Las movilizaciones populares se multiplican en 2026

Un país en pie

¿Cuántas huelgas se están realizando en España en estos momentos? Como referencia, cojamos los datos más actualizados de las estadísticas del ministerio del Interior, los referidos a enero y febrero. En los dos primeros meses del año se realizaron 113 huelgas... casi cuatro huelgas diarias de media.

Casi toda la atención mediática se concentra en los casos de corrupción. Pero esta es solo una parte de la realidad.

La huelga de profesores ha saltado a los titulares y los telediarios. Su amplitud, y el enorme apoyo social que sus justas reivindicaciones se han ganado, la ha colocado en el centro de la actualidad.

No es un rayo en cielo sereno. Es la punta más visible de un enorme iceberg de luchas y movilizaciones que recorren el conjunto del país.

La huelga de profesores es emblemática. La inmensa mayoría de la población la apoya. Está en juego el futuro de la educación pública. Adquiere su máxima expresión en Valencia o Cataluña, y ya se se extiende a otros territorios, como Madrid. Pero no estamos ante una sola movilización, sino frente a un mar de luchas.

¿Cuántas huelgas se están realizando en España en estos momentos? Como referencia, cojamos los datos más actualizados de las estadísticas del ministerio del Interior, los referidos a enero y febrero. En los dos primeros meses del año se realizaron 113 huelgas… casi cuatro huelgas diarias de media.

¿Son más o menos que el año pasado? Si contamos las convocatorias de huelga que han llegado al Servicio Interconfederal de Mediación y Arbitraje en los tres primeros meses del año… ¡se han multiplicado por cuatro!

Este es el país real. Uno que no asiste pasivo y en silencio a los escándalos de corrupción. Sino que por el contrario lucha y se moviliza… y lo hace ahora más que antes.

Sucede en todas las comunidades, en casi todos los sectores, en las grandes ciudades y en el mundo rural.

Se mantienen las movilizaciones reclamando el fin de la guerra en Oriente Medio y acabar con el genocidio en Gaza. Se suceden las movilizaciones en defensa de las pensiones públicas, contra cualquier intento de recortarlas y privatizarlas. Se multiplican las acciones para detener el atraco de la vivienda, con una oleada de manifestaciones en todo el país. Las luchas por defender la sanidad pública movilizan a centenares de miles de personas. Una catarata de sectores se levantan contra la precarización y para mejorar sus condiciones laborales.

Es algo estructural. No se desarrollan solo en las comunidades gobernadas por la derecha. Hay huelga de profesores en Valencia, gobernada por el PP, pero también en Cataluña, presidida por los socialistas.

Y son luchas que se desarrollan al margen de los partidos. Ninguno puede hegemonizarlas y dirigirlas. Están impulsadas por los sindicatos, la principal plataforma de lucha, responsable de la mitad de las movilizaciones. Y por una marea de plataformas de luchas.

Y conviene poner en primer plano un hecho frecuentemente olvidado, o sistemáticamente borrado. Esta oleada de luchas recorre toda la sociedad. Pero está encabezada por la clase obrera. Aunque no aparezcan en los grandes medios, estamos viviendo una marea de movilizaciones obreras. La huelga del metal en Vigo, con la unidad de todos los sindicatos, y que se ha saldado con un enorme éxito, un aumento salarial del 15%, es la punta de lanza de esta realidad demasiadas veces oculta.

Claudia Arcoba

.

La inflación recorta los salarios

La gasolina del incendio

Un mismo hilo une la gran mayoría de las movilizaciones que sacuden el país. Se llama salarios recortados. La inflación ha subido mucho más que nuestro sueldos. Y eso significa que nuestro nivel de vida se ha recortado. A esto se añade la sangría que para muchos supone el disparatado nivel de los alquileres o las cuotas hipotecarias.

Cuanto más aumenta el atraco sobre la población, más se incrementan las movilizaciones.

España va bien, pero la población no. Esta frase resume lo que sucede en el país. Encabezamos el ránking de crecimiento de la UE, y el gobierno presume de unas muy buenas cifras macroeconómicas. Pero la mayoría vemos recortado nuestro nivel de vida. Porque la inflación devora los salarios, la salvaje subida del alquiler, el precio de la vivienda se convierte en un factor de empobrecimiento, o se degradan, para privatizarlas, la sanidad y la educación públicas… Mientras bancos, monopolios y capital extranjero, principalmente el norteamericano, pulverizan récords de ganancias.

Fijémonos en la huelga de profesores. En Valencia las y los docentes llevan veinte años con los salarios congelados. En realidad su sueldo se ha recortado. Gracias a la inflación han perdido un 20% de poder adquisitivo. Esto significa que, en términos reales, cobran entre 340 y 550 euros menos al mes. En Cataluña la situación de profesoras y profesores es peor. Desde 2010 han perdido un 22% de poder adquisitivo. O lo que es lo mismo, su salario real se ha recortado 517 euros al mes.

En los últimos siete años el salario mínimo ha subido un 61%, pasando de 735 a 1.184 euros. Es una excelente noticia que beneficia a entre 2,3 y 2,5 millones de trabajadores. Pero esto no puede detener el empobrecimiento a que se condena a la mayoría.

Desde 1995 el PIB español ha subido un 347%. Los dividendos que reparte el Ibex-35 sí han subido acorde a este crecimiento, se han incrementado un 373%. Pero el salario real de los trabajadores apenas ha subido un 5%. Es decir, prácticamente lleva más de dos décadas congelado. En el conjunto de la OCDE, los países de capitalismo desarrollado, el salario real ha subido desde 1995 un 31%. Seis veces más que en España.

Y desde 2015 estas cuentas, las que nos interesan porque miden lo que cobramos realmente, nos salen “a pagar”. Nuestro salario real se ha recortado un 5% en los últimos 10 años.

Tras ocho años de gobierno de coalición de izquierdas, este recorte salarial en términos reales no solo no se ha detenido sino que ha avanzado.

Esta es la gasolina que alimenta el incendio social, traducido en un incremento de las luchas y movilizaciones.

El problema es estructural, y la solución también debe serlo. No hay “colchón social” que pueda contener el recorte del salario real, a golpe de subida de precios, o el disparatado incremento de los alquileres.

Es necesario subir los salarios de la mayoría, no solo el salario mínimo, hasta recuperar el poder adquisitivo perdido.

Hay que tomar medidas drásticas para acabar con el atraco de la vivienda, de forma que el alquiler o la hipoteca no se convierta en una losa.

Un programa para mejorar las condiciones de vida de la mayoría que debe financiarse a través de una auténtica política de Redistribución de la Riqueza. Si recortamos los beneficios de bancos, eléctricas, petroleras, fondos extranjeros… que se han triplicado en los últimos veinte años, hay dinero de sobra.