El 21 de junio los colombianos debían elegir entre dos caminos completamente antagónicos. El que representa el ultraderechista Abelardo de la Espriella, respaldado por Trump y por los sectores más reaccionarios de las élites colombianas, y el que encarnaba el izquierdista Iván Cepeda, sucesor de Gustavo Petro.
Finalmente, en los comicios más ajustados de la historia colombiana y por menos de un punto de ventaja, el ultra ha ganado las elecciones. El hegemonismo y la oligarquía colombiana han conseguido dar un zarpazo.
Comienza un gobierno que promete ser hiperreaccionario y represivo para Colombia. Pero la polarización y la extensa movilización de los sectores populares auguran una aguda lucha de clases y un panorama convulso.
Pocos días antes de la decisiva segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, todas las encuestas hablaban de una contienda muy ajustada entre el camino de continuidad del petrismo que representa Cepeda, y el drástico giro a la ultraderecha que significa De la Espriella. Y dentro del empate, todos los sondeos señalaban una ligera ventaja para el candidato designado por Trump para volver a anclar a Colombia en la órbita norteamericana.
Al cierre de esta edición, pocas horas después de cerrar los colegios electorales, De la Espriella se perfila ya como ganador, aunque por menos de un punto (49,66% frente al 48,70% de Cepeda), alrededor de 250.000 votos. Su oponente ya ha reconocido los resultados del preconteo.
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El vicario de Trump en Colombia
De la Espriella tiene detrás un historial tan turbio como tenebroso. Este abogado millonario de 47 años ha defendido a lo largo de toda su carrera a reos vinculados al narcotráfico, al paramilitarismo de extrema derecha, al contrabando y al lavado de dinero, pero eso no le ha impedido presentarse como «azote de los delincuentes» con un programa de «mano dura contra el crimen» y de represión sin límite que emula medidas como las macrocárceles de Nayib Bukele en El Salvador.
El ultraderechista promete imitar a Javier Milei y su política de la «motosierra», con recortes y ajustes salvajes (de hasta el 40%) contra las tímidas e incipientes políticas sociales que ha llevado adelante el gobierno de Petro, en uno de los países más desiguales del mundo, donde el 28% de la población vive bajo el umbral de la pobreza, donde el 1% más rico de la población concentra aproximadamente el 18% de los ingresos, mientras que la mitad más pobre solo recibe cerca del 7%. Pero estas políticas antipopulares y escandalosamente pro-élites no le impide rodearse de grupos ultracatólicos y evangélicos para lanzar sus proclamas de odio.
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Entre la intervención norteamericana y la movilización popular
Estas elecciones en Colombia se han celebrado bajo un doble influjo. Por un lado, bajo el signo de la intervención de EEUU y de la nueva «doctrina Monroe» de Trump. Por otro lado, bajo la influencia de la lucha de importantes sectores populares, que se niegan a aceptar un gobierno de ultraderecha, alineado con el trumpismo y decidido a llevar adelante las más lesivas, entreguistas y reaccionarias políticas.
Como tantas otras veces, Trump no tuvo empacho en intervenir un proceso electoral latinoamericano, señalando quién es su delfín en la política colombiana. «Es un honor darle mi apoyo [a De la Espriella]», dijo el presidente norteamericano en Truth Social. «Como presidente, Abelardo tendría un éxito tremendo al liderar a Colombia para hacer crecer la economía, crear empleo, promover el comercio, detener la inmigración ilegal, tomar medidas enérgicas contra el crimen y las drogas, y restablecer la ley y el orden». Tampoco didó en calificar a Cepeda como «un marxista de la izquierda radical» y en advertir que el resultado de estas elecciones tendría consecuencias en las relaciones entre Colombia y EEUU.
En la noche electoral Trump no esperó a que acabase el conteo definitivo para celebrar la victoria del ultra, lo mismo que De la Espriella no tardó ni un segundo para llamar a Washington y quedar a su disposición. Marco Rubio aseguró que la Casa Blanca está muy dispuesta a trabajar con el nuevo Gobierno de Colombia. “La Administración Trump espera colaborar estrechamente con su próxima administración para impulsar la cooperación en materia de seguridad regional, poner fin a la inmigración ilegal a Estados Unidos y fortalecer nuestros lazos económicos. El futuro de Colombia está por venir”.
Colombia comienza ahora una presidencia marcada por políticas ultrareaccionarias, entreguistas y serviles hacia Trump. Pero como ya le ocurrió en 2019 a Ivan Duque, De la Espriella va a tener en frente una contundente y masiva respuesta popular
