El espejismo de un conflicto corto, de una contienda fugaz, se desvanece en Oriente Medio. Estamos ante una guerra a gran escala que afecta a toda esta explosiva región, implicando a una quincena de países, y que pone en grave peligro la paz y la estabilidad mundial. Y donde los pirómanos -Trump y su perro de presa, Netanyahu- siguen echando más y más bidones de crudo al fuego.
Cuando la guerra contra Irán cumple su tercera semana, Trump ha amenazado con continuar bombardeando la isla iraní de Jarg «solo por diversión», mientras rechaza negociar un alto el fuego porque «las condiciones aún no son lo suficientemente buenas».
Tres semanas en las que a los cerca de 1.400 muertos en Irán se suman otros 850 muertos en Líbano, fuego cruzado que ya afecta a todos los países de la región, y una crisis energética que ha disparado el precio del petróleo un 40%, sacudiendo a toda la economía mundial.
Mientras la hoguera de la guerra arde furiosa en la zona, Trump no se priva de su retórica belicista, afirmando que EEUU podría seguir atacando objetivos iraníes sin justificación militar. «Destruimos por completo la isla de Jarg, pero puede que la ataquemos unas cuantas veces más solo por diversión», declaró en una entrevista con NBC News este domingo. Este centro de su distribución de crudo, al norte del Golfo Pérsico, es un enclave crítico donde el régimen iraní procesa y exporta gran parte de su petróleo. La otra pieza clave es el Estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial, y que Irán está bloqueando mediante misiles de corto alcance, drones y minas en el agua.
Trump ha rechazado de manera tajante cualquier posibilidad inmediata de alto el fuego o desescalada. «Irán quiere llegar a un acuerdo, pero yo no estoy dispuesto porque por ahora los términos no son lo suficientemente buenos», afirmó sin detallar qué condiciones serían aceptables. Las autoridades iraníes han desmentido que haya ningún tipo de negociaciones ni conversaciones con Washington.

