Elecciones presidenciales en Francia

Unas elecciones decisivas… para Francia y para Europa

Las elecciones presidenciales francesas son decisivas para una Europa que está en una encrucijada. Macron parte como favorito, pero las profundas contradicciones sociales de Francia hacen que el balotaje esté más abierto que nunca.

En estas elecciones francesas hay en juego mucho más que quién va a ser el ocupante del Elíseo durante los próximos cuatro años. Mucho más que las políticas que van a regir los destinos de Francia. Por el enorme peso específico de Francia en la Unión Europea -y más en unos momentos donde Alemania parece haber perdido cierta iniciativa- en estas elecciones presidenciales se juega el rumbo, o incluso el destino inmediato de un proyecto europeo que, más que nunca -ante la guerra de Ucrania, el desafío de Rusia y el redoblado esfuerzo de EEUU por encuadrar a sus vasallos- está en la encrucijada.

Como en el caso de las recientes elecciones alemanas, de lo que pase en estas elecciones francesas -quién gane en la segunda vuelta, pero también cómo gane, con qué correlación de fuerzas cuente para gobernar el país- van a depender cuestiones tan decisivas, para Europa y para España, como la respuesta a la guerra en Ucrania, las medidas que se tomen contra el Kremlin, el plan europeo para lidiar con las consecuencias económicas, comerciales, energéticas, de refugiados, etc… del conflicto. Pero también -Francia preside el Consejo de la Unión Europea desde el 1 de enero al 30 de junio- qué liderazgo va a tener la UE, o qué reglas fiscales o de deuda se van a acordar.

Macron es la opción principal de la clase dominante francesa y de los centros de poder europeos, y por supuesto de EEUU. Representa una línea más o menos moderada en lo internacional, con algunos tintes socialdemócratas en lo social y liberales en economía. Aunque defiende cierta autonomía de Francia con respecto a la OTAN y a EEUU, encarna la permanencia de París en la Alianza Atlántica y el encuadramiento, en lo principal, de la potencia gala en el diseño geopolítico de Washington.

Frente a él, Marine Le Pen -que todavía está pagando a un banco ruso controlado por el Kremlin los créditos de la campaña electoral de 2017- defiende la alianza con Rusia, la salida de Francia de la estructura militar de la OTAN y -en los hechos- el abandono o el alejamiento de París de la UE. Si Le Pen ganara en la segunda vuelta de las presidenciales, un terremoto político de primera magnitud, y de imprevisibles condiciones sacudiría Europa, comprometiendo -mucho más de lo que lo hizo el Brexit- seriamente el futuro mismo de la Unión.

De lo que pase en estas elecciones francesas -quién gane en la segunda vuelta, pero también con qué fuerza gane- van a depender cuestiones decisivas para Europa

Macron y Le Pen disputarán una segunda vuelta más abierta que nunca

Por segunda vez, Macron (27,6% de los votos) y Le Pen (con el 23,4%) pasan a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas.

A pesar de que la ventaja que tiene Macron sobre Le Pen (4 puntos) es levemente superior a la de 2017 (2,8 puntos) se prevé una segunda vuelta mucho más ajustada y abierta, en absoluto una reedición de su anterior balotaje, donde Macron barrió a la ultraderechista con el 66% de los votos.

En tercera posición quedó, tan cerca de Le Pen que muchos creyeron posible un sorpasso a medida que avanzaba el escrutinio, la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, con un 21,95%. Estas tres opciones (centro-derecha oficialista, extrema derecha e izquierda alternativa) suman más de siete de cada diez electores y aglutinan el voto útil de los ciudadanos.

El resultado de este movimiento hacia el voto útil es el mediocre resultado de Zemmour, con un 7,2%. Y el descalabro de Los Republicanos (LR), el partido histórico de la derecha moderada, y el Partido Socialista (PS). Valérie Pécresse, candidata de LR, sacó un 4,8%. Anne Hidalgo, del PS, un 1,7%. El ecologista Yannick Jadot se queda con un 4,8%.

¿Qué pasará en la segunda vuelta?

De entrada, la mayoría de los candidatos que han quedado descabalgados en esta primera vuelta han anunciado que pedirán el voto por el actual presidente. Hidalgo, Jadot y Roussel llamaron a votar por Macron en la segunda vuelta, lo mismo que la candidata de la derecha, Valerie Pécresse. El candidato de la Francia Insumisa, Mélenchon, evitó dar una consigna a favor de Macron o decir a quién votará él, pero repitió tres veces a sus seguidores: “No hay que dar ni un solo voto a la señora Le Pen”. Sólo el ultraderechista al cuadrado Zemmour llamó a votar a Le Pen.

Macron parte como favorito en la segunda vuelta, sí. Pero si hay algo que está claro es que, en Francia dos y dos no siempre son cuatro.

Previsiones de los sondeos para la segunda vuelta de las presidenciales (24 marzo)

Pero si hay algo que está claro es que en Francia dos y dos no siempre son cuatro. Una buena parte de los votantes de la izquierda -hasta una cuarta parte de los de Mélenchon, según algunos estudios- podrían dar primacía a su profundo rechazo por Macron y votar por Le Pen. Aunque el veto republicano vaya a funcionar (en lo principal) y Macron parta como favorito -para el electorado y para la clase dominante francesa- hay un enorme voto del desencanto y de la indignación que podría acercar, dicen los sondeos, a Le Pen al 46% de los votos en la segunda vuelta.

Y con ese margen tan estrecho, y con una situación nacional e internacional tan convulsa y cambiante, nada será seguro hasta que se abran las urnas el domingo 24 de abril.

El viejo bipartidismo francés se hunde

Se ha confirmado una tendencia que lleva agudizándose desde 2008: el absoluto e irreversible hundimiento del viejo bipartidismo francés.

Las dos fuerzas que durante décadas se han alternado en el poder y han vertebrado Francia (socialistas y republicanos), han tenido una debacle sin paliativos. El paupérrimo resultado de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, que logra un magro 1,7%, significan la práctica disolución del Partido Socialista Francés, que hace menos de una década estaba en el Elíseo. Y la alternativa oligárquica de la derecha gaullista, Valerie Pecresse -una especie de mezcla entre Merkel y Thatcher a la francesa- saca un pobre 4,8%.

Estas elecciones consolidan el duopolio entre Macron y Le Pen en el nuevo sistema, con una tercera pata que es la de la izquierda radical de Mélenchon.