Un mundo de tres monedas de reserva

«En la medida en que algunos paí­ses en ví­as de desarrollo se conviertan en conductores principales del desarrollo económico global y dependan menos del dólar de EEUU en sus intercambios financieros, la divisa estadounidense irá integrando cada vez más el trí­o de monedas de reserva, junto con el euro y el renminbi»

Tomando en cuenta la areciación constante del valor del yuan y las enormes reservas monetarias chinas, sólo será cuestión de tiempo que el yuan logre la condición de moneda de reserva, según sugiere un articulo del Wall Street Journal del 2 de junio, en referencia al poder creciente de las finanzas chinas. A la par, se ha comenzado a cuestionar la capacidad de crédito de EEUU, como bien señaló la agencia Moody’s el 2 de junio, al advertir que si el Gobierno estadounidense no consigue controlar su galopante déficit, la entidad le disminuirá su calificación crediticia. “Un grado menos significaría tipos de interés más altos (en los momentos menos indicados), lo que redundaría en la pérdida de la excepcionalidad de EEUU, que quedaría así expuesto a las duras pruebas a que suelen someterse todas las demás naciones”. (DIARIO DEL PUEBLO) THE WASHINGTON POST.- Una rebaja de calificación o un default real podría reducir la voluntad de estos países para hacer negocios en dólares, poniendo en peligro el cobro de los efectos comerciales y otras cartas de créditos en el proceso. Los últimos casos de soberanos morosos, como Argentina y Rusia, demuestran que es difícil reiniciar el comercio una vez que un vendedor no está seguro de ser pagado en una moneda que representa una reserva de valor y se considera "dinero bueno". Si a nuestro gobierno no le importa un bledo el billete verde y su solvencia, ¿por qué deberíamos esperar que otros protejan su estatus como moneda de reserva? – un privilegio que, por cierto, se calcula que reduce nuestros gastos en intereses en 30 mil millones de dólares al año. La respuesta a nuestra moderna pregunta hamletiana, entonces, es que no debe haber ninguna duda en absoluto. El techo de la deuda debe ser elevado y no ser rehén de las negociaciones presupuestarias. No se metan con el techo de la deuda, Washington. Los vigilantes de los bonos y de la moneda se lo harán pagar. THE WALL STREET JOURNAL.- La complacencia que exhiben los inversores pone de relieve la opinión consensuada de que los legisladores se sacarán un acuerdo de la chistera en el último momento. El sentimiento común en Wall Street es que los inversores no pueden ser tan estúpidos como para permitir que EEUU impague. Pero, ¿y si lo fueran? En ese caso, es posible que a los mercados les depare una caída peor de la que se produciría si sucediera lo impensable y EEUU incurriese en algún tipo de mora o tuviera que decidir el orden de prioridad de los pagos. China. Diario del Pueblo Un mundo de tres monedas de reserva En la medida en que algunos países en vías de desarrollo se conviertan en conductores principales del desarrollo económico global y dependan menos del dólar de EEUU en sus intercambios financieros, la divisa estadounidense irá integrando cada vez más el trío de monedas de reserva, junto con el euro y el renminbi, advierte Paul Kennedy, renombrado historiador, en un artículo de opinión colgado en el portal de Bloomberg Businessweek el 6 de julio de 2011. Según Kennedy, las semanas recientes han atestiguado un agitado debate entre banqueros y economistas con respecto a las posibles reacciones globales ante el desplazamiento que sufriría el dólar de su pedestal como única moneda de reserva mundial. Tomando en cuenta la apreciación constante del valor del yuan y las enormes reservas monetarias chinas, sólo será cuestión de tiempo que el yuan logre la condición de moneda de reserva, según sugiere un articulo del Wall Street Journal del 2 de junio, en referencia al poder creciente de las finanzas chinas. A la par, se ha comenzado a cuestionar la capacidad de crédito de EEUU, como bien señaló la agencia Moody’s el 2 de junio, al advertir que si el Gobierno estadounidense no consigue controlar su galopante déficit, la entidad le disminuirá su calificación crediticia. “Un grado menos significaría tipos de interés más altos (en los momentos menos indicados), lo que redundaría en la pérdida de la excepcionalidad de EEUU, que quedaría así expuesto a las duras pruebas a que suelen someterse todas las demás naciones,” dijo Kennedy. No está de más acudir a otras posibilidades si resulta factible, indicó Kennedy, refiriéndose al incierto futuro del dólar. De hecho, solamente un 61 por ciento de las reservas extranjeras se denominan en dólares, y la cifra cae cada año. “Después de todo, las tres mayores economías del mundo para 2025 serán Estados Unidos, la UE y China. Entonces no hay razón para que sólo una de ellas cargue con la responsabilidad de tener la única moneda de reserva.” Pero EEUU deberá arrostrar consecuencias enormes si esto sucede antes de 2025, ó 10 años más tarde, dijo Kennedy, pues la transición tendrá un costo. “Ya han quedado en el pasado los tiempos cuando EEUU podía salir de sus deudas colosales imprimiendo más dólares, algo que ningún otro país podía hacer. Para entonces el resto del mundo tendría otras opciones, y Moody’s y sus agencias hermanas calificadoras de capacidad crediticia seguirían degradando las calificaciones de EEUU, convirtiéndolo en un país normal que debería adoptar las mismas medidas reguladoras impositivas de países como Alemania o Suiza.” DIARIO DEL PUEBLO. 14-7-2011 EEUU. The Washington Post Advertencia a Washington: no te metas con el techo de la deuda Bill Gross Aumentar o no aumentar el techo de la deuda, esa es la cuestión: si es más noble soportar la crisis y los dardos del incumplimiento hoy o en un futuro lejano. Oh, bardos de Washington, dadnos vuestra respuesta. Este dilema financiero de Shakespeare está en juego desde ahora hasta teóricamente e 2 de agosto, pero le puedo decir lo que un administrador de inversiones imparcial piensa: No se metan con el techo de la deuda. Aumentarlo sin trabas, si es necesario. Digo imparcial porque mis credenciales se han hecho muy públicas en los últimos meses. Pimco, posee muy pocos bonos del Tesoro, y sus clientes se beneficiarían en teoría si los rendimientos de una clase de activos que en propiedad están técnicamente en default crecieran. Sin embargo, la quiebra seguiría siendo muy negativa para EEUU y los mercados financieros globales, introducirían el miedo y una volatilidad innecesaria en la economía y el comercio mundial. La situación del mercado podría parecerse a lo que ocurrió después de que Lehman Brothers quebrara en 2008. Los republicanos del Congreso y los candidatos presidenciales del Partido Republicano rebaten esta conclusión casi unánimemente. El portavoz de la Cámara de Representantes, John Boehner, resume la posición republicana mejor, diciendo que "es cierto que permitir que los valores de Estados Unidos cayeran en impago sería una irresponsabilidad. Pero sería más irresponsable aumentar el techo de la deuda sin… tomar medidas drásticas para reducir el gasto". La responsabilidad en este caso no es, sin embargo, un asunto cualquiera. Un default real –o incluso su amenaza– podría desencadenar una reacción en cadena que podría aumentar los rendimientos de los bonos del Tesoro en 25 puntos básicos (un cuarto de punto porcentual) o más, elevando el costo de la deuda a través de los mercados financieros de América. Moody, la agencia de calificación de bonos, ha puesto justo el miércoles la calificación crediticia AAA de Estados Unidos en revisión para una rebaja potencial, creando turbulencias en los mercados de acciones y bonos. Si un extra de 25 puntos básicos se convierte en el nuevo punto de referencia, los gastos federales en intereses podrían aumentar entre 30 y 40 mil millones anuales de dólares en los años siguientes, mientras que 1,5 billones de dólares de nueva deuda se emiten cada año fiscal, complicando los esfuerzos para reducir el déficit presupuestario. Los inversores en bonos son muy conservadores. Sólo reciben un 1,6% de promedio en los vencimientos del Tesoro estos días, pero esperan tener la certeza de cuándo, y si, van a ser reembolsados. Los países de los que se conjetura, o de los que se espera, la quiebra son castigados severamente, como se refleja en el 20% de los rendimientos de los bonos de Grecia o incluso en el 5 al 6% de una Italia clasificada como AA–. Nos guste o no, James Carville [asesor de Clinton, autor de la famosa frase “es la economía, estúpido”], los gerentes globales de inversión tienen opciones mundial en estos días, y unos solventes Alemania o Canadá, sólo necesitan una transferencia a distancia de miles de millones de dólares en inversiones potenciales que buscan un refugio más seguro. Hay una preocupación adicional. El dólar de EEUU es la moneda de reserva mundial, produciendo liquidez diaria para miles de millones de dólares de transacciones comerciales entre las naciones. El dólar ganó ese estado por décadas de conservadurismo en el balance y de fuerte crecimiento económico. Ahora, como la relación entre la deuda federal y el producto interior bruto se arrastra cerca del 100% –representativo de un estatus AA, no AAA– y nuestra tasa de crecimiento sigue anclada a una tasa del 2% anual, los países que tienen excedentes de reservas (China y los paises exportadores de petróleo) se están replanteando sus preferencias de divisas. Una rebaja de calificación o un default real podría reducir la voluntad de estos países para hacer negocios en dólares, poniendo en peligro el cobro de los efectos comerciales y otras cartas de créditos en el proceso. Los últimos casos de soberanos morosos, como Argentina y Rusia, demuestran que es difícil reiniciar el comercio una vez que un vendedor no está seguro de ser pagado en una moneda que representa una reserva de valor y se considera "dinero bueno". Si a nuestro gobierno no le importa un bledo el billete verde y su solvencia, ¿por qué deberíamos esperar que otros protejan su estatus como moneda de reserva? – un privilegio que, por cierto, se calcula que reduce nuestros gastos en intereses en 30 mil millones de dólares al año. La respuesta a nuestra moderna pregunta hamletiana, entonces, es que no debe haber ninguna duda en absoluto. El techo de la deuda debe ser elevado y no ser rehén de las negociaciones presupuestarias. No se metan con el techo de la deuda, Washington. Los vigilantes de los bonos y de la moneda se lo harán pagar. *Cofundador y gestor de Pimco, mayor fondo del mundo en inversión en deuda pública THE WASHINGTON POST. 14-7-2011 EEUU. The Wall Street Journal Bernanke envía al Congreso el mensaje equivocado David Reilly Es posible que Ben Bernanke perjudicara el miércoles las negociaciones sobre el techo de deuda de EEUU. EN declaraciones en el Congreso, el presidente de la Reserva Federal dejó abierta la puerta a nuevas medidas de apoyo de la Fed a los mercados, posiblemente mediante más compras de bonos gubernamentales. Ante la mera perspectiva, las acciones repuntaron. Pero esto puede ser contraproducente para unas negociaciones sobre el techo de deuda que podrían estar aclarándose. La relativa fortaleza de la bolsa –pese a los recientes tropiezos, el Dow Jones sigue subiendo en el año– y el hecho de que la rentabilidad de los bonos del Tesoro a 10 años se mantenga por debajo del 3% han permitido que los políticos titubeen. Lo que Washington realmente necesita es un toque de atención de los mercados, y no sólo la reiteración de Bernanke de que la reducción del déficit es importante y de que un impago de EEUU tendría resultados económicos catastróficos. Por desgracia, es posible que sólo se consiga a través de caídas de los precios. ¿Recuerdan que el desplome de las acciones aceleró las negociaciones sobre el TARP (el programa de compra de activos tóxicos) durante la crisis financiera? “Sin un camino despejado hacia un acuerdo sobre la ampliación del techo de deuda, es cada vez más probable que el Congreso pueda necesitar un catalizador, como una reacción negativa del mercado al debate sobre el techo de deuda, que le obligue a cerrar un acuerdo”, apuntaron en un informe el miércoles analistas de FBR Capital Markets. En cambio, la complacencia que exhiben los inversores pone de relieve la opinión consensuada de que los legisladores se sacarán un acuerdo de la chistera en el último momento. El sentimiento común en Wall Street es que los inversores no pueden ser tan estúpidos como para permitir que EEUU impague. Pero, ¿y si lo fueran? En ese caso, es posible que a los mercados les depare una caída peor de la que se produciría si sucediera lo impensable y EEUU incurriese en algún tipo de mora o tuviera que decidir el orden de prioridad de los pagos. Esto último podría eliminar elementos como los cheques de la Seguridad Social, sumando otro problema para un crecimiento económico ya inestable. En ese sentido, el silencio de Bernanke sobre la posibilidad de aplicar nuevas políticas de expansión cuantitativa habría presionado al Congreso. Sin embargo, una vez más, infundió tranquilidad indicando que la Fed está preparada para apoyar a los mercados. El temor a que Bernanke pudiera no hacerlo habría puesto nerviosos a los inversores. Y es precisamente eso lo que podría hacer falta para instar a los políticos a negociar seriamente. THE WALL STREET JOURNAL. 14-7-2011