Obama nombra al nuevo director de la CIA

A la CIA no le gusta el cambio

Nada más conocerse el nombramiento de León Panetta -jefe del gabinete presidencial de Bill Cinton- como nuevo director de la CIA, las reacciones de los cí­rculos cercanos a la agencia de inteligencia no se han hecho esperar. El Washington Post titulaba “‘Obama deja atónito al mundo del espionaje”. Y tras recoger media docena de comentarios adversos concluí­a vaticinando “la previsible hostilidad con la que se topará Panetta a su llegada a la CIA, una organización famosa por su recelo a los individuos ajenos al espionaje”. A la CIA no le gusta Panetta. ¿Por qué?

Desde luego, quien iense que es porque el nuevo director trae bajo el brazo una carpeta con las órdenes precisas para acabar con la trama de conspiraciones, sabotajes, terrorismo de Estado y guerra sucia, espionaje ilegal y secuestros, etc. que la agencia viene practicando desde el mismo instante de su fundación tras la IIª Guerra Mundial es que todavía está por caerse del guindo.Para encontrar la respuesta es necesario remitirnos al año 2004, justo en el momento en que empezaba la carrera electoral que otorgaría, contra todo pronóstico, la reelección a Bush. Entonces, la cúpula de la CIA se convirtió en uno de los elementos más activos en tratar de impedirlo. La sucesión de informes secretos que “casualmente” salieron a la luz en aquellos días iban todos en la misma dirección.Poniendo de manifiesto cómo la invasión de Irak estuvo predeterminada de antemano, cómo se ocultaron y tergiversaron informes de inteligencia que negaban la existencia de armas de destrucción masiva o vínculos de Sadam con Al Qaeda, cómo desde el Despacho Oval de la Casa Blanca se habían tomado represalias contra familiares de los autores de dichos informes,… La “guerra de dosieres” llegó a ser de tal intensidad que el Wall Street Journal, al día siguiente de la victoria de Bush, afirmaba en su editorial que la tarea más urgente de su segundo mandato, antes incluso que conseguir la victoria en Irak, era depurar la CIA.Y, efectivamente, eso es lo que se hizo. Una depuración tan completa que incluyo no sólo la expulsión inmediata de toda la cúpula dirigente –gran parte de la cual provenía todavía entonces de los tiempos de Clinton–, sino un cambio completo de organigrama. Desde entonces, la agencia ha sido un fiel ejecutor de todas las directrices de la Casa Blanca, convirtiéndose en uno de los centros por los que ha pasado toda la reiterada violación de la legalidad nacional e internacional diseñada por la doctrina Bush.Entendámonos, no es que la función de la CIA no haya sido siempre la reiterada violación de la legalidad. En eso no cambió lo más mínimo y no es creíble tampoco que lo haga ahora con Obama. Lo nuevo de la doctrina Bush ha sido intentar convertir en legal lo ilegal, transformar la tortura, los secuestros o los asesinatos en prácticas de curso legal, aceptadas por la comunidad internacional y por los ciudadanos de su propio país… pero sólo para los servicios de inteligencia norteamericanos. Crear una cobertura y una impunidad total para lo que hasta entonces habían sido actos secretos, clandestinos, ocultos.Esto parecer ser que es lo único que van a cambiar con Obama. Pero ni siquiera este modesto “cambio” satisface en la agencia. Consideran la impunidad conseguida en la era Bush algo así como unos “derechos adquiridos”. Y de ahí el recelo ante quien parece que no va a mantenérselos.

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