Hubo un tiempo en el que la superpotencia norteamericana usaba tanto el garrote (la agresión o la amenaza de ejercerla) como la zanahoria (la diplomacia y el poder blando) para extender su dominio por lo que desde la ‘doctrina Monroe’ han considerado su patio trasero, el continente hispano.
Pero los tiempos han cambiado, la lucha de los pueblos ha cambiado la faz de América Latina, convirtiéndola en una región cada vez más rebelde a los dictados de Washington. Y por eso Trump y su administración han decidido desechar la zanahoria y quedarse sólo con el garrote.
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Piratería y «actos de amor» frente a Venezuela

Las amenazas de la Casa Blanca contra los gobiernos que considera hostiles o refractarios a su ‘ordeno y mando’ van a más. «Maduro puede hacer lo que quiera, pero tenemos la Armada más grande del mundo, dispuesta para entrar en acción en Sudamérica. Si se quiere hacer el duro, será la última vez que lo haga», dijo el presidente norteamericano en su mansión de Mar-a-Lago en Florida, flanqueado por su secretario de Estado, Marco Rubio, histórico partidario de la mano dura contra los gobiernos de izquierdas en el continente.
El presidente de EEUU anunció la semana pasada un “bloqueo total y completo” de todos los petroleros sancionados por Washington que intenten entrar o salir de Venezuela, y de hecho ya son dos los buques de este tipo que han sido capturados por la US Navy: el petrolero Skipper (10 de diciembre) y el Centuries (20 de diciembre). Y aún hubo un tercer intento (el Bella 1) pero sin éxito. Cuando los periodistas preguntaron a Trump que pensaba EEUU hacer con estos barcos, el republicano contestó, jocoso: «quedárnoslos, supongo».
Estos actos -contrarios a las más elementales normas marítimas de la legalidad internacional- han sido calificadas de «piratería» por Venezuela, pero también por China. Y despejan cualquier duda acerca de que los verdaderos motivos de la actual escalada militar de EEUU frente a Venezuela -concentrado a una poderosa flota, que incluye a su portaaviones más potente (USS Gerald Ford) y al 8% de la US Navy- no tiene nada que ver con el «combate al narcotráfico», y sí algo que ver con apoderarse de las reservas de crudo del país caribeño, las más importantes (aproximadamente 303.000 millones de barriles) a escala global.

No se trata sólo de hidrocarburos, aunque el aliciente de este valiosísimo botín de guerra cumpla su papel. El móvil principal de una agresión militar que parece inminente es el derribo de un gobierno, el de Nicolás Maduro, que independientemente de la opinión que se tenga de él, es más que una china en el zapato de la superpotencia. El actual gobierno de Caracas, aunque mantiene negocios con empresas norteamericanas como Chevron, mantiene celosamente nacionalizada la producción de crudo.
Todo lo contrario de lo que pretende hacer la líder opositora, la flamante Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, que siempre ha manifestado que si algún día llegara -Washington mediante- a gobernar Venezuela, acometería la total privatización del sector petrolero, presentándolo como una «oportunidad» de 1,7 billones de dólares… para el gran capital norteamericano. Una Maria Corina Machado que ha llegado a decir que la inminente intervención armada de EEUU contra Venezuela es… «un acto de amor».
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También contra Colombia
Pero no sólo Maduro han sido el blanco de las amenazas de Trump. Que la desestabilización de Venezuela tiene un objetivo colateral -el derribo del vecino gobierno de Gustavo Petro en Colombia- es ya un clamor.

Trump también la emprendió contra él en su declaración de Mar-a-Lago. Refiriéndose a Petro, dijo: “No es amigo de Estados Unidos. Más le vale andarse con cuidado”. Sembrando de nuevo el bulo -sin prueba alguna- de los vínculos del presidente colombiano con el narcotráfico, el republicano amenazó: «es un buscapleitos. Será mejor que cierre esas fábricas de cocaína. Sabemos dónde están”.
No son sólo declaraciones amenazantes. A primeros de diciembre, Trump sugirió la posibilidad de intervenir en Colombia con el argumento de que cualquier país que produzca o trafique drogas está “sujeto a [sufrir] ataques”.
Petro, que ha criticado duramente los bombardeos estadounidenses a lanchas en el Caribe y en el Pacífico -así como el genocidio que Israel, con el respaldo de EEUU, está perpetrando en Gaza-, respondió más tarde: “No amenace nuestra soberanía, porque despertará al jaguar”.

