Cine

Almodóvar en Cannes: presente y futuro

Habí­a interés, casi “morbo”, por conocer la reacción que iba a despertar en el Festival de Cannes la última pelí­cula de Almodóvar, “Los abrazos rotos”, tras la “división de opiniones” que suscitó en la crí­tica española tras su estreno y la “discreta” recepción del público: entre 600.000 y 700.000 espectadores, cuando “Volver” llegó casi al millón y medio. Pues bien: Almodóvar sedujo plenamente al público del Festival y su pelí­cula fue largamente ovacionada. Otra cosa será la hora de los premios: aunque Cannes ya ha premiado en varias ocasiones sus pelí­culas, aún le “debe” la ansiada Palma de Oro.

Durante muchos años, Almodóvar ha sido en Cannes “la exceción que confirma la regla”: mientras se ninguneaba palpable y descaradamente al cine español, se reconocía sin ambages la “genialidad” individual y exclusiva del manchego, cuyo cine resaltaba como una joya en medio de un mar de supuesta mediocridad. Aquello no era verdad, ni por supuesto era culpa de Almodóvar, pero en todo caso, dio pie a un idilio que no parece que vaya a cesar, ni siquiera ahora que el Festival (diplomacia manda) ha abierto una “espita” a otros directores españoles; este año, a Coixet y a Amenábar. En todo caso el “morbo” de esta cita residía, ante todo, en ver la reacción del Festival, que reúne a lo más selecto de la crítica mundial y que es el escaparate indiscutible del llamado “cine de autor”, ante una película que no ha alcanzado a “convencer” plenamente ni a la crítica ni al público español. Y aunque aún es pronto para ofrecer una valoración definitiva, sí cabe subrayar ya que la primera reacción, la de la sala, fue unánime y positiva: un largo y emotivo aplauso. Luego, las críticas de prensa matizan ese reconocimiento. Para el crítico de “Le Monde”, por ejemplo, “Almodóvar hace brillar su falta de inspiración”: considera que el film es brillante pero denota una cierta “parálisis” creativa, no conquista “territorios nuevos” sino que “recicla” ideas antiguas: en resumen “no es lo que se esperaba de él”. Así pues, también en Cannes la película ha despertado opiniones encontradas, aunque sin la virulencia y el tono desmesurado que rodea, por ejemplo, a “Anticristo”, el estreno de Lars Von Trier. Pero Cannes no se convirtió ayer sólo en la caja de resonancias del presente de Almodóvar, sino también en el altavoz de sus intenciones futuras. El director manchego aprovechó, en efecto, el eco universal del festival para desvelar algunos de sus proyectos de futuro y en especial avanzó la idea de llevar a cabo un filme sobre el líder y poeta comunista Marcos Ana, que pasó más de veinte años en las prisiones franquistas. “Después de más de 30 años de democracia –dijo en la rueda de prensa- me gustaría que el Gobierno del PSOE aplicara con más efectividad la ley de memoria histórica… porque si no, los fantasmas de la memoria se van a ir pervirtiendo y corrompiendo”. Se trata sin duda de uno de los mayores retos de Almodóvar. El proyecto no es nuevo, hace años que lleva dando vueltas en su cabeza, pero el “compromiso” adoptado en Cannes lo hace tal vez más cercano. Abordar el tema de la guerra civil y del franquismo es una cuestión que muchos consideran ya “manida” y “reiterativa”, pero lo cierto es que el cine español sigue huérfano de grandes películas sobre estos temas. Los intentos “fallidos” (como la reciente “Los girasoles ciegos” de Cuerda) son mucho más frecuentes que los verdaderos aciertos. ¿Logrará Almodóvar dar con los registros necesarios para trasmitir lo esencial de aquella tragedia? En todo caso, debe intentarlo. Está en su derecho y, de algún modo, en su “obligación”.

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