Guillermo Fesser vive en un pueblecito de Nueva York desde hace 24 años y ofrece sus crónicas periodísticas a varios medios españoles cada semana. Mientras mantiene su actividad con Juan Luis Cano a través de la Fundación Gomaespuma, se ha convertido en una de las voces más reconocidas para hablar de lo que ocurre en EEUU.
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Lo que más ha llegado sobre la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl es la reacción airada de ciertos sectores. Sin embargo, los datos en Estados Unidos hablan de otra cosa: un aumento del 470% en escuchas en Spotify y un 35% más de usuarios aprendiendo español en Duolingo. ¿Qué está pasando realmente?
Están pasando las dos cosas a la vez, porque Estados Unidos es hoy un país completamente dividido. Hay una reacción muy ruidosa, muy ideologizada, pero al mismo tiempo hay una respuesta popular potentísima. Y creo que lo interesante de esta historia no es solo el crecimiento de escuchas o el interés por el idioma, sino el debate que se ha abierto.
Bad Bunny dijo antes de salir al escenario algo fundamental: “La música no tiene idioma”. Y eso en España lo entendemos perfectamente. Hemos ido a conciertos de los Beatles, de Bob Dylan, de Bruce Springsteen o de U2 sin saber exactamente qué estaban diciendo. No éramos bilingües. No sabíamos si estaban cantando al amor o a una ferretería. Pero la música nos emocionaba igual. Ese argumento, por sí solo, desmonta gran parte de la polémica.
Pero lo importante va mucho más allá de lo musical.
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¿Qué es lo verdaderamente relevante entonces?
Que Bad Bunny ha puesto sobre la mesa un tema que muchísima gente en Estados Unidos desconoce: qué es Puerto Rico y qué lugar ocupa dentro del país. Parece increíble, pero en 2017, tras el huracán María, el titular de USA Today fue: “Lo creas o no, Puerto Rico pertenece a Estados Unidos”. Si un periódico generalista necesita titular así, imagina el nivel de desconocimiento.
Muchos estadounidenses veían Puerto Rico como algo extranjero. Y Bad Bunny recordó algo muy sencillo: “Yo tengo pasaporte estadounidense”. Eso abre el melón de qué es Puerto Rico dentro de Estados Unidos y en qué condiciones está.
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¿A qué te refieres?

Puerto Rico es, en la práctica, una colonia desde 1898. Tras la guerra con España, Estados Unidos se quedó con la isla. Con la Ley Foraker recortaron derechos que ya tenían bajo la administración española: elegían delegados a Cortes, tenían parlamento propio y una autonomía relevante desde 1897. Con EE.UU. pierden eso. No podían elegir gobernador; lo nombraba el presidente estadounidense. Solo tenían un representante en el Congreso sin derecho a voto.
Más adelante, ante los movimientos independentistas, en vez de conceder la independencia les dieron la nacionalidad estadounidense. Pero con condiciones: si vives en la isla no puedes votar en las presidenciales. Puedes elegir gobernador, sí, pero cualquier decisión del Parlamento de Puerto Rico puede ser anulada por Washington.
Eso es una relación colonial, aunque no se quiera llamar así.
Washington puede anular cualquier decisión del Parlamento de Puerto Rico. Eso es una colonia.»
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Durante la actuación en la Super Bowl hubo un gesto simbólico con la bandera…
Sí. Sacó la bandera independentista, la del triángulo azul claro. La oficial tiene el azul oscuro, como la de Estados Unidos. La independentista estuvo prohibida desde 1948. En EE.UU. casi nadie sabía que esa bandera era independentista, ni que estuvo prohibida. Para quien entiende el contexto, el mensaje fue clarísimo. Para quien no, sembró una pregunta. Y eso es poderoso.
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También ha habido una reacción del movimiento MAGA (Make América Grate Again) que respalda a Trump…
Sí. Cuando se anunció su participación, el entorno de Charlie Kirk —un movimiento ultrarreligioso y ultraconservador— organizó una Super Bowl alternativa, patriótica y cristiana, contra lo que llamaban un espectáculo extranjero y “woke”. Intentaron movilizar artistas patrióticos. No se sumó prácticamente nadie relevante.
Cuatro millones lo siguieron online, sí. Pero cientos de millones vieron el espectáculo principal. Incluso Donald Trump lo vio desde Mar-a-Lago, aunque luego lo calificara de vergonzoso.
El mundo de la cultura no se ha pasado al discurso ultranacionalista.
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Hay otro elemento que aquí casi no se ha contado, los conciertos de Bad Bunny en Puerto Rico.

Eso es fundamental. Bad Bunny se negó a hacer gira por Estados Unidos bajo la presidencia de Trump y decidió hacer durante tres meses seguidos conciertos en Puerto Rico, en una enorme cancha que llenó noche tras noche. Gente joven de Estados Unidos volaba a Puerto Rico para verlo.
Con esos conciertos recaudó alrededor de 400 millones de dólares que han ido destinados en gran parte a la reconstrucción de la isla. Eso no es solo espectáculo: es compromiso político y social.
Lo que vimos en la Super Bowl fue Puerto Rico en estado puro: la caña de azúcar, el café, las bodas populares, el vendedor de helados… Era una reivindicación cultural. Y luego ese mensaje: América es más grande que Estados Unidos. América es todo el continente.
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Y aparece, por otra parte, el peso de los hispanos en la historia de Estados Unidos.
Sí. Eso es para otra entrevista, pero es que si vas al memorial de la guerra de Vietnam en Washington, un muro enorme de mármol con los nombres de los caídos, empiezas a leer y encuentras apellidos hispanos a punta de pala. Muchísimos puertorriqueños. También dominicanos. Y muchos negros puertorriqueños.
Aquí a veces se habla de “negros” y de “latinos” como categorías separadas, pero se puede ser ambas cosas a la vez. Hay latinos negros. Cuando vemos en una película de Vietnam a un soldado negro con casco hablando inglés, puede perfectamente ser puertorriqueño y hablar español en su casa.
Esa complejidad identitaria es parte de lo que el discurso simplista ignora.
«Hay latinos negros en el muro de Vietnam; la complejidad identitaria se ignora por sistema.»
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Es curioso porque Kamala Harris llegó a incluir en su programa la posibilidad de un referéndum en Puerto Rico.
Exacto. Prometieron impulsar un referéndum para que Puerto Rico decidiera si quería la autodeterminación o convertirse en el estado número 51. Trump no solo no lo apoya, sino que llegó a referirse a la isla en términos despectivos. No tiene ningún interés en cambiar el statu quo. Le resulta útil mantener esa ambigüedad.
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Has estado en Minneapolis…
Minneapolis es una ciudad muy particular, como Nueva Orleans. Son dos lugares donde, cuando llegas, parece que estás en otro país. Nueva Orleans tiene una influencia española y francesa muy fuerte. Minneapolis tiene una raíz alemana y, sobre todo, noruega. Hay una tradición socialdemócrata muy marcada: la gente paga impuestos y ve resultados en servicios públicos.
Es el estado con mayor participación electoral del país. Hay un compromiso cívico muy fuerte. Por eso, a veinte grados bajo cero, 75.000 personas salen a la calle a manifestarse.
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¿Qué está haciendo ICE exactamente?

Mantienen cuotas de arrestos. Van restaurante por restaurante, sobre todo en calles como Eat Street, sacando de las cocinas a ecuatorianos y mexicanos. Ahora lo hacen menos visible, pero siguen actuando entre las cinco y las nueve de la mañana, casa por casa, en los hospitales para detener a embarazadas o familiares, o en carreteras secundarias, donde se suelen encontrar coches vacíos de la gente a la que han detenido.
Solo el 14% de los 400.000 detenidos tiene antecedentes penales. El resto no. Están utilizando la inmigración irregular —que es una falta civil, no un delito penal— para justificar redadas masivas.
Han intentado deportar incluso a cuatro lakotas, nativos americanos. ¿A dónde deportas a un lakota? Minneapolis es uno de los pocos lugares donde hay comunidades indígenas viviendo fuera de reservas, integradas, con librerías y galerías propias. Aun así, los detuvieron.
«El 86% de los 400.000 detenidos por ICE no tiene antecedentes penales; son faltas civiles»
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¿Esto afecta a los apoyos de Trump?
Está en mínimos absolutos. Además Trump ganó prometiendo bajar los precios de la cesta de la compra. No lo ha hecho. El café está un 20% más caro que hace un año. En Minnesota, los agricultores de soja vendían a China. Con los aranceles, China compra ahora a Brasil. Los agricultores se la están comiendo con patatas.
La movilidad laboral se ha frenado. Antes podías cambiar de trabajo con facilidad. Ahora no. Eso genera angustia.
Además, la reforma sanitaria deja a 14 millones sin seguro médico y encarece las pólizas para otros 24 millones. Las aseguradoras compensan la pérdida de clientes subiendo precios a quienes permanecen.
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Recientemente has entrevistado a Joe Olson, experto en inteligencia y terrorismo. ¿Qué te dijo?
Joe Olson es un excomandante de inteligencia de la Marina y hoy profesor en la Universidad de Minnesota, y sostiene que Trump está intentando provocar a la población en ciudades demócratas como Chicago, Los Ángeles o Minneapolis. La idea sería generar tensión, provocar una respuesta violenta y luego argumentar que no hay condiciones para celebrar elecciones normales en 2026. Es decir, cuestionar el proceso democrático para evitar una derrota que podría derivar en impeachment.
No es una teoría conspirativa: es un análisis desde la seguridad nacional.
«Trump busca provocar violencia en ciudades demócratas para cuestionar las elecciones de 2026.»
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¿Y qué papel juega el caso Epstein?
Es un escándalo internacional. Hay 38 mil menciones a Trump en los documentos conocidos, pero muchas aparecen tachadas. Se dice que es para proteger a las víctimas. Desde el Congreso, algunos representantes están pidiendo escuchar directamente a esas víctimas para aclararlo.
La percepción es que se está protegiendo políticamente a Trump.
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¿Cómo resumirías el momento que vive Estados Unidos?
Es un momento de tensión máxima. Hay un descontento económico real, una fractura cultural profunda y un debate sobre la identidad nacional que ha estallado incluso en un espectáculo como la Super Bowl.
Bad Bunny no solo cantó. Introdujo preguntas incómodas: ¿qué es América?, ¿quién pertenece a ella?, ¿qué significa ser estadounidense?
Y cuando esas preguntas se formulan ante cientos de millones de personas, el impacto es enorme.
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Epílogo
Minnesotta derrota a Trump
Al cierre de la edición, Tim Holman, responsable de la operación del ICE en Minnesota, ha anunciado que se retiran del estado. Recogemos la información que ha ofrecido Guillermo Fesser en su crónica en La Sexta:

Esto es una advertencia, y lo ha dicho el gobernador de Minnesota y lo ha dicho el alcalde de Minneapolis, a todas las demás ciudades demócratas de Estados Unidos. Han estado aquí, pero ahora no se marchan, no se retiran a los cuarteles de invierno.
Sabemos que de los 400.000 inmigrantes detenidos, solo el 14% tiene antecedentes penales. Es falso que estén deteniendo a los criminales más terribles de este país. Sabemos que además salen de pesca por la mañana con alevosía, entre las cinco de la mañana y las nueve, y que se dedican a seguir a los inmigrantes en los coches para cuando estén aislados en una zona que nadie les puede ver, detenerles sin testigos.
Y sabemos que Tom Homan ha dicho que si no pueden cumplir la cuota de detención que les pide Donald Trump es porque la gente está hablando y los inmigrantes empiezan a conocer sus derechos. Estos días he podido entrevistar a Jon Olson, a un hombre muy importante de la inteligencia de Estados Unidos, veinticinco años sirviendo a la Marina y que ha puesto de manifiesto el peligro que tiene esta manera de tratar a los inmigrantes por parte de Donald Trump.
“Imparto cursos sobre terrorismo, sobre armas de destrucción masiva y una de las cosas que sé es que la razón por la que una democracia funciona es porque tiene voz y cuando esa voz es aplastada por la fuerza está creando las condiciones para más violencia. Así es como surge la radicalización y al final el terrorismo. Tenemos el deber de proteger a quienes no pueden protegerse a sí mismos, por eso cuando veo esa perversión de las funciones de las fuerzas del orden no lo entiendo.
He visto mucha violencia en mi vida como oficial de inteligencia y sé que ni Good ni Alex Pretty están, ni de lejos, cerca de ser terroristas. Se mire por donde se mire. Que los líderes políticos digan que eso es terrorismo doméstico es inconcebible. Decir eso desde el liderazgo del país debería ser imposible. Es algo así como un sentido común antidemocrático. Si el asesinato de George Floyd no se hubiera grabado en vídeo, te aseguro que nadie conocería la verdad sobre lo que pasó a ese chico.
Lo mismo ocurre con René Good y Alex Pretty. A la gente de Minnesota le importa el estado de derecho. Salen en la noche con frío y oscuridad y hablan de los temas que les importan. Es la gran tradición de nuestra tierra. Estoy muy orgulloso de esto.
Aquí en Minnesota, la gente habla sobre el estado de derecho en medio del frío y la oscuridad, en pleno invierno, se reúnen y hablan sobre los temas que les importan. Existe una rica tradición en nuestro estado de involucrarse en la política.
Reitero, estoy muy orgulloso de haber crecido en Minneapolis y de haber asistido a sus escuelas públicas. En el sistema escolar público nos enseñan sobre educación cívica y gobierno. Como profesional de carrera en seguridad nacional, me preocupa profundamente la trayectoria que veo que esta administración está tomando para nuestro país.

