“El 47” ha sido uno de los grandes éxitos del reciente cine español. Alcanzó la cima de los premios Goya, y ya es una de las películas españolas con más espectadores.
Pone el foco en uno de los episodios más sonados de la lucha popular durante la transición. En mayo de 1978, Manolo Vital secuestró el autobús que conducía y lo llevó hasta la cima de Torre Baró. Las autoridades se negaban a ampliar la línea hasta este barrio, construido por trabajadores procedentes de Extremadura o Andalucía, alegando que no era posible. El secuestro demostró su mentira, y los autobuses acabaron llegando a Torre Baró.
Fue, como otras muchas, una lucha que se ganó, demostrando el poder de la movilización popular.
Pero algunas lecturas sobre este hecho pretenden contarnos la historia como no sucedió. Reduciendo la acción al impulso de una sola persona, Manolo Vital.
Basándose en el éxito de “El 47”, la editorial Icaria ha publicado “Más allá de El 47. Del héroe y las luchas colectivas”, coordinado por Adela D´Alós-Moner Vila y Anna Monjo. Su objetivo es “enriquecer la película aportando el contexto sociopolítico en que estos acontecimientos se produjeron”. Destacando que “Manolo Vital no actuó solo. A su alrededor existía un importante engranaje de organizaciones en las cuales militaba: asociaciones de vecinos, CCOO y PSUC y un numeroso colectivo de personas que le acompañaban en todas las reivindicaciones”.
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La triple militancia de Manolo

La aportación individual de Manolo Vital fue decisiva. Por eso hoy es recordado y admirado. Pero pudo hacer lo que hizo porque no estaba solo.
Manolo estaba muy, pero que muy organizado. Por tres veces.
En primer lugar, en el PSUC.

Manolo Vital fue procesado por el Tribunal de Orden Público, el siniestro juzgado del franquismo que perseguía la disidencia política. Fue cuando el 1º de Mayo de 1974 en el Castillo de Torre Baró apareció una enorme bandera con la hoz y el martillo, en torno a la cual se organizó una concentración que disolvió la policía.
En Torre Baró el PSUC había organizado una célula con más de 1.000 afilados, que impulsaban numerosas luchas.
El día antes del secuestro del autobús, la acción se discutió y aprobó en una reunión por parte del PSUC.
En segundo lugar, en CCOO. Manolo Vital no fue despedido tras secuestrar el autobús. La razón es muy sencilla. En 1977, cuando se aprobó la ley de libertad sindical, de los 6.000 trabajadores de los autobuses, más de 4.000 se afiliaron a CCOO en una sola noche. La fuerza sindical, que Manolo había contribuido a levantar en pleno franquismo, era inmensa.
En tercer lugar, en las asociaciones de vecinos.
Manolo Vital fue fundador y presidente durante muchos años de la Asociación de Vecinos de Torre Baró, Vallbona y Trinitat, desde donde se impulsó un poderoso movimiento vecinal en Nou Barris.
Las asociaciones de vecinos eran importantes organizaciones de lucha, que impulsaban numerosas movilizaciones en los barrios obreros y populares.
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Las mujeres lo hicieron primero
Manolo Vital tuvo predecesoras, en femenino. En 1977 Maruja Ruiz Martos, militante comunista -“yo es que soy comunista de toda la vida”, decía siempre que podía- impulsó el secuestro de un autobús desde la Asociación de vecinos del Barrio de la Prosperidad.
El secuestro de autobuses para reclamar transporte público se había convertido en una forma de lucha. Las “inventoras” fueron las mujeres del barrio de Can Franquesa en Santa Coloma de Gramanet. Y tras ellas otras mujeres imitaron su acción en Roquetes, Pomar, Prosperidad…
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La fuerza de la organización
“Más allá de El 47. Del héroe a la luchas colectivas” está recorrido por una conclusión fuerte que sus coordinadoras concentran así: “la necesidad y la fuerza que para logar objetivos supone estar organizado y la lucha colectiva”.

Sucedió en 1978, cuando una tupida red de organización popular permitió a Manolo Vital encabezar una acción que torció el brazo a las autoridades.
Torre Baró la sabía porque ya lo había hecho. En 1972 Manolo Vital ya había impulsado una lucha que movilizó a todo el barrio para reclamar agua potable. Una marea de hombres, mujeres y niños cortaron la autopista por la Avenida Meridiana. Y, una vez más, la lucha tuvo éxito, obligando al ayuntamiento a iniciar las obras para llevar el agua a las casas del barrio.
Los héroes existen. Pero cuando son del pueblo no pueden existir ni actuar solos. Se basan en la fuerza de la organización. Y en la inmensa mayoría de lideres populares de la transición se repite la misma historia: son militantes comunistas, y por eso juegan un papel clave en el movimiento sindical o vecinal.
“El 47”, la película de Marcel Barrena ha hecho una valiosa contribución, al recordarnos el enorme poder de la lucha popular, en un momento donde esta memoria es más necesaria que nunca. Y los hechos, en todos los casos, nos demuestran que la clave de estas luchas, que son capaces de obtener victorias, está en una palabra: organización.

