Desde hace tiempo, Trump se viene quejando de España como de una piedra en su zapato. «Son terribles», ha dicho más de una vez. La negativa del gobierno a asumir un 5% de gasto en Defensa que sólo se puede alcanzar con el desmantelamiento efectivo del Estado del Bienestar; la posición de Madrid denunciando el genocidio en Gaza y los crímenes de guerra israelíes; la defensa de la legalidad y de los organismos internacionales, del multilateralismo y de la Unión Europea; las políticas climáticas, feministas, de ampliación de derechos de los migrantes o del colectivo LGTBI no sólo son exactamente lo contrario de lo que promueve el republicano, es que suponen trabas y barreras a su Dictadura Hegemonista Mundial. Y sobre todo, dan -para Washington- un peligroso ejemplo a seguir para otros países europeos, esos a los que Trump quiere rebajar al papel de vasallos y palmeros.
Esa animadversión de Trump hacia España ha dado un salto en su intensidad y agresividad, en paralelo con lo que supone atacar Irán y prender la mecha de una guerra incendiaria en todo Oriente Medio, que ya a afecta a una quincena de países y ha hecho que en pocos días se duplique el precio de la gasolina.
El gobierno español se ha plantado. Ha condenado un ataque contra Irán que viola la legalidad internacional, una escalada belicista y aventurera que pone en grave peligro la Paz Mundial. Y ha denegado la autorización para que EEUU use las bases en España, un hecho inaudito en los últimos 40 años.
El gobierno de coalición ha desempolvado el «No a la Guerra», siendo consecuente con la voluntad y la posición abrumadoramente mayoritaria de la ciudadanía de nuestro país, que rechaza no sólo los conflictos bélicos, sino a los planes de guerra de la superpotencia norteamericana y la ultra-agresiva política exterior del actual inquilino de la Casa Blanca
Trump ha estallado de ira. Ha anunciado que cortará todo el comercio con España «por ser un aliado terrible”, y ha exigido el «derecho» imperial de EEUU a usar las bases «cuando quiera». Los tratados dicen lo contrario, subrayando que España puede denegar el uso de sus bases y que ha de autorizar previamente los usos no previstos. Pero ya sabemos que piensa la Dictadura Mundial de Trump de cualquier legalidad que no se ajuste a sus intereses.
Visiblemente furioso en el Despacho Oval -y acompañado por el canciller alemán, Friedrich Merz, de visita en EEUU- Trump ha lanzado una amenaza clara y directa contra nuestro país, mostrándose dispuesto a dañar nuestra economía y a violentar nuestra soberanía si el gobierno de Sánchez no se pliega a sus planes de guerra.
«Le dije a Scott [Bessent, secretario del Tesoro] que cortara todas las relaciones con España. Todo empezó cuando todos los países europeos, a petición mía, hicieron lo que debían hacer, que era un [una contribución del] 5% [del PIB a la OTAN]. Y todo el mundo estaba entusiasmado con ello, Alemania, todos, pero España no lo hizo”.
«Y ahora España ha dicho que no podemos utilizar sus bases. Podríamos utilizar sus bases si quisiéramos. Podemos volar hasta allí y utilizarlas. Nadie nos va a decir que no las utilicemos». «Tengo el derecho de decretar un embargo sobre todo lo que tenga que ver con España”.
Las amenazas de Trump son las amenazas de la superpotencia norteamericana, que está embarcada en un proyecto extremadamente agresivo, de dinamitar la legalidad internacional y de imponer la ley del más fuerte. No sólo amenaza a nuestro comercio o a nuestra economía, sino a nuestra soberanía.
Estamos ante una emergencia no sólo internacional, sino nacional. Estamos ante un peligro que nos afecta a todos. Trump nos ha puesto en su diana.
