Aniversario del 15-M

Un terremoto que exigía un cambio real

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18-05-2017
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Aunque todavía no realizadas, las aspiraciones a un cambio real que se expresaron a través del 15-M siguen muy presentes en cada movilización, en cada lucha, en cada batalla política.
 Un terremoto que exigía un cambio real
Aunque todavía no realizadas, las aspiraciones a un cambio real que se expresaron a través del 15-M siguen muy presentes en cada movilización, en cada lucha, en cada batalla política.

Hace exactamente seis años, un 15 de mayo de 2011, estalló un terremoto político que hoy conocemos como 15-M.

Entonces se imponían las primeras oleadas de recortes, ejecutados por una clase política que se entregaba sumisamente a los dictados del FMI y la Comisión Europea. Pero la sociedad española, que muchos creían adormecida, expresó todas sus energías, y como siempre ha ocurrido en nuestra historia cuando el pueblo ha entrado en escena, alteró la “normalidad” y puso encima de la mesa la exigencia de un cambio real al servicio de la mayoría.

A pesar de todos los intentos por minimizarlo, reconducirlo o asimilarlo, el 15-M ha tenido una extraordinaria y revolucionaria influencia en el curso de la vida nacional. Sin él no podrían entenderse muchos de los principales acontecimientos de los últimos años, ni tampoco los avances, políticos y sociales, de la lucha popular.

¿Cómo valorar hoy el significado político profundo del 15-M? ¿Cuáles son las principales enseñanzas que nos aporta?

Impugnación a la totalidad

En los grandes medios se impuso referirse al 15-M como “los indignados”. Con esa denominación se buscaba rebajar las consecuencias de un fenómeno que amenazaba con sobrepasar los límites permitidos.

La “indignación” es una reacción puntual ante los ataques, y muchos comentaristas daban la razón a “los indignados” al rebelarse ante “los excesos del poder” o “las consecuencias de la crisis”.

Pero el 15-M fue mucho más que la explosión del “cabreo” ante los recortes o la corrupción. Expresó, de una forma totalmente explicita y radical, una impugnación a la totalidad al modelo económico, político y social impuesto en España en las últimas décadas. Que -no solo en los momentos de crisis, también en los de bonanza económica- ha enriquecido de forma escandalosa a una ínfima minoría, mientras ha saqueado a conciencia a la amplia mayoria.

Las consignas más populares del 15-M (“no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”, “no nos representan”, “lo llaman democracia y no lo es”, “somos el 99%”...) no llamaban a pequeñas reformas, sino a cuestionar el orden impuesto como “normal”."El 15-M representaba en los hechos y de verdad un nuevo diseño de país incompatible con el dominio de las élites, nacionales y sobre todo foráneas, sobre nuestro país."

Y expresaban la clara voluntad de que era posible organizar la vida nacional al servicio no de las élites dominantes sino de la inmensa mayoría de la población, que se tradujo en todo un programa que aspiraba a un cambio real.

El primer manifiesto que dio origen al 15-M afirmaba. “Nosotros los desempleados, los mal remunerados, los subcontratados, los precarios, los jóvenes… queremos un cambio y un futuro digno. Estamos hartos de reformas antisociales, de que nos dejen en el paro, de que los bancos que han provocado la crisis nos suban las hipotecas o se queden con nuestras viviendas, de que nos impongan leyes que limitan nuestra libertad en beneficio de los poderosos. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo".

Desde su mismo nacimiento, el 15-M situó en primer plano el rechazo frontal a las medidas de ajuste, recortes sociales y rebajas salariales que el FMI, Bruselas y los Botín de turno habían dictado.

Uniendo a ello el cuestionamiento del modelo bipartidista y la clase política gracias a los cuales pueden ejecutarlos imponiéndose sobre el 90% de la población. 

En el transcurso de las movilizaciones se avanzó en señalar quienes son los enemigos a los que nos enfrentamos: la gran banca detrás de los desahucios, las imposiciones del FMI, el BCE y la Troika detrás de los recortes.

Y se extendió la exigencia de una democracia real, rechazando la idea de una democracia exclusivamente representativa, donde los electores depositan su voto cada cuatro años para elegir a sus representantes, sin tener prácticamente ninguna otra opción de participar y decidir en los asuntos públicos que les afectan directamente.

Una corriente que recorrió todo el país

En los reportajes de los grandes medios al referirse al 15-M suele hablarse únicamente de las movilizaciones en las grandes ciudades, del activismo de la juventud o de la actividad de los sectores integrados en la izquierda.

Es evidente que en el 15-M hubo quien abrió camino y sostuvo con mayor voluntad y dedicación las movilizaciones. Pero reducirlo a un “movimiento de protesta generacional” o limitado a un espectro político es faltar a la verdad. La realidad es que el 15-M fue una corriente que penetró y activó toda la sociedad y toda la nación, representando las aspiraciones y deseos, hasta entonces no formulados, del 90% de la población.

Tuvo su epicentro en la madrileña Puerta del Sol, pero a los pocos días se había extendido a las principales ciudades españolas. En Barcelona, Bilbao o Vigo se unian e identificaban con los “indignados” madrileños. Y el movimiento se extendió desde los barrios a muchos pueblos, inundando toda la geografía española de punta a punta.

Fue, en los hechos, un nuevo momento de vertebración nacional, donde por encima de divisiones y enfrentamientos, lo mejor y más avanzado de todos los territorios de España se unía en torno a una voluntad de cambio.

Lejos de ser un movimiento de la juventud o de la izquierda, el 15-M se ganó el apoyo de la mayoría de la población. 

Según las encuestas, 2 de cada tres españoles simpatizaban con el movimiento y apoyaban sus reivindicaciones. Entre 0,8 y 1,5 millones participaron activamente, y entre 6 y 8,5 millones lo hicieron esporádicamente. De quienes lo apoyaron solo el 53% se declaraba de izquierdas.

Esta es una mayoria mucho más amplia que las divisiones “generacionales” o entre “izquierda” y “derecha”. 

El 15-M fue el elemento que permitió expresarse, por primera vez, al 90% de la sociedad. Estableciendo en los hechos que hay una amplísima base de masas para un proyecto de cambio real.

Fue entonces, en las plazas y las asambleas, cuando se fraguó la irrupción de un vendaval tan popular -encabezando la lucha contra los recortes- como patriótico -fortaleciendo la unidad en el conjunto del pueblo español en torno a la defensa de nuestros intereses comunes-. 

El auge de las movilizaciones de las mareas sectoriales, y los éxitos que han conseguido, o el avance político en el ciclo electoral de 2016-2017 de la mayoría progresista no se entendería sin la explosión del 15-M.

Un nuevo Estado todavía “nonato”

Por mucho que haya quien hable de él en pasado, reconociendo condescendientemente sus aportaciones pero dándolo por muerto y enterrado, el 15-M sigue hoy ejerciendo una enorme influencia, presente en cada movilización, en cada lucha, en cada batalla política.

El legado del 15-M no puede reducirse a un impulso “reformista”, concentrado casi en exclusiva en la lucha contra la corrupción y los excesos de la clase política. Del que participan las posiciones que conducen la indignación popular únicamente hacia el combate a “una trama que patrimonializa las instituciones”. 

El 15-M prefiguraba en los hechos un nuevo orden en España al servicio de los intereses de la mayoría. Así se expresaba en todos sus llamamientos, en las discusiones en las asambleas, en las propuestas prácticas presentadas en todos los ámbitos.

Y aunque muchas veces no apareciera de forma consciente, la España que se exigía desde las plazas chocaba frontalmente con las condiciones impuestas por el dominio del hegemonismo norteamericano, de la Europa alemana y de la oligarquía española.

La realización de las demandas presentadas por el 15-M no podía realizarse a través de una “reforma” o “regeneración” del actual orden, exigía ponerlo todo del revés, un cambio revolucionario.

Y lejos de “ahuyentar” a la población, esta radicalidad hizo que el 15-M se granjeara un apoyo mayoritario entre todos los sectores sociales.

Aunque todavía no realizadas, las aspiraciones a un cambio real que se expresaron a través del 15-M siguen muy presentes en la sociedad española.

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