Alemania

Un regalo envenenado

Un "regalo de reyes inesperado al gobierno de Rajoy". Así­ se ha calificado la decisión tomada el 5 de enero por el Tribunal Constitucional alemán que prohibí­a la celebración de un referéndum de autodeterminación en el lí¤nder de Baviera

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09-01-2017
En ella se prohibí­a la celebración de un referéndum de autodeterminación en el lí¤nder de Baviera, afirmando que "no hay espacio para aspiraciones secesionistas de un estado federado". Los argumentos utilizados (que la soberaní­a nacional alemana es compartida por todo el pueblo alemán, y ningún lí¤nder puede disponer de ella) coinciden con los empleados por el Constitucional español para impedir una consulta soberanista en Cataluña. ¿Berlí­n cierra el paso a proyectos disgregadores que habí­an cogido nuevos brí­os tras el referéndum escocés?
 Un regalo envenenado
En ella se prohibí­a la celebración de un referéndum de autodeterminación en el lí¤nder de Baviera, afirmando que "no hay espacio para aspiraciones secesionistas de un estado federado". Los argumentos utilizados (que la soberaní­a nacional alemana es compartida por todo el pueblo alemán, y ningún lí¤nder puede disponer de ella) coinciden con los empleados por el Constitucional español para impedir una consulta soberanista en Cataluña. ¿Berlí­n cierra el paso a proyectos disgregadores que habí­an cogido nuevos brí­os tras el referéndum escocés?

Depende. Los grandes Estados europeos sí se recentralizan. Alemania utiliza la petición del Partido de Baviera (independentista pero marginal, con apenas el 3% de los votos) para sentar cátedra dentro de sus fronteras. Francia reforma su estructura territorial, creando 13 grandes regiones que sustituyen a las 22 anteriores, para difuminar cualquier tentación nacionalista. E Italia -donde la Corte Constitucional también ha prohibido celebrar un referéndum soberanista en Véneto, cuya capital es Venecia- intenta reformar la carta magna para disminuir las competencias de las regiones.

Cuando Europa está sometida a sacudidas políticas de consecuencias imprevisibles -recordar el Brexit-, los grandes centros de poder continentales se refuerzan. Pero algo distinto es lo que sucederá en los países más débiles y dependientes.

En Baviera gobierna desde el final de la IIª Guerra Mundial la CSU, coaligada a nivel nacional con el partido de Merkel. Nunca han sido independentistas, pero si han alentado proyectos disgregadores en otras regiones europeas, como por ejemplo Cataluña. Desde los tiempos de Pujol, existe una estrecha relación entre los núcleos dirigentes de la ex Convergencia y la CSU bávara, a través del Comité de las Regiones de la UE o iniciativas y proyectos comunes.

Cuando Artur Mas lanzó el órdago independentista en 2012, las autoridades bávaras lo alentaron. Sus diputados se negaron a respaldar en el Congreso del PP europeo una moción en defensa de la unidad de España. Y el portavoz europeo de la CSU, Thomas Silberhorn, declaró que “habrá que aceptar la voluntad democrática de escoceses y catalanes”, afirmando que “una intensa descentralización es el secreto para una integración europea exitosa”.

Alemania puede recentralizarse, mientras potencia la disgregación en aquellos países bajo su dependencia. No es ninguna contradicción. De hecho es una vieja táctica imperial.

A Berlín no parece interesarle la ruptura en una España que con Rajoy se alinea sumisamente con sus dictados. Pero sí puede utilizar el cuestionamiento permanente de la unidad para vencer resistencias e imponernos un dominio todavía mayor.

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