Cumbre de Davos e Informe Oxfam

Termodinámica de la opulencia, o la ley de los vasos comunicantes

El nuevo informe de Oxfam Internacional vuelve a ilustrar con datos y estadísticas una sangrante realidad. La obscena opulencia de un puñado de élites hiperprivilegiadas y la pobreza y los padecimientos que soportamos la inmensa mayoría ... no son sino las dos caras de una misma y sola cosa.

El primer principio de la Termodinámica -la ley más basal de la Física- dice que la materia y la energía ni se crean ni se destruyen, solamente se transforman. Esto, que es válido para cualquier proceso material en el Universo, es igualmente cierto cuando hablamos de la riqueza social: sólo cambia de manos, de propietarios. Para que unos pocos la acaparen, millones han de ser desposeídos.

Perdonen la divagación, pero esto es lo que ha venido a afirmar -con informes, datos y estudios más que rigurosos- la ONG Oxfam Internacional con ocasión del Foro de Davos, ese encuentro anual donde las élites oligárquicas del planeta, junto a sus principales gestores políticos, se reúnen para poner en común sus intereses y para debatir de negocios, geopolítica o ingeniería social.

Los datos del Informe de Oxfam Internacional demuestran una escandalosa realidad: que el 1% más rico de la población mundial -entre los que no está usted, pero sí muchos de los asistentes a Davos- ha acaparado en estos años de pandemia las dos terceras partes (63%) de la nueva riqueza.

Una pequeña élite planetaria han acumulado entre 2019 y 2021 el doble de recursos que han ido destinados a cubrir insuficientemente las necesidades del 99% restante de la población mundial. No hace mucho, el Banco Mundial afirmaba que la mitad de la humanidad -4.000 millones de seres- vive con menos de 6 dólares al día.

Del Informe Oxfam se desprende que entre el 1% más rico y el resto de la población hay unos gigantescos vasos comunicantes, por los que se trasvasa riqueza, pero también vida y trabajo. Que la obscena opulencia de estas hiperprivilegiadas élites y la miseria, la pobreza, la carestía o las estrecheces que soportamos la inmensa mayoría de los trabajadores del mundo… no son sino las dos caras de una misma y sola cosa.

Su astronómica riqueza procede de nuestra explotación, de nuestras horas de vida y trabajo. Son vasos comunicantes.

También lo reconocen ellos mismos. Según el Banco Mundial -nada sospechoso de propaganda izquierdista- el alza de la inflación, que comenzó con la energía, se amplió con la guerra en Ucrania y que se contagió al conjunto de la economía, no ha hecho más que ampliar la brecha entre ricos y pobres. «La actual crisis de precios es también una crisis de desigualdad», afirma el informe de Oxfam

Esto, que es verdad a escala global, es igualmente constatable en España.

Mientras que los hogares más vulnerables «sufren para llenar la nevera o mantener una temperatura adecuada», desde 2019, el valor de la riqueza de los milmillonarios españoles ha crecido en unos tres millones de dólares al día, apunta el análisis de Oxfam.

Mientras que España es el cuarto país en Europa con más personas en situación de pobreza y exclusión social; que una de cada seis personas con trabajo sigue siendo pobre, y que tres de cada diez familias viven «asfixiadas» por la inflación, reduciendo gastos esenciales como el consumo de electricidad o la alimentación… según las estimaciones de Oxfam, en España 95 empresas de energía y de alimentación «han más que duplicado sus beneficios en 2022, generando unas ganancias extraordinarias de unos 306.000 millones y destinando 257.000 millones, el 87% del total, a remunerar a sus ricos accionistas».

Es la ley de la Conservación de la Energía de las sociedades de clase. Ellos son ricos mediante la pobreza de la inmensa mayoría.

Ante esto caben dos preguntas. La primera es ¿debemos permitirlo?. Y si usted niega con la cabeza, la segunda es ¿qué hacer?.

Sí, ¿qué hacer?