Comienza a resquebrajarse la coalición de Trump contra Irán

La posición española abre una grieta en la coalición de la guerra

Aunque con efectos retardados, esa posición, que llama a Europa y a las potencias medias a no practicar el más ciego y necio seguidismo de los planes de guerra de EEUU... se ha abierto paso.

Ante las amenazas de Trump, el gobierno de Sánchez se ha mantenido firme en su defensa de la legalidad internacional, de la búsqueda de soluciones diplomáticas y de la necesidad de sofocar una escalada que está incendiando el barril de pólvora de Oriente Medio, amenazando gravemente a la paz y la estabilidad mundiales.

Una posición defendida al principio casi en solitario en el conjunto de países occidentales, pero que como una piedra lanzada a un estanque helado, ha empezado a resquebrajar el sistema de alianzas que parecía estar armando EEUU para intensificar su escalada en Oriente Medio. Países como Canadá, Reino Unido o Francia, que dieron a entender que iban a acompañar a Washington en su agresión, están reculando y acercándose a la posición de España.

Rebobinemos a los primeros días desde el inicio de la agresión de EEUU a Irán. El 2 de marzo, Francia, Alemania y Reino Unido anunciaron que se sumaban a la ofensiva de EEUU e Israel contra Irán para defender sus intereses en Oriente Medio, clamado por los bombardeos «indiscriminados y desproporcionados» del régimen de los ayatolás contra los países del Golfo y mostrándose dispuestos a sumarse a los ataques contra la República Islámica.

También Canadá, cuyo primer ministro Mark Carney es bien conocido por sus posiciones contrarias a rendir pleitesía a Trump, dijo apoyar los ataques de Washington y Tel Aviv contra Irán, país al que calificó de «principal fuente de inestabilidad y terrorismo en todo Oriente Medio», y jugueteó con la idea de sumarse a la ofensiva.

La negativa española a sumarse a este akelarre imperialista e incendiario en Oriente Medio ha gritado a los cuatro vientos que el emperador está desnudo, que este ataque no sólo es contrario a la legalidad internacional, sino que pone en grave peligro la seguridad y la estabilidad del mundo y en particular de Europa. Y que debemos aprender de las lecciones de la guerra de Irak.

Y -aunque con efectos retardados- esa posición, que llama a Europa y a las potencias medias a no practicar el más ciego y necio seguidismo de los planes de guerra de EEUU… se ha abierto paso.

Dos días después, al calor del pulso entre Madrid y Washington, los premieres de las principales potencias europeas habían dado marcha atrás.

Starmer, Macron y la UE pasaban a hablar abiertamente de desescalada. Bélgica se ponía a exigir respeto por la legalidad internacional. Noruega pasaba a condenar los ataques de EEUU e Israel. Y Canadá hacía declaraciones reprendiendo a Trump y Netanyahu por actuar sin consultar a sus aliados ni a la ONU.

Ante las amenazas de Trump a España, la UE, la presidenta de la Comisión Europea y hasta el mismo canciller alemán que le rió las bravatas a Trump contra España en la Casa Blanca, ha tenido que salir a defender a nuestro país. “Cualquier amenaza comercial dirigida a un Estado miembro lo es contra la Unión Europea”, ha dicho Von der Leyen.

Ante los ojos de Trump, la coalición que parecía que iba a poder montar para dotar de una mínima pátina de «legitimidad» a su incendiaria aventura… se está resquebrajando.

Ya no pueden hacer lo mismo que hicieron en Irán en 2003. El mundo ha cambiado, el ocaso imperial de EEUU ha avanzado aceleradamente, y las contradicciones de EEUU con sus vasallos se han agudizado.

Ha bastado un país que grite la desnudez del emperador para que todos vean sus vergüenzas.

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