Huelga general en Argentina

Argentina clama en las calles contra la reforma laboral de Milei

Mientras el país se levantaba contra su despiadada política antilaboral, Milei no estaba en Argentina, sino en Washington, junto a Trump. Un detalle que no es minúsculo, sino tremendamente significativo.

Es la cuarta huelga general que se levanta contra el Milei y sus políticas ultrareaccionarias, entreguistas, antipopulares y antiobreras. Y el motivo no es otro que una reforma laboral que retrotrae los derechos laborales de los argentinos prácticamente al siglo XIX, legalizando una jornada laboral de 12 horas, sueldos variables («dinámicos») que pueden ser pagados en especies, despido casi gratuíto, vacaciones troceadas y a demanda del empresario, y el socavamiento del derecho a huelga y a movilización. Una reforma laboral al servicio de imponer la más salvaje y despiadada explotación.

Aprobada en el senado, la reforma laboral debía pasar por el Congreso. Y ese dia la mayor central sindical de Argentina, Confederación General del Trabajo (CGT) convocaba una huelga general de 24 horas, con un seguimiento masivo en el transporte, la industria y la administración pública, y con numerosos cortes de carretera con cacerolas (los «ruidazos») en distintos puntos de Buenos Aires y otras ciudades argentinas.

A las doce de la noche del 19 de febrero, Argentina se paralizó. El trasporte público no funcionó, o lo hizo bajo mínimos. Colectivos (buses), subtes (metro) y trenes no operaron, dejando a ciudades como Buenos Aires prácticamente sin movimiento. El gremio del transporte por carretera también se adhería al paro en un altísimo porcentaje, lo que junto a los piquetes en numerosas carreteras y entradas de los centros logísticos dejaban el tráfico de mercancías prácticamente infartado.

La huelga también tuvo en la industria muy altos niveles de seguimiento, con piquetes muy activos en las grandes plantas y zonas industriales. También el comercio; la gran mayoría de sucursales bancarias y comercios cerrados en gran parte, con empleados sumándose al paro.

Más de 350 vuelos fueron cancelados en los aeropuertos, las ediciones de los periódicos se redujeron a los digitales, y las televisiones emitíeron programas de nevera.

En las administraciones públicas, muy maltratadas por la motosierra de Milei, la adhesión al paro también fue notable. Y sobre todo en la enseñanza media y universitaria, escuelas y facultades cerrada y con profesores y estudiantes adhiriéndose masivamente a la huelga,

En resumen, un éxito. Un seguimiento masivo y contundente que muestra el mayoritario grado de rechazo y de hartazgo no sólo contra la brutal reforma laboral del ultraderechista Milei, sino contra todas sus políticas económicas y sociales, que llevan dos años degradando hasta límites indecibles las condiciones de vida y de trabajo de las clases populares argentinas. Tanto es así que la mortalidad infantil en Argentina volvió a subir por primera vez desde 2002. Unas políticas económicas que además están destruyendo el tejido productivo: en los últimos años se han perdido 300.000 empleos.

Mientras el país se levantaba contra su despiadada política antilaboral, Milei no estaba en Argentina, sino en Washington, junto a Trump, firmando el «Board of Peace» que además de impulsar la transformación de Gaza en un resort turístico para disfrute de los ultrarricos, pretende dinamitar y sustituir la autoridad de la ONU.

Un detalle que no es minúsculo, sino tremendamente significativo, porque la reforma laboral de Milei en realidad también es la reforma laboral de Trump y de los grandes capitales de Wall Street en Argentina.

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