“Me gusta hacer una cosa después de la otra. Nos ocuparemos de Irán, y, tan pronto como eso esté resuelto, de regreso haremos una pequeña y breve parada en Cuba». Son algunas de las últimas declaraciones de Donald Trump. Quizá cuando lea estas líneas a sepamos exactamente a qué se refiere el presidente norteamericano con esa «breve parada».
Muchas veces nos pintan la actual política exterior como los caprichos de un emperador errático y veleidoso, que hoy ataca Venezuela, mañana se fija en Groenlandia. luego sube los aranceles a medio mundo y más tarde arremete contra China. Pero esta es una visión tan miope como falsa.
La política internacional de los EEUU de Trump -una auténtica Dictadura Hegemonista Mundial- no es fruto de los impulsos o de las ocurrencias del presidente, sino que sigue un plan, un diseño minucioso, una hoja de ruta cuidadosamente establecida en un documento que la Casa Blanca presentó en diciembre del año pasado. Es la Estrategia de Seguridad Nacional
En ella los principales núcleos de poder de EEUU fijan las metas y objetivos geopolíticos, identifica oponentes y obstáculos y diseña las estrategias y métodos para derribarlos. Una hoja de ruta que busca salvaguardar la hegemonía mundial de Washington, una supremacía que está en su ocaso y que encuentra cada vez más dificultades y resistencias.
Trump y su gobierno no están actuando erráticamente. No están improvisando. Están siguiendo este guión, este plan. Cosechando éxitos en unos golpes y tropiezos en otros.
Recordemos los ejes principales de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de EEUU.
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Make America Great Again
Prácticamente desde la introducción, la ESN del gobierno Trump deja clara cuál es su razón de ser: “garantizar que Estados Unidos siga siendo la nación más grande y exitosa”. Es decir, mantener su dominio como única superpotencia, frente al ascenso de potencias emergentes que quieren acabar con el orden mundial unipolar con EEUU como árbitro y gendarme.
“EEUU no puede permitir que ninguna nación se convierta en tan dominante que amenace nuestros intereses”, dice la ESN. Y deja claro quién es el enemigo número uno de la supremacía yanqui: China,
Se llama «Estrategia de Seguridad Nacional», pero define como ámbito de acción de EEUU… a todo el planeta. Allí donde un país reclame su soberanía o donde la lucha de un pueblo lesione los intereses económicos, políticos o militares de Washington, los EEUU consideran que hay una «amenaza» a su seguridad como superpotencia.
La ESN de Trump no esconde las intenciones de la Dictadura Hegemonista Mundial de Trump, y afirma querer imponer la paz a través de la guerra” y demoler la legalidad internacional, sustituyéndola por la ley del más fuerte. Una aventurera e incendiaria política exterior que sin embargo esconde la decadencia y ocaso del Imperio. La agresividad de Trump es la respuesta de la clase dominante norteamericana a un mundo donde ese dominio norteamericano está cada vez más cuestionado.
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China en el punto de mira, y Doctrina Monroe en la retaguardia
Presión máxima sobre China, y ofensiva para recuperar el terreno perdido en Iberoamérica, lo que EEUU considera su “patio trasero”. Estos dos ejes definen con claridad la ESN de Trump.
La hoja de ruta hegemonista define a América Latina -o «Hemisferio Occidental, como la llama- como «la región de mayor prioridad estratégica para EEUU, por encima incluso del Indo-Pacífico en ciertos aspectos». En este hemisferio -que va desde Alaska y Groenlandia hasta la Tierra del Fuego- EEUU busca «restaurar la preeminencia absoluta de EEUU, protegiendo el acceso a enclaves geográficos claves [por ejemplo el Canal de Panamá, Groenlandia y las rutas del Ártico], y denegando el avance en el continente de competidores claves como China, Rusia y otros, impidiendo que puedan «acceder o controlar activos estratégicamente vitales (como puertos, infraestructura crítica, minas de minerales raros, redes energéticas o tecnológicas)» o «posicionar fuerzas militares».
Y las expresiones prácticas de esta nueva “Doctrina Monroe” las tenemos a la vista: ataque a Venezuela y secuestro de Maduro, asfixia energética contra Cuba, amenazas contra México, e injerencias en las elecciones de Colombia, Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Honduras…
Pero dejando clara la importancia que tiene para Washington recuperar el terreno perdido en su antiguo trasero, la nueva ESN deja meridianamente claro dónde está el escenario de la partida principal donde EEUU se juega el futuro de su hegemonía: la región del Indo-Pacífico es “el teatro decisivo de la competición económica y geopolítica del siglo XXI”. Fijando un objetivo claro: “EEUU debe prevalecer allí”… Frente a China, la gran potencia asiática.
Washington debe prevalecer en esta región, la más dinámica y poblada del planeta, y donde están algunos de los principales jugadores activos, en especial China, pero también India. Y lo debe hacer por todos los medios, incluidos los militares.
La ESN de Trump plantea que “un equilibrio militar convencional favorable sigue siendo un componente esencial de la competencia estratégica” con Pekín. Anunciando una mayor militarización de la región, y hurgando en la herida más sensible de China, Taiwán, a la que EEUU define como “punto de estrangulamiento geográfico vital”.
Los esfuerzos de EEUU en el Indo-Pacífico se entren en contener el ascenso de China, aunque para ello haya que amenazar a la Paz y la estabilidad mundiales y zarandear a Asia, el gran motor del desarrollo global.
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Rusia: ¿“Why Can’t We Be Friends”?
La ESN cambia el estatus de Rusia. De enemigo al que contener en la época de Biden a un país con el que hay que «restablecer una estabilidad estratégica» y «prevenir escaladas». El documento llama a «no perpetuar una implicación interminable de EEUU en la seguridad europea» y a «negociar un cese expedito de las hostilidades en Ucrania»
Los motivos de este cambio de orientación hacia Rusia son cada vez más claros. Todas las concesiones y regalos de Trump a Putin -incluyendo la entrega de una Ucrania atada de pies y manos -y despojada del 20% de su territorio, que pasaría manos rusas- se deben entender desde el objetivo de reblandecer el bloque que hoy forman Pekín y Moscú.
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Oriente Medio: un nuevo diseño surgido de las bombas
Rediseñar un nuevo mapa de Oriente Medio para revertir el severo retroceso que ha tenido EEUU en esta región tan explosiva como estratégica del mundo es el propósito de la ESN de Trump.
Golpear y demoler el poder de Irán, una potencia regional cuya influencia política y militar había ido ocupando los espacios dejados tras los fracasos norteamericanos en Irak, Afganistán o Siria, pero también rebajar la influencia de Rusia y sobre todo de China, que a través de la diplomacia y del comercio había logrado acercar a rivales como Teherán y Riad, o lograr que tanto Irán como aliados de EEUU -Emiratos Árabes, Egipto, y casi Arabia Saudí- ingresen en los BRICS.
Y proteger a su gendarme sionista, Israel, revitalizando los «Acuerdos de Abraham» y encuadrando militarmente a las poderosas petromonarquías de la región y atándolas al poder de Washington
Estos son los objetivos de EEUU en la región, y desde ahí hay que leer el apoyo incondicional a Israel -incluyendo el genocidio en Gaza y la invasión de Líbano-, y la incendiaria escalada contra Irán.
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Europa: mejor triturada
No es ningún secreto. Washington quiere dinamitar la UE, reduciendo a Europa a un grado de vasallaje extremo e insultante. Y para eso no hay nada mejor que cortarla en pequeños trocitos, para imponer a cada pedazo tratados ominosos y pactos leoninos.
EEUU necesita de una Europa que se encuadre sumisa en los planes de guerra del Pentágono, que acepte sin rechistar el 5% del PIB de gasto militar -para mayor gloria de las cuentas de la industria armamentística yanqui- y que acate nuevos tributos imperiales, como los insultantes aranceles que ha aceptado Bruselas.
Pero para poder llevar adelante esta estrategia disgregadora y avasalladora, la UE debe ser dinamitada desde dentro. El ariete son las fuerzas de ultraderecha a las que Washington da un apoyo explícito. Ya dirigen países tan importantes como Italia, forman parte de uno de cada tres gobiernos de la UE, y encabezan los sondeos en Francia, Reino Unido o Alemania.
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