«Un fantasma recorre Europa». Así comenzaba, hace ahora 178 años, el manifiesto que más ha cambiado la historia del mundo contemporáneo. Muchos han intentado decretar su defunción una y otra vez, declarándolo caduco, desfasado y trasnochado, o anunciando el «Fin de la Historia» y el dominio «per saecula saeculorum» del Capitalismo de Libre Mercado.
Pero los hechos son tozudos, lo mismo que los antagonismos de clase. En pleno despliegue de la ofensiva hegemonista de la Dictadura Mundial de Trump -que busca imponer en Europa, además de gobiernos de ultraderecha, un salto en el saqueo junto con la obligación de destinar el 5% del PIB a gasto militar, a costa de drásticos recortes sociales y del desmantelamiento de los Estados del Bienestar- se está levantando por toda Europa intensas luchas de clases, grandes movimientos de masas y protestas populares contra las consecuencias sociales de estos proyectos.
España, Francia, Italia, Portugal, Grecia, Bélgica, Albania… son ahora mismo el escenario de masivas manifestaciones, de multitudinarias protestas y de grandes Huelgas Generales, en las que las clases populares y trabajadoras se rebelan contra el saqueo y contra la degradación de sus condiciones de vida. Una lucha de clases más viva que nunca, y donde las banderas rojas están en primera fila.
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Protestas en Francia
Francia arde contra los recortes en educación y el coste de la vida
Lo que comenzó en septiembre como las mayores movilizaciones estudiantiles de los últimos 50 años -no pocos lo comparan con Mayo del 68- se ha convertido ya en una protesta general no sólo contra la degradación de la educación pública, sino contra el cada vez mayor empobrecimiento de amplias capas de la sociedad francesa. A los jóvenes se han sumado los sindicatos obreros y sectores rurales arruinados por las políticas de Macron.
A seis meses de unas elecciones presidenciales que la ultraderecha de Marine Le Pen parecía tener de cara, el panorama ha cambiado drásticamente. Los jóvenes de los extrarradios urbanos franceses -clase obrera con un fuerte componente de origen migrante-han irrumpido en la vida política exigiendo acabar con la infrafinanciación y el abandono de sus centros educativos. Unos reclamos de los alumnos de institutos y universidades en los que van de la mano de sus profesores, y que han encontrado el apoyo de la izquierda de La Francia Insumisa de Jean Luc Melenchón, así como de sindicatos como la CGT, la principal central obrera gala.
La mecha la han prendido los estudiantes franceses de enseñanza media y superior, hartos de ver aulas masificadas, centros educativos que se caen a pedazos, o bajas de profesores que no se cubren. Pero el brutal plan de ajustes que impulsa Macron -de más de 50.000 millones de euros en políticas sociales al mismo tiempo que un incremento de más de 3.500 millones en gasto militar para cumplir con las exigencias de la OTAN – va mucho más allá del sector educativo, y afecta a múltiples partidas públicas.
En una lucha común contra los recortes sociales y contra la pérdida de poder adquisitivo, diferentes sectores populares franceses se han reconocido mutuamente y se han lanzado a luchar unidos
Por eso, a los estudiantes de secundaria y universitarios se han sumado un amplio conglomerado de trabajadores y sindicalistas, activistas climáticos y sociales como Greta Thunberg, que acudió a un instituto en Saint-Denis, y también agricultores y transportistas (los conocidos como ‘chalecos amarillos’) que protestan contra la escalada del precio del combustible.
Así, en una lucha común contra los recortes sociales -derivados de las exigencias de rearme y escalada en el gasto militar del Pentágono- y contra la carestía de la vida y la pérdida de poder adquisitivo, diferentes sectores populares franceses se han reconocido mutuamente y se han lanzado a luchar unidos con consignas como «Amarillos y Jóvenes».
Una lucha enérgica, que lleva desplegándose varias semanas, y que ha llenado los informativos de imágenes de violentos disturbios y brutales actuaciones de la policía. El incendio del Ayuntamiento de Limoges, monumento histórico del siglo XIX, ha dado alas a los que -desde el gobierno de Macron o desde la ultraderecha- buscan criminalizar las protestas y exigen mano dura contra los manifestantes. Pero también circulan por las redes cientos de grabaciones donde los encapuchados que lanzan piedras contra escaparates o camiones de bomberos, o cócteles molotov contra edificios oficiales… se refugian luego tras las filas de los agentes antidisturbios.
«Cuando veas arder un edificio o saquear un comercio, pregúntate siempre cuántos de esos enmascarados son policías infiltrados. Lo hemos visto mil veces desde las manifestaciones de Génova en 2001 o desde las protestas antiglobalización de los 90», dice un tuit de un activista francés.
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Los sindicatos convocan huelgas generales para el 30 de octubre y 20 de noviembre
Italia: huelga general contra los recortes y el rearme de Meloni
Dice Enric Juliana, buen conocedor del complicadísimo laboratorio de políticas europeas que es Italia, que todos los crujidos de la sociedad transalpina siempre empiezan en Milán. La ciudad del norte de Italia fue el escenario de duros enfrentamientos entre jóvenes manifestantes y la policía, que protestaban contra las políticas de rearme y de austeridad del gobierno de extrema derecha de Meloni.
En Roma, miles de personas marcharon en la manifestación “Juntos en la Vía Principal”, convocada por la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL), el principal sindicato del país, y por más de cien asociaciones laicas y católicas. La movilización reclamó salarios más altos, servicios públicos, impuestos más justos y una reducción del gasto militar.
Las manifestaciones -que también fueron masivas en Turín o Bolonia- claman contra la guerra y el encarecimiento de la vida, contra los recortes y contra el gobierno de la ultraderecha de Meloni y Salvini, y culminaron con la convocatoria por parte de CGIL de una huelga general para el 20 de noviembre.
Protestan contra las políticas de rearme y de austeridad del gobierno de extrema derecha de Meloni.
Días antes, otro sindicato emergente, la Unione Sindacale di Base (USB), que ha dirigido potentes huelgas y movilizaciones en los pasados meses bajo la consigna «Blocchiamo Tutto», ya había convocado una huelga general en Italia para el 30 de octubre contra los precios, el rearme y la ley electoral, diseñada por Meloni para favorecer su permanencia en el poder.
“No se habla de cómo subir los salarios y las pensiones, no se habla de cómo frenar la escalada de precios, no se habla de cómo poner a Italia a salvo de los cada vez más fuertes vientos de guerra”, denuncia USB en su comunicado. «Hay que bloquear todo para empezar a cambiar las cosas de verdad”.
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Protestas contra las medidas de austeridad del Gobierno
Bélgica: «¡Fuera de nuestros bolsillos!»
Más de 50.000 trabajadores y estudiantes marcharon en Bruselas contra la política de ajuste presupuestario del Ejecutivo, un «primer aviso» acompañado de la amenaza de una huelga general a finales de noviembre.
La protesta llega en plena negociación presupuestaria: el Gobierno del primer ministro, el conservador Bart De Wever, quiere recortar 10.000 millones de euros hasta 2029, con medidas antiobreras como a reforma de la indexación automática de los salarios, la subida del IVA, el cómputo anual de la jornada laboral o nuevos recortes que afecten al sistema de pensiones y a las prestaciones sociales.
Los sindicatos convocantes de las protestas -la FGTB y la CSC (Confederación de Sindicatos Cristianos)- denuncian que el Gobierno pretende trasladar el coste del ajuste a trabajadores, pensionistas y beneficiarios de prestaciones sociales. Y con la consigna de «¡Fuera de nuestros bolsillos!», exigen medidas de redistribución de la riqueza: una mayor contribución fiscal de las grandes fortunas y las rentas del capital, así como la reducción de gastos públicos considerados ineficientes.
Como en Francia o en Italia, a las protestas obreras de Bélgica se ha sumado el sector educativo.
Como en Francia o en Italia, a las protestas obreras de Bélgica se ha sumado el sector educativo. Los sindicatos de estudiantes y docentes se oponen tanto al ajuste federal como a las reformas educativas previstas por la Federación Valonia-Bruselas. Los manifestantes denuncian el aumento de la carga lectiva del profesorado sin mejoras salariales, los recortes en programas sociales como las comidas gratuitas en las escuelas y el incremento de las tasas de matrícula en la enseñanza superior no universitaria. Los estudiantes denuncian que estas medidas dificultan el acceso a la educación superior y agravan las desigualdades sociales.
Las centrales sindicales han anunciado que convocarán una huelga general para el 23 de noviembre si el Gobierno persiste en su plan de ajustes antisociales.
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Acampadas por la vivienda en Lisboa y otras capitales lusas
Portugal se «contagia»: cientos de miles de jóvenes se movilizan contra el atraco de la vivienda
Si hay un país que sufre un atraco inmobiliario más brutal que el que vivimos en nuestro país, ese es el de nuestros vecinos portugueses. Los alquileres en Portugal se han disparado un 124% entre 2015 y 2024. Por eso, emulando las movilizaciones y las acampadas de Madrid y otras ciudades españolas, miles de jóvenes portugueses han montado tiendas de campaña en el centro de Lisboa. Exigen topes en los alquileres y la construcción de un gran parque de vivienda pública, y denuncian las políticas reaccionarias del gobierno conservador de Luis Montenegro.
La Puerta del Sol tiene una acampada hermana en la céntrica Praça del Rossio, Lisboa. Y tenía otra en la plaza de Dom João I, en Oporto, pero esta fue violentamente desalojada por los antidisturbios, en una actuación que ha echado más gasolina al fuego de la indignación social.
Allí, miles de jóvenes exigen límites a unos alquileres que les expulsan de los barrios, y denuncian que las medidas del actual Ejecutivo conservador favorecen los intereses de los propietarios.
No sólo son las acampadas. Como en España, las tiendas de campaña han catapultado una enorme movilización por el principal problema social para las clases populares y trabajadoras portuguesas. Como en nuestro país, la vivienda se ha convertido en el principal factor de empobrecimiento de nuestros vecinos.
La Puerta del Sol tiene una acampada hermana en la céntrica Praça del Rossio, Lisboa.
Por eso, encendidos por la brutalidad policial del desalojo de la acampada en Oporto, y convocados por la izquierda y principal central sindical del país, la CGTP, centenares de miles de portuguesas se han lanzado a las calles, clamando contra la pérdida de poder adquisitivo y la crisis de la vivienda, exigiendo aumentos salariales y de las pensiones frente al encarecimiento de la vida.
El secretario general de la CGTP, Tiago Oliveira, arremetió contra el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2027 del gobierno derechista de Luis Montenegro, que se encuentra en tramitación parlamentaria, al considerar que perjudica a los trabajadores y favorece a los grandes grupos económicos.
Hay que recordar que hace pocos meses, la CGTP y una amplia plataforma de partidos de izquierdas y organizaciones sociales obtuvieron una gigantesca victoria. Tras dos huelgas generales y varios meses de intensas y masivas movilizaciones, obligaron al gobierno de Montenegro a retirar su ultralesiva reforma laboral (Trabalho XXI).
Este sindicato ha convocado una gran manifestación el 24 de octubre para exigir una subida general de los salarios del 15%, con un incremento mínimo de 150 euros mensuales, elevando el salario mínimo nacional hasta los 1.100 euros. También medidas para reforzar las pensiones y la sanidad y para recuperar el poder adquisitivo de las familias, especialmente afectadas por el aumento del precio de la vivienda, los alimentos y otros bienes esenciales.
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Las protestas recorren todo el continente
Y Grecia, y Albania…
El pasado 1 de octubre, una nueva Huelga General volvió a sacudir Grecia. Convocados por las dos grandes centrales sindicales del país, GSEE (sector privado) y ADEDY (sector público), los trabajadores paralizaron el transporte, la industria y los servicios públicos, y protagonizaron grandes manifestaciones en Atenas y otras capitales helenas.
Los trabajadores griegos protestan contra el gobierno derechista de Mitsotákis, que impulsa una reforma legal que además de socavar los instrumentos de negociación colectiva, impone jornadas laborales de hasta 13 horas seguidas -hay que recordar que Grecia está ya a la cabeza de la UE en cuanto a la longitud de las jornadas, y que suma más horas anuales que la media de la UE. Las centrales obreras exigen la reducción de la semana laboral a 37,5 horas, la recuperación del marco de convenios colectivos anterior a las reformas de la época del rescate, aumentos salariales y la restitución de pagas extra.
Albania es otro foco de potentes protestas estudiantiles contra el gobierno del primer ministro Edi Rama, supuestamente «socialdemócrata» pero muy plegado a Donald Trump. Hace pocos meses, cientos de miles de albaneses se rebelaron contra las intenciones del gobierno de Tirana de regalarle importantes espacios protegidos a la hija y el yerno del presidente norteamericano. Rama dio marcha atrás, pero la mecha del descontento ya estaba prendida. Los jóvenes denuncian el deterioro de la universidad, el coste de los estudios y la falta de oportunidades.
