Intervención del presidente ucraniano ante el Congreso de los Diputados

Zelenski invoca a Gernika

Ante el Congreso de los Diputados, Zelenski apela a la mayoría social progresista española comparando la agresión imperialista de Putin sobre las ciudades de Ucrania con el bombardeo nazi de Gernika.

“Estamos en abril de 2022, pero parece que estamos en abril de 1937, cuando el mundo se enteró del ataque a vuestra ciudad, Gernika”, dijo el presidente ucraniano, ganándose una ovación de (casi) todo el arco parlamentario. Como en todas sus comparecencias ante los hemiciclos de diferentes países, la evocación estaba cuidadosamente escogida. Al referirse al bombardeo de Guernika y a Picasso -un artista que además de universal era comunista, antifascista y antiimperialista- Zelenski estaba apelando a la sensibilidad de la mayoría social progresista de nuestro país.

“Estamos en abril de 2022, pero parece que estamos en abril de 1937, cuando el mundo se enteró del ataque a vuestra ciudad, Gernika”, dijo ayer el presidente ucraniano ante un Parlamento español que se levantó para aplaudirle. Ante el Congreso de los EEUU, Zelenski había apelado al bombardeo de Pearl Harbour o a la Guerra de la Independencia contra los ingleses; ante el Parlamento británico, tiró de Churchill y comparó la defensa ucraniana con la que hizo Inglaterra en la II Guerra Mundial contra la Alemania nazi; ante el Bundestag alemán apeló al Muro de Berlín.

En cada país, en cada discurso, un presidente ucraniano que ha demostrado tener grandes dotes para la comunicación política, ha hecho referencias a hechos y episodios especialmente sensibles de la historia de esa nación.

Muchos en España habían apostado a que Zelenski escogería una referencia al Dos de Mayo y a la Guerra de la Independencia contra Napoleón, mucho más transversal y digerible para el arco de la derecha.

Pero no. El ucraniano escogió Gernika. Escogió la guerra civil. Escogió una referencia inequívocamente antifascista.

El 26 de abril de 1937 los aviones nazis de la Legión Cóndor descargaron una lluvia de fuego y muerte sobre el pueblo de Gernika. Así, con sangre, dolor y horror -pero de los inocentes hombres, mujeres y niños que murieron arrasados por las bombas incendiarias- parió el nazifascismo de Franco y Hitler el primer bombardeo masivo de la historia sobre una población civil. Luego, el resto de potencias imperialistas aprenderían la lección y bombardearían Dresde, Hiroshima y Nagasaki, Hanoi, Bagdad, Grozni, Trípoli o Alepo.

Horrorizado y conmovido por esta masacre, Pablo Picasso plasmó de forma inmortal esta ignominia en un gran mural para el Pabellón Español en la Exposición Internacional de París de 1937, convirtiéndose de inmediato en una de las obras cumbre de la pintura universal, y en un incontestable alegato contra la guerra y la barbarie del fascismo. No se puede desligar este manifiesto pictórico de la orgía asesina que lo originó, ni de la denuncia de sus perpetradores en Berlín y en España, pero tampoco de la explícita posición ideologica de su autor. Porque aunque no se suela mencionar, Pablo Picasso era militante comunista, un orgulloso antifascista y un declarado antiimperialista.

Hoy son las bombas rusas las que arrasan hospitales materno-infantiles o teatros llenos de niños en Mariúpol. Hoy son las ametralladoras rusas las que asesinan a gente haciendo cola para comprar algo de pan en Chernígov. Hoy son la tropas rusas las que desencadenan orgías asesinas contra cientos de civiles inocentes en Bucha, por el único delito de pasear en bicicleta, de salir a por medicinas o de estar en tu propia casa.

Zelenski apeló al nervio sensible de una mayoría social española que -más allá de su opinión ante el gobierno de Kiev- sabe perfectamente que ante una guerra imperialista la única opción ética y moralmente aceptable es ponerse de parte de los agredidos, del pueblo ucraniano

Por eso, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, no sólo apeló a las conciencias de los  diputados españoles al evocar un episodio de la guerra nacional-revolucionaria muy semejante a lo que están sufriendo ahora las ciudades de su país, la destrucción de Gernika. Apeló a la sensibilidad, al apoyo y la solidaridad de una mayoría social progresista en nuestro país, que desde convicciones profundamente democráticas siempre ha sido y será antifascista.

Apeló al nervio sensible de una mayoría social española que -más allá de su opinión ante Zelenski y el gobierno de Kiev- sabe perfectamente que ante una guerra imperialista, ante una invasión bárbara y asesina por parte de una potencia nuclear, muy superior militarmente, que arrasa ciudades y perpetra todo tipo de crímenes de guerra, la única opción ética y moralmente aceptable es ponerse de parte de los agredidos, del pueblo ucraniano, ofreciéndoles toda la ayuda, empatía, solidaridad y asistencia posible.

Con esa más que acertada referencia a Gernika y la denuncia del imperialismo y del fascismo, Zelenski logró una cosa insólita en estos tiempos de crispación y extrema polarización política. El ucraniano se ganó el aplauso -sincero o no- de prácticamente todo el arco parlamentario. Los diputados del PSOE y de Unidas Podemos se levantaron como un resorte a aplaudirle, como los de Más País o Compromís, como los de ERC o Bildu. Aplaudieron casi todos. No lo hizo el diputado del BNG, otro de IU y los representantes de la CUP.

También aplaudieron los del PP e incluso los de Vox, aunque luego dejaron claro en las redes sociales lo mucho -lo muchísimo- que les había escocido una referencia tan roja y republicana, lo mismo que los que repiten las intoxicaciones del Kremlin desde banderas y poses “de izquierdas”. La apelación a Gernika está mucho mejor traída si sabemos que Franco, mucho antes que Putin, ya intentó lo mismo que ahora hace el Kremlin -presentar a las víctimas como verdugos- tratando de culpar a la República de la destrucción de la población vasca. Así lo detalla el eldiario.es.

Los de Abascal, que tienen no pocas complicidades con Putin y con lobbies españoles (Hazte Oír) la extrema derecha europea (Orbán, Le Pen, Salvini) que ha recibido financiación y apoyo por parte del Kremlin, intentaron con sus aplausos lanzar una cortina de tinta. Lo mismo que algunos diputados del PdeCat, próximos a un Puigdemont que ahora intenta borrar las huellas de sus pasos hacia Moscú en sus esfuerzos por internacionalizar el procés.