Editorial Internacional

El imperio secuestra a la democracia

El asesinato de Renee Good y la brutal respuesta de la Casa Blanca envía un mensaje muy claro: "todos los que se opongan a Trump pueden ser ejecutados". Bajo el mandato de Trump, el Imperio está secuestrando a la democracia.

«EEUU es un paí­s esquizofrénico; un paí­s escindido entre una Democracia interna y un Imperio exterior que se sostienen sobre bases irreconciliables. Para poder extenderse, el Imperio necesita empujar a la Democracia hacia sus aventuras expansionistas arrastrándola en contra de su voluntad. Esta disociación, esta doble naturaleza de Imperio expansivo y Democracia interna está en la propia génesis de EEUU como nación y recorre toda su historia. «

Así comenzaba el editorial «Recordad el Maine», escrito sólo tres días después del atentado de las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001. Y hoy volvemos a poner encima de la mesa esta tesis.

Para poder llevar adelante sus imperativos geopolíticos, para poder imponer una agresiva y ultraaventurera línea de actuación en el plano internacional que sólo puede ser calificada de Dictadura Hegemonista Mundial, la superpotencia norteamericana no sólo tiene que dar zarpazos, perpetrar bombardeos y lanzar un sinfín de intervenciones que ponen en gravísimo peligro la Paz Mundial y que violenta la soberanía, la democracia y las libertades en todo el mundo.

También tiene que secuestrar su propia democracia, también tiene que amordazar a su propio régimen democrático burgués, también tiene que encañonar a su propio sistema de derechos y libertades civiles, ese del que tanto se han jactado los propagandistas del «pais de la libertad».

Lo estamos viendo delante de nuestras narices. Hemos visto como un agente de la Gestapo migratoria de Trump (ICE) asesinaba a Renee Good en Minneapolis. No era una migrante, sino una norteamericana blanca, madre de tres hijos, pacífica, bondadosa y gentil.

Podría pensarse que fue un acto puntual de brutalidad, un exceso fruto del furor de la gente. Pero las declaraciones de Trump o de Kristi Noem, jefa de ICE, y de todo el aparato de propaganda trumpista, han triturado rápidamente esa ilusión, acusando a la víctima de ser la culpable de su propio asesinato, de ser una «terrorista doméstica».

ICE es la nueva Gestapo de EEUU. Monero Rapé (México)

La repugnante campaña -digna de Goebbles- contra la víctima ha ido más allá de las insinuaciones contra su orientación sexual, sino también contra su viuda. El New York Times publica que «hasta seis fiscales federales en Minnesota han dimitido debido a la presión del Departamento de Justicia para investigar a la mujer de Renee Good, y por la negativa del departamento a investigar al autor de los disparos».

La temida «migra», los agentes federales de ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), convertidos en un cuerpo paramilitar armado hasta los dientes y blindados de la más absoluta impunidad, llevan más de un año ejecutando brutales redadas contra la trabajadores migrantes. Incluídos niños y menores, los detienen y los secuestran -separándolos de sus familias- no sólo en a calle o mientras trabajan, sino en los hospitales, en las escuelas, en las iglesias, en el supermercado o ante cualquier chivatazo.

Pero el terror de ICE va más allá de querer aterrorizar a los aproximadamente 11 millones de personas migrantes indocumentadas que hay en EEUU, o a los otros 13 millones que tienen la «Green Card», para imponerles un régimen de clandestinidad e hiperexplotación, tirando a la baja los salarios y multiplicando las ganancias del capital.

No, va mucho más allá. El asesinato de Renee Good y la brutal respuesta de la Casa Blanca, enviando refuerzos federales a Minneapolis para multiplicar el hostigamiento a la población, envía un mensaje muy claro: «todos los que se opongan a Trump pueden ser ejecutados».

Trump y los sectores hegemónicos de la clase dominante norteamericana han tomado el camino de endurecer su forma de dominio, metiendo en Guantánamo a la democracia estadounidense, en una deriva que ya ha colocado a EEUU en un régimen iliberal y autocrático, pero cuya última parada es un régimen fascista.

Jose Alberto Rodríguez Ávila

Lo hacen porque necesitan encuadrar a su población mediante la fuerza, el terror y el miedo, en la más salvaje explotación, y en una política mundial de guerra y agresión de consecuencias imprevisibles, para el planeta pero también para el pueblo norteamericano.

Y no están dispuestos a que los movimientos civiles, democráticos y liberales, de honda tradición y enraizamiento en EEUU, y ni mucho menos un ascendente movimiento sindical o la izquierda socialista y revolucionaria, les monte protestas y contestaciones tan contundentes como «No Kings», las que han denunciao el genocidio israelí en Palestina, o «Black Lives Matter».

Pero hay una ley histórica. Donde hay opresión, hay rebelión.

El pueblo estadounidense está protagonizando una lucha contra la Dictadura de Trump que va a más y más. Las imágenes de marchas multitudinarias o de ciudadanos enfrentándose a la Gestapo migratoria inundan las redes. Una sociedad civil organizada y llena de energía y rebeldía está haciendo frente a las ultrareaccionarias políticas del inquilino de la Casa Blanca

Todo nuestro apoyo a la valiente lucha del pueblo de los EEUU, que unido al resto de países y pueblos del mundo, logrará derrotar a la Dictadura Hegemonista Mundial de Trump.

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