Un trimestre decisivo

España se encamina en los próximos tres meses hacia lo que los hombres de la mar llamarí­an «una tormenta perfecta». Es decir una conjunción de factores económicos, polí­ticos y sociales capaces de desatar múltiples chispas, cada una de las cuales puede convertirse en el desencadenante de importantes conmociones polí­ticas y sustanciales cambios en la correlación de fuerzas.

En rimer lugar, quien crea que lo peor de las turbulencias ha pasado con los ataques desatados contra la deuda y la economía española los pasados meses de mayo y noviembre, es que no conoce ni la naturaleza de los enemigos a los que nos enfrentamos ni el carácter depredador de su proyecto. Peligro de rescate En el próximo año, nuestro país se enfrenta al reto de refinanciar cerca de 300.000 millones de deuda, cuyo vencimiento se concentra en gran parte en los tres primeros meses del año. El Estado ha de recaudar nueva deuda por valor de 170.000 millones de euros, las autonomías 30.000 y la banca otros 90.000. Que nadie dude que las grandes oligarquías financieras y las principales potencias, encabezadas por EEUU y Alemania, van a tratar de aprovechar esta coyuntura para avanzar en su proyecto de rebajarnos salarios y rentas un 40 o un 50% e intervenir política y económicamente a España a través de un plan de “rescate” como han hecho con Grecia o Irlanda. Las tasas de interés que está pagando la deuda pública española –y que inmediatamente se traslada a los costes de la deuda privada– están ya en un 5,75%, nivel que se acerca peligrosamente al límite de lo insostenible. Ni la batería de recortes, rebajas y reformas del gobierno Zapatero ha sido capaz de detener su escalada. En cada oleada de turbulencias (mayo, noviembre,…) el interés que hemos de pagar alcanza un nuevo máximo, que se convierte en el punto de partida desde donde comienza su nuevo ascenso en el siguiente ataque. La mal llamada crisis de la deuda –y que no es sino el flanco débil por el que las grandes potencias atacan a los países dependientes de ellas–, tras la caída de Grecia e Irlanda ha dejado a España y Portugal en la primera línea de fuego, al borde de caer en el abismo de un plan de recate a poco que se le dé el empujón final. Y la decisión última sobre cómo y cuándo darlo no reside, en lo principal, en factores internos, sino en los planes y cálculos de los grandes centros de poder político y financiero con sede en Washington y Berlín. La reciente amenaza de la agencia de calificación Moody´s de volver a rebajar la solvencia de la deuda española ha sido sólo un primer aviso. Y la experiencia de este año demuestra que van a encontrar en el gobierno Zapatero –y más en general, en la mayor parte de la clase política– a un fiel y sumiso servidor de sus dictados. Zapatero y la caja de Pandora El anuncio de Zapatero de que ha tomado ya una decisión sobre su continuidad al frente del Gobierno y del PSOE, pero que no lo va a hacer público de momento ha puesto una nueva ficha sobre el tablero político y ha permitido empezar a vislumbrar el interior de la autentica caja de Pandora en que se ha convertido el PSOE. El descalabro absoluto al que se encamina el PSOE bajo su liderazgo amenaza con ser de proporciones históricas. Todas las encuestas le dan entre 14 y 19 puntos por debajo del PP. Al reciente hundimiento del PSC en Cataluña, se suman los pronósticos de una mayoría absoluta del PP en Andalucía y la pérdida del gobierno en Castilla-La Mancha, dos de los feudos histórico del PSOE a lo largo de los últimos 30 años. El hundimiento de la credibilidad y el brutal retroceso electoral que se anuncia con Zapatero al frente, podría llevar al PSOE –como ya le ha ocurrido en Cataluña– al peor resultado de su historia, retrocediendo 33 años a niveles inferiores incluso a los que obtuvo en las primeras elecciones democráticas de 1977, en las que no llegó a alcanzar el 30% de los votos emitidos. Es esta situación de crisis política y quiebra electoral, alimentada por el mismo Zapatero con sus declaraciones, la que abre el interrogante de cómo va a reaccionar el PSOE como aparato, como estructura de poder. Qué va a hacer el PSOE, como va a lidiar con esta situación, qué respuesta va a dar a este autentico “Lehman Brothers electoral” al que lo está conduciendo Zapatero se ha convertido en una de las claves que va a determinar la situación política y la correlación de fuerzas en los próximos meses. La intensidad de las tensiones internas y las presiones de todo tipo son directamente proporcionales a lo mucho que se juega el PSOE en cada una de las autonomías y municipios donde su histórica hegemonía ha pasado a estar en el aire. Décadas de poder territorial acumulado, cientos y cientos de empresas públicas y privadas (pero que dependen de los decretos, los contratos o las subvenciones de la administración), miles y miles de cuadros habituados a vivir del presupuesto público,… ¿Cómo van a reaccionar los barones regionales y municipales del PSOE ante el tsunami electoral que se les viene encima? ¿Es pensable que permanezcan impasibles a medida que se acercan las elecciones autonómicas y municipales de mayo, mientras el hundimiento de Zapatero hace huir a su base de votantes? La política de Zapatero de acatar los ataques y recortes que vienen dictados desde Washington y Berlín necesariamente tiende a provocar grietas y fisuras cada vez mas amplias en la estructura del PSOE. El críptico mensaje sobre su reelección no es sino una manifestación visible de que las aguas revueltas en el seno del PSOE han alcanzado un punto crítico próximo al desbordamiento. Previsiblemente, el PSOE se encamina hacia la renovación del liderazgo mediante un equipo nuevo que no haya tenido ninguna responsabilidad en la gestión de la crisis. Y este relevo, ya veremos si en lo principal consensuado o relativamente traumático, va ser un factor nuevo de hondas consecuencias en la situación política. La batalla de las pensiones En medio de esta inminente sucesión de turbulencias económicas y políticas, la batalla por el referéndum contra la reforma de las pensiones debe convertirse en un elemento político cualitativo para catalizar el creciente rechazo e indignación del 90% de la población –convertido esporádicamente en explosiones de ira popular, como el ocurrido en Murcia en víspera de Nochebuena– contra los ataques de nuestros enemigos. Por primera vez desde que estalló la crisis tenemos condiciones para obligarles a dar la batalla en el terreno más desfavorable para ellos. Llevados de su desenfrenada voracidad, los grandes capitales nacionales y extranjeros se han metido en un terreno pantanoso, el de las pensiones, donde su capacidad de maniobra es limitada. En ningún otro terreno como en el de la reforma de las pensiones se dan condiciones más favorables para conseguir la más amplia unidad del 90% de la población. Y ésta, como sabemos sobradamente por experiencia, es clave para ganar cualquier batalla. Son ya infinidad los ataques y agresiones de todo tipo que el gobierno Zapatero, al dictado de Washington y Berlín, ha perpetrado contra los intereses populares. Podemos disparar al mismo tiempo y con la misma intensidad contra todos ellos, dispersando nuestra capacidad de lucha o, por el contrario, concentrar toda nuestra potencia de fuego en torno a un único punto, aquel en que más débiles son ellos y más fuertes somos nosotros. La exigencia del referéndum no sólo significa asestar un golpe en un punto cualitativo para frenar sus agresivos planes de recortes, rebajas y reformas, sino hacer posible que empiece a cambiar la correlación de fuerzas, haciendo que se abra paso y coja fuerza la alternativa de que sí existe otro camino de salida a la crisis basado en la redistribución de la riqueza, el ahorro y la inversión productiva. Estamos, por tanto, en una batalla y ante una campaña cuyo protagonismo debe corresponder, junto a toda la gente a título individual que la apoye con su trabajo de recogida de firmas –y que serán muchos miles, decenas de miles de personas–, a todas las fuerzas sindicales, sociales, ciudadanas o políticas que consideramos que ha llegado el momento de levantar un amplio frente de unidad para detener el alarmante y abrumador saqueo que las grandes potencias –con la conformidad del gobierno y de buena parte de la clase política– están lanzando contra nuestro país y nuestro pueblo.