Se cumple mes y medio desde que más de 80.000 personas entraran irregularmente en la ciudad autónoma de Ceuta, el pasado 30 y el 31 de julio. Un inaudito episodio que ha causado una grave crisis migratoria y humanitaria, además de su réplica, una honda crisis política que está poniendo contra las cuerdas al gobierno de coalición.
Aunque en los días posteriores a la entrada masiva, la mayoría de los migrantes regresaron a Marruecos, todavía hoy hay un número indeterminado -entre 6.000 y 8.000, de los cuales hay más de 2.000 menores- de personas que malviven en las calles o en precarios campamentos en una pequeña ciudad que no tiene recursos para atender por sí misma. Esta grave situación ha alterado de manera drástica el día a día de los 83.000 habitantes de Ceuta, que están lógicamente hartos. El panorama, que se prolonga semana tras semana, es explosivo, y está afectando a la convivencia de una Ceuta compartida por habitantes de distintas culturas y sensibilidades, con una rica diversidad de cristianos, musulmanes, judíos, hindúes…
Resolver esta crisis migratoria y humanitaria exige Unidad y Solidaridad, y poner a las personas, a sus derechos y necesidades, por encima de cualquier otro criterio.
Exige poner todos los recursos del Estado al servicio de recuperar la normalidad. Exige lealtad institucional e interterritorial, para empezar a trasladar inmediatamente a todos los niños y niñas no acompañados en situación de indefensión y hacinados en los desbordados centros de Ceuta a las distintas CCAA de nuestro país, de acuerdo a criterios justos y proporcionales.
Hay que garantizar los derechos y las necesidades de quienes han llegado a suelo español buscando una vida mejor. Y hay que aliviar la enorme presión que sufren los vecinos de Ceuta, especialmente los de los barrios más humildes, que padeciendo carencias y escasez han dado enormes muestras de solidaridad en atender a los migrantes más desprotegidos, pero que ya no pueden más.
Cuanto más se prolongue esta crisis humanitaria más se beneficiará una ultraderecha que ya está utilizando lo sucedido en Ceuta para difundir su odio racista, pasando de las palabras de odio a los actos violentos y a los delitos de odio, que van desde disparar con escopetas de perdigones a niños migrantes a incendiar las precarias tiendas donde estos intentan resguardarse.

