestinas, ningún gran centro de poder -nacional o extranjero, del Ibex35 o de Washington o Berlín- ha acudido a sostener al que hasta ahora era su instrumento de dominio.

El PP ha sido dejado caer casi a plomo, descartado como fusible gastado por la oposición de la calle. Es desde ahí desde donde hay que leer las declaraciones del expresidente del Gobierno José María Aznar, en las que se ofrecía a reconstruir el centro-derecha (liderando o asesorando una especie de confluencia entre el PP y Ciudadanos) el mismo día en el que Mariano Rajoy anunciaba entre lágimas que tiraba la toalla. Declaraciones que han sentado como un tiro a destacados dirigentes populares y que avivan más la hoguera interna.

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