La ratificación del acuerdo de libre comercio con Mercosur por parte de la Unión Europea está próximo a aprobarse. Este mercado lo forman los países iberoamericanos Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Tienen un potencial de más de 720 millones de consumidores y cerca del 25% del PIB mundial. De esta manera pasa a ser el tratado de libre comercio mayor del mundo.
En una decisión tomada por mayoría en la comisión europea donde ha sido aprobado el acuerdo. Salvando las reticencias de Italia y con el voto en contra de Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría. Y con la abstención de Bélgica. El resto de países, entre ellos España respaldaron la decisión. Ahora el siguiente paso es la aprobación en el Parlamento europeo.
Si bien es un acuerdo que favorece los intereses de la industria, particularmente alemana, también es esperada por la industria alimenticia española. Eliminar el nivel de aranceles impuestos a determinados productos permite potenciar la exportación de determinados productos agrícolas.

En la situación actual permite paliar los daños ocasionados por los aranceles impuestos por EEUU y las consecuencias que provoca en el campo español. El tratado con Mercosur representa por tanto una respuesta a la agresividad de las medidas aplicadas por Trump y abrir una vía importante de respuesta a dichas políticas. La entrevista de Pedro Sánchez de hace unos meses, representando al gobierno español, con el presidente del Brasil, Lula da Silva, establecen la importancia del acuerdo de Mercosur con la Unión Europea. Es un rasgo importante de señalar la necesidad de establecer relaciones igualitarias desmarcándose de las imposiciones de EEUU.
En el caso español, los principales productos agroalimentarios con potencial de crecimiento en Mercosur son el aceite de oliva, el vino y otros como conservas vegetales. Aunque ahora mismo son exportaciones con un volumen reducido su perspectiva es de un aumento progresivo. En el sentido contrario hemos visto cómo estos productos han sido gravados con altos aranceles impuestos por Trump.
Por otro lado, los sectores más expuestos a la competencia son la ganadería bovina y la producción avícola. Ahora bien, el aspecto que más preocupa al conjunto de agricultores es la desigualdad en los costes de producción de la ganadería y la agricultura. La invasión de productos agrícolas con un menor coste es contemplado en Europa como la muerte del campo. Las movilizaciones agrícolas se orientan a señalar que con la entrada de Mercosur la agricultura europea va a dejar de existir y por tanto Europa se alimentará de países externos.
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Los puntos oscuros del acuerdo
No es la diferencia de costes en la mano de obra con los países de Sudamérica. El mayor valor en los productos europeos arranca de las exigencias de la UE en el control de la calidad de los productos que consumimos. Es decir, la prohibición de uso de productos fitosanitarios y de abonos que ponen en riesgo en determinado nivel la salud de la población. No se permite el uso de determinadas hormonas, medicamentos de cierto peligro o vacunaciones indiscriminadas en la alimentación animal (vacuno, ovino, aves). Y en general medidas de bienestar animal y medidas medioambientales que están en la base de unas correctas prácticas agrícolas y ganaderas. Todo esto es un conjunto de medidas que viene aprobando el Parlamento europeo (dentro de la llamada “agenda verde”) que propician una alimentación, seguramente la más sana del planeta incluyendo a EEUU.
Las contrapartidas están claras. Pues el uso, por ejemplo, de productos fitosanitarios menos agresivos hace que las plagas sean más difíciles de combatir, los cultivos sean con menor producción y por tanto los costes sean mayores. Todo ello con un mayor aumento de precios en las materias primas y la maquinaria.
En este sentido es necesario señalar cómo entre los agricultores y ganaderos, sobretodo pequeños y medianos, se extiende un clima de opinión importante frente a las obligaciones que vienen dictaminadas desde las instituciones estatales, porque los cultivos se hacen insostenibles. Muchas veces nos encontramos potenciando estos climas de opinión las corrientes de ultraderecha (por ejemplo Vox) que arremeten contra la Unión Europea y particularmente contra la “agenda verde 2030”.

En resumen, el acuerdo UE-Mercosur beneficia a la exportación de la UE de productos industriales y transformados de la agricultura y ganadería, todo ello frente al sistema arancelario de Estados Unidos. Mientras Mercosur reforzará su papel como proveedor de materias primas. Ahora bien, no es posible que los productos se cataloguen de la misma manera. Aunque en el acuerdo se señala la necesidad de establecer controles de calidad en los productos de origen de Mercosur, existen muchas incógnitas que sea cierto. Las grandes empresas comerciales que operan en Europa pasan por encima de tales exigencias e invaden el mercado europeo que no mantienen la mínima calidad exigida en las condiciones establecidas por la UE.
Es por ello que desde los sectores agrícolas no podemos aceptar unos acuerdos que no implanten con rotundidad “las cláusulas espejo” que garanticen los mismos estándares de calidad, seguridad y normativas sanitarias y medioambientales europeas para los productos de Mercosur que lleguen a Europa. Los acuerdos deben imponerse a los intereses de multinacionales que actúan según su beneficio. Los sistemas de control deben funcionar para todos los productos que entran.
En segundo lugar la Unión Europea tiene que cuidar los perjuicios que pueden generar estos acuerdos. Particularmente el apoyo a los sectores del campo más afectados y entre ellos los pequeños agricultores y ganaderos. Es una realidad que desde hace años la quiebra del campo se viene produciendo gravemente es estos sectores. Por ejemplo, la desaparición de más del 80% del ganado extensivo ovino, la ruina de pequeños agricultores de cereal, etc. Además de atender a la rentabilidad de los productos del campo la UE deber potenciar la PAC así como el cooperativismo esencial en los agricultores.

