En defensa del desarrollo rural (I)

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03-07-2017
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 En defensa del desarrollo rural (I)
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Como cada año, a final de abril, los agricultores han presentado sus declaraciones para la solicitud de ayudas para la agricultura y ganadería. Se trata de lo que actualmente se denomina “Pago Básico”. Son expedientes anuales, a veces de determinada complejidad, haciendo cuadrar todos los requisitos que se exige: desde la distribución de los cultivos en cada hectárea por parcela catastral, el índice de barbecho, el número y composición de animales, los cuadernos de campo, etc. Es un protocolo que desde mitad de los noventa se tiene que seguir.

La Política Agraria Común (PAC) proporciona a un conjunto de agricultores unas subvenciones que se consideran necesarias para el mantenimiento de sus explotaciones. Pero en el resto de la sociedad es poco y mal conocido. Algunos piensan que se trata de un dinero que va a parar a los más ricos y que no hacen nada por el campo; otros, que es un dinero que no va a incentivar la producción agrícola; incluso se piensa que por qué una parte de la sociedad tiene que pagar a esos sectores para que les vaya bien en sus negocios.

Antes de entrar en hacer una valoración global debemos examinar en qué consisten estas ayudas, cuál ha sido su evolución desde los primeros años, y qué se pretende con tales subvenciones. Al mismo tiempo que necesitamos comprender cuáles son los problemas básicos en el campo y su perspectivas, es necesario dar a conocer un sector que es bastante desconocido en las zonas urbanas. También debe servir como objeto de debate de un tema no muy conocido.

En esta edición publicamos la primera parte de este trabajo en que se exponen someramente las condiciones actuales del campo, principalmente en el sector dónde se aplica la Política Agraria Común. Dejamos para la siguiente edición el análisis de qué es y qué significado tiene la PAC.

La importancia del sector agrícola.

Hay muchos que piensan que la agricultura es el sector más importante de la economía de un país porque es la base de la alimentación del mismo. Esto no es así; este sector representa un porcentaje en el PIB muy bajo frente al industrial o incluso los sectores de comercio y servicios.

La composición económica es muy variada: desde los cultivos intensivos de regadío con la producción de hortalizas y frutales, hasta el cultivo cerealista, frutos secos, olivos, ganadería ovino, caprino, vacuno, etc. El otro sector agrícola es la industria de elaboración (conserveras, lácteos, vitivinícolas, etc.). Otro apartado distinto son las grandes superficies de comercialización y distribución de alimentos que imponen sus precios drásticamente, y en algunos casos participan en el cultivo de algunos de sus productos. En las últimas décadas los capitales han acudido, de una parte, a la producción de hortalizas (en invernadero o en campo), frutales, etc.; de otra parte a determinadas industrias de elaboración y comercialización, donde han entrado particularmente los capitales franceses y alemanes.

Pero el tema que vamos a tratar son los sectores agrícolas más en declive, como son el cerealista, frutos secos, ganadería, etc, perceptores de la PAC y  que representan una parte muy importante del territorio nacional, y donde se ubica la mayor parte de la población rural. La estructura de estos agricultores ha ido cambiando en las últimas décadas. Con la incorporación de la mecanización y la interrelación en el mercado mundial, van a desaparecer las antiguas relaciones semi-feudales. El propietario de la tierra, generalmente ligado a la nobleza y que residía en los núcleos urbanos grandes, o bien va a desaparecer vendiendo sus fincas o bien se va a reconvertir en nuevo agricultor, al tiempo que otros labradores se incorporan pero ya como propietarios. En muchos casos hay una concentración de la propiedad pero no necesariamente. Porque lo que cambia es que ya es el propietario quien explota directamente la tierra, introduciendo nueva maquinaria, adquiriendo las materias primas necesarias (semillas, abonos, etc) y contratando la mano de obra.

Desde los años sesenta se inicia el despoblamiento generalizado del campo. No es un fenómeno nuevo, pero ahora va ser una constante hasta nuestros días. La situación de pobreza en la que están sometidas las clases trabajadoras y la falta de trabajo estable lleva a un importante movimiento de población para buscar en los centros industriales de una parte, Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, y los centros turísticos Costa del Sol, Baleares y costa de Levante, además de las emigraciones a Europa central.

Estas migraciones en muchos casos no van a tener ya regreso. De los que vuelven sólo una parte se reintegrarán en el sector agrícola. Otros muchos van a engrosar a los trabajadores de los sectores de servicios, comercio y funcionarios. Ahora mismo se han generado determinadas zonas de pueblos abandonados o a punto de extinción; particularmente en algunas comarcas de Aragón y de Castilla León. En algunos casos con tierras abandonadas y con la desaparición o merma de la cabaña ganadera. Mientras que en general la población se va concentrando en ciudades o pueblos grandes, dejando en el abandono las aldeas, masías o cortijos. El envejecimiento de la población agrícola es cada vez mayor y el relevo generacional muy escaso.

Por otro lado, a partir de mitad de los noventa se integran en el campo las nuevas migraciones de trabajadores extranjeros: marroquíes, ecuatorianos, bolivianos, rumanos, subsaharianos, etc. Al principio sin papeles y después de las regulaciones, con contrato, en una mayoría temporales y ocupando la capa inferior de los empleos (jornaleros). Ahora mismo una gran parte de los trabajadores del campo son extranjeros. En algunas zonas, por ejemplo, se empieza a notar la escasez de tractoristas españoles y de trabajadores especializados (escarda, injerta, etc.).

Más adelante examinaremos algunas de las orientaciones de la Política Agraria Común. Pero apuntar ahora que el despoblamiento del campo es uno de los problemas que para el Gobierno y para los planes de la U.E. más les interesa, bastante por encima de que éste sea productivo, porque sus intereses no están por sostener este sector en declive.

No pueden permitirse ahondar en el despoblamiento de las zonas rurales. Detrás de una explotación agrícola o ganadera lleva detrás asociada una cadena de servicios, de materias primas y maquinaria que influirían notablemente en el derrumbe del entorno rural. A modo de ejemplo, el último pastor, marroquí, boliviano o español que está en un rincón de la sierra de “Salsipuedes” va con su furgoneta C-15 y su móvil con wasap, generando detrás una cadena de servicios en las poblaciones rurales.

El desarrollo agrícola.

Desde algunos medios y organizaciones se plantean la necesidad de repoblamiento de pueblos abandonados o zonas en peligro de extinción. Todo es bienvenido, pero irán al fracaso si no se tiene en cuenta el desarrollo técnico de este sector.

El campo en España no es comparable a países como Rumanía o Bulgaria con una tecnificación mucho menor. Todavía hay quién recuerda cómo se segaba a mano con gran número de trabajadores en las distintas tareas: desde la siega con la hoz, hacer las gavillas a la trilla y aventar el grano. Igualmente  desde hace más de quince años las tareas de recolección de almendra no se conciben hacerlas manualmente; es con maquinaria que permite que este producto pueda ser rentable, como así está introduciéndose en la cogida de la oliva y otros productos. El desarrollo técnico es fundamental para aumentar la productividad del campo. Por poner un ejemplo, la utilización del GPS en los tractores permite determinar la besana con la que se tiene que labrar con facilidad; o en las plantaciones de árboles marcar con gran exactitud, y que luego repercute en facilitar y disminuir los costes de las tareas agrícolas posteriores. Hoy en día no se puede obviar esta situación.

Otro problema es la dependencia del campo a los monopolios con respecto a las materias primas y a la maquinaria. Una vez desaparecido el viejo “Ebro”, y por imposiciones del mercado exterior (en particular en el Mercado Común), aquí no se fabrica un solo tractor. Solo hay que hacer un repaso de las marcas que imperan en España: John Deere (EE.UU.), Deutz, Fendt, Massey Fergusson, New Holland, Hurliman, etc. (éstos alemanes y de otros países europeos). En ocasiones las piezas de recambio hay que pedirlas directamente a Alemania. Y con respecto a materias primas que representan cantidades importantes en el cutivo (abonos, fitosanitarios y otros) están en manos de las multinacionales que imponen sus precios.

Esta es otra de las razones de por qué la U.E. no puede dejar caer un sector que consume un conjunto de mercancías numeroso para los grandes capitales. Solo hay que echar un vistazo en el campo al parque de tractores existente.

¿Qué demandas y alternativas tienen los agricultores? 

El precio del cordero en el campo apenas tiene variaciones desde hace treinta años. Si ahora se vende por 70 € (11.600 pesetas), hace veinte o treinta años oscilaba entre diez y catorce mil pesetas. El precio de la cebada ahora está a veinticuatro pesetas kilo (en precios unitarios el agricultor sigue hablando en esta moneda). Hace treinta años se ha llegado a vender a treinta. Con la oliva o el precio de la leche es una situación similar. Sin embargo el coste de la vida ha aumentado más del doble; el gasoil, la materia prima y los tractores se han disparado al doble o el triple. Muchas de las explotaciones agrícolas, sobre todo pequeñas y medianas, dan todos los años pérdidas, como no puede ser de otra manera.

Primera pregunta, ¿interesa mantenerlas? Sólo desde el punto de vista de mejoras medioambientales y evitar el abandono del campo así  como de evitar los incendios forestales, ya son medidas necesarias. Por sectores, el ganadero es la actividad principal que asienta la población en el campo, después los cultivos leñosos y por último el cereal. Evitar el despoblamiento es una tarea de interés general.

En esta situación, si los precios de venta no pueden subir,  los agricultores demandan ayudas a sus cultivos que necesariamente deben provenir de los sectores más competitivos. Es necesario remarcar que las ayudas tienen que estar destinadas a la producción de los productos agrícolas que compensen la bajada de valor que supone la subida de los gastos de mantenimiento de su explotación. Esto que es evidente, veremos cuál es la orientación de la PAC.

Ahora bien esto no es todo. Es importante necesario potenciar el desarrollo de la cooperativa agrícola y ganadera. Sobre la base de estructuras que sean verdaderamente democráticas, transparentes y al servicio de los socios, deben agrupar sobre todo a los pequeños y medianos agricultores. Algunos de los ejes generales, aunque en algún caso estemos lejos de conseguirlos, son: 

La comercialización y venta de los productos de conjunto, que se entregan a la cooperativa por parte de todos los socios, al mejor precio posible. Colectivamente la defensa de un mercado propio es necesario.

La adquisición de materias primas colectivamente que permita precios más competitivos para el conjunto.

Desarrollo de  la cooperativa ampliando a la elaboración de productos, completando la cadena de comercialización. A su vez que este desarrollo sirva para crear riqueza y empleo en la comarca.

Colectivización de servicios al conjunto de socios. Incluye de utilización conjunta de aperos y de maquinaria.

Asesoramiento de los cultivos más rentables para la zona o comarca. Asesoramiento de las técnicas de cultivo, sistemas de abonado, combate de plagas, etc.

Apoyo a los planes de modernización y mejora de las explotaciones agrarias.

En general las cooperativas que existen en España son relativamente escasas y pequeñas. Sin una estructura verdaderamente democrática, muchas de ellas se convierten en apéndices de determinadas castas, potenciando en los hechos la desconfianza y el individualismo entre muchos agricultores. Y por otro lado  es necesario Cooperativas que abarque a la mayoría de agricultores o cuando menos confederadas entre distintas comarcas con objetivos comunes.

Próximamente expondremos en qué consiste la Política Agraria Común.

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