En uno de los incidentes más graves desde el inicio de la «tregua», Estados Unidos e Irán han intercambiado fuego en el Estrecho de Ormuz. Trump ha amenazado a Teherán con golpear “mucho más duro” si no firman “rápido” un acuerdo de paz… pero puntualiza que el alto el fuego sigue en pie.
En cualquier otro proceso de desescalada bélica, tirotearse mutuamente y estar en la mesa de negociaciones debería ser algo excluyente. Pero esto no rige en el extraño baile entre la Casa Blanca de Trump y el régimen de los ayatolás.
Un alto el fuego bajo fuego real. Un oxímoron. Como en la mecánica cuántica, dos estados en superposición simultánea.
¿Cómo se explica esto?. Sólo desde ver lo que está pasando como una retirada. La Casa Blanca está buscando una salida a lo que ya es evidente que es un atolladero. Buscan negociar desde una posición de fuerza, pero en Teherán les han visto las cartas y no se achantan.
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Tensión, mucha tensión en el Golfo Pérsico. Mientras que bajo la mediación de Pakistán los diplomáticos de Washington y Teherán avanzan en unas difíciles negociaciones, ataques con fuego real siguen teniendo lugar en el Estrecho de Ormuz.
El comando central de EEUU ha ordenado ataque a “centros de mando” iraníes como respuesta después de que fuerzas de Irán lanzaran misiles, drones y lanchas rápidas contra tres destructores estadounidenses -el Truxtun, el Rafael Peralta y el Mason- que transitaban por el estrecho de Ormuz.
El ejército iraní denunció, por su parte, que EEUU había violado el alto el fuego con un ataque contra dos embarcaciones cerca del estrecho de Ormuz, una de ellas un petrolero iraní y otro de China, y declaró que había lanzado a su vez andanadas de proyectiles contra buques militares de la US Navy como represalia. Además, según fuentes iraníes, las fuerzas norteamericanas también habían lanzado previamente ataques “en cooperación con países de la región” contra “zonas civiles” en las áreas costeras de Bandar Jamir, Sirik y la isla de Qeshm.
En cualquier otra circunstancia, un incidente tan grave desencadenaría una potente escalada. Pero Donald Trump -habitualmente adicto a la pirotecnia verbal- ha quitado hierro a la situación, ha asegurado que «el alto el fuego se mantiene» y que los dos países podrían llegar a un acuerdo «muy pronto».
Segundos después de usar este tono conciliador, el republicano volvió a la carga, acusando a Irán de estar dirigido por “lunáticos”, y lanzando una nueva amenaza superlativa. Irán debe acceder a firmar un acuerdo de paz o, de lo contrario, sufrir bombardeos mucho más mortíferos que los que han tenido lugar durante los dos meses de guerra.
“Si tuvieran ocasión de utilizar un arma nuclear lo harían, sin duda, pero nunca tendrán esa oportunidad, y, al igual que hoy los hemos vapuleado, volveremos a vapulearles mucho más duro, y con mucha más violencia, en el futuro si no firman un Acuerdo RÁPIDO”, ha apuntado Trump en la red social Truth.
Quitar hierro y amenazar con la aniquilación nuclear. En la misma declaración.
Pocas pruebas más hacen falta de que EEUU está buscando la puerta de salida de una guerra que -dos meses después de haberla declarado, desatando una inmensa ola de destrucción y poniendo en juego su abrumadora superioridad militar- no va ganando.
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Las negociaciones
Las conversaciones indirectas entre EEUU e Irán -mediadas por Pakistán, pero donde también está participando discretamente China, Omán y otras naciones- se basan ahora mismo en un borrador de 14 puntos centrados principalmente en el acceso al Estrecho de Ormuz, el programa nuclear iraní y las sanciones norteamericanas contra la República Islámica.
Pero las posiciones están de momento muy alejadas. ¿Dónde están los escollos?
EEUU exige una moratoria larga del enriquecimiento nuclear, y que le sean transferidos los stocks iraníes de uranio enriquecido. Junto al Compromiso verificable por parte de Teherán de no desarrollar armas nucleares e inspecciones estrictas (algo que ya contemplaba el acuerdo nuclear que firmó Obama en 2014, y que Trump rompió sin contemplaciones). Además, Washington exige límites al programa de misiles y reducción del apoyo a milicias proxies en la región (Líbano, Yemen, etc…), algo que muy difícilmente va a aceptar Irán.
Por su parte, el régimen de los ayatolás exige el levantamiento completo (o muy amplio) de las sanciones estadounidenses contra su economía y liberación de fondos congelados. Garantías de no agresión por parte de Israel que se extiendan también a Líbano, y compensaciones de guerra. Y derecho a desarrollar un programa nuclear civil (con enriquecimiento limitado), rechazando desmantelar sus instalaciones.
Además de la dificultad de conciliar ambas exigencias, persiste una altísima desconfianza entre las partes, especialmente en la delegación iraní, que recuerda perfectamente cómo hace apenas tres meses, Washington y Teherán estaban a punto de firmar un acuerdo en Qatar… cuando EEUU ordenó el ataque masivo a Irán.
