Rebelión del mundo de la cultura ante los recortes

Recortar conciencia, robar libertad

Nos quitan el pan, pero también las rosas. Y ambas son imprescindibles. Amordazar las conciencias es predicar sumisión. Y lo que necesitamos es rebelión.

Más IVA, menos cultura

La tijera del FMI y el BCE ha hundido sus cuchillas en la cultura española. Los draconianos recortes del gasto público, junto a una escandalosa subida del IVA desde el 8% al 21%, es una puñalada por la espalda para un sector algo más que estratégico.

La andanada es tan salvaje que incluso el Secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle ha mostrado públicamente sus reticencias: “Comprendo el malestar del mundo de la cultura y comparto su preocupación (…) Soy de los que cree que una sociedad libre en un momento de dificultad necesita salvaguardar una oferta cultural (…) No sé si en términos cívicos compensa el desaliento cultural”.

De un solo golpe, España va a pasar a soportar el IVA más alto de toda la zona euro para los productos culturales. En Francia acaban de reducirlo desde el 7% al 5,5%. En Alemania, supuesto paladín de la “austeridad”, sólo gravan con el 7%. ¿Por qué Berlín y París sí pueden proteger su cultura, y a nosotros nos imponen un IVA-gillotina que es una sentencia de muerte para el sector?

Ni siquiera en Grecia o Portugal, intervenidos completamente, han llegado tan lejos como en España. Allí la cultura solo paga un IVA del 13%, frente al 21% que pretenden aplicarnos a partir de septiembre.

El sector cultural aportó entre los años 2.000 y 2.009 más del 4,6% del PIB español, y en 2010 daba trabajo a 508.700 personas.

Los efectos de los recortes no sólo se han dejado sentir en el tijeretazo a las ayudas públicas. Desde 2.008, el número de espectadores a eventos culturales ha bajado un 24,3%. Y según una reciente encuesta, el 87% de la gente cree que reducirá su asistencia a partir de septiembre, cuando entre en vigor la subida del IVA.

Va a destruirse tejido cultural. Muchas salas de cine o teatro cerrarán, muchas compañías se disolverán, muchas pequeñas editoriales o sellos discográficos no podrán sobrevivir.

Y no será únicamente un quebranto medido en términos económicos o de empleos perdidos. Las grandes empresas superarán mejor las dificultades, se comerán a las pequeñas. Se producirá un nuevo salto en la monopolización de la cultura, lo que implica un mayor control social sobre ella, menos espacio para que puedan desarrollarse ofertas culturales independientes.La rebelión está en marcha

El mundo de la cultura fue clave en la organización de la respuesta contra la guerra de Irak. Aquellas gigantescas movilizaciones consiguieron imponer la retirada de las tropas. Una victoria popular que conviene tener muy presente. Parece que sólo existen los informes del FMI o los memorandos de Bruselas. Que ellos pueden hacer y deshacer a su antojo. Pero hemos demostrado que cuando nos unimos, podemos tener más fuerza que ellos.

La rebelión del mundo de la cultura contra los recortes está ya en la calle. Todos los sectores se han movilizado. Desde el cine al teatro o la pintura, desde actores a productores o periodistas. Los manifiestos de protesta, las concentraciones y actos públicos, se suceden.

Y, en todos los casos, las protestas del mundo de la cultura se han unido a la rebelión general de todo el pueblo español contra la intervención y el saqueo.

Como recuerda Nuria Espert, “sanidad, educación y cultura son tres cosas que es lo último que se tiene que tocar porque ahí está el futuro. Los recortes en estos campos serán irrecuperables, cuando baje la prima de riesgo y nos perdonen la vida, el daño que se haya hecho se tardará muchísimos años en reparar”.

Como denunció Javier Bardem desde la manifestación del 19-J en Madrid: “Estoy aquí porque es una injusticia quitar responsabilidad al sector financiero y machacar a los parados, enfermos y a la clase más baja. Se están cargando el futuro de una generación”.

O como recuerda certeramente Almodóvar: “Vivimos una situación muy delicada porque lo que está en juego es la democracia. Los resultados para las clases débiles son terroríficos”.

Como ocurrió en las movilizaciones contra la guerra, el mundo de la cultura tiene que ser punta de lanza en las movilizaciones contra el saqueo y la intervención, contra el negro futuro que pretenden imponernos los “hombres de negro” del FMI y Berlín.«Como ocurrió con la guerra de Irak, el mundo de la cultura debe ser punta de lanza en la lucha contra los recortes»

Dando a la lucha contra los recortes una dimensión social. Uniendo a las reivindicaciones económicas la defensa de la democracia y la libertad, hoy también seriamente amenazadas. Avanzando en romper la monopolización de la cultura, abriendo canales para que puedan desarrollarse -en la dirección que a la mayoría nos interesa- todas las energías creativas que hoy son sacrificadas en el altar del máximo beneficio.Queremos pan, pero también rosas

En 1.912, las manifestaciones de las obreras textiles estadounidenses arrancaron con una nueva consigna: “¡Queremos pan pero también rosas!”.

A las reivindicaciones económicas unieron la lucha por la liberación de la mujer, y la exigencia del acceso a la cultura y la educación para ellas y sus hijos.

Su liberación no solo se medía en un salario mejor, también en más conciencia, más libertad.

James Oppenheim dedicó a aquellas movilizaciones un hermoso poema:

“Mientras vamos marchando, marchando a través del hermoso díaUn millón de cocinas oscuras y miles de grises hilanderíasSon tocados por un radiante sol que asoma repentinamenteYa que el pueblo nos oye cantar: ¡Pan y rosas! ¡Pan y rosas! (…)Mientras vamos marchando, marchando, innumerables mujeres muertasVan gritando a través de nuestro canto su antiguo reclamo de panSus espíritus fatigados conocieron el pequeño arte y el amor y la belleza¡Sí, es por el pan que peleamos, pero también peleamos por rosas! (…)Nuestras vidas no serán explotadas desde el nacimiento hasta la muerteLos corazones padecen hambre, al igual que los cuerpos¡pan y rosas, pan y rosas!”.

Conviene recordarlo para tomar conciencia de lo que nos estamos jugando cuando se imponen draconianos recortes en la cultura.

No es algo que afecte únicamente a tal o cual sector, al cine, al teatro, a las librerías, a los grupos de música. No. Nos afecta a todos.

Recortar cultura es jibarizar la conciencia, es robarnos libertad.

Cuando se quiere intervenir y saquear un país, como está ocurriendo en España, es necesario amordazar las conciencias para limitar al máximo la rebelión.

Nos colocan una venda en los ojos, a través de un nuevo salto en la monopolización de la información. Para que veamos solo lo que a ellos les interesa.

Nos atan las manos, a través de inquietantes endurecimientos del Código Penal que castigan, no a los banqueros o corruptos, sino los actos de rebelión contra los recortes.

Y ahora meten la tijera en la cultura o en la educación para lobotomizarnos las conciencias.

Ellos sí pueden disponer de una potente industria cultural. EEUU dedica el 12% de su PIB a la cultura. Alemania dispone de las más potentes editoriales europeas. Pero nosotros no. No podemos disponer de una plataforma para poder expresar un punto de vista diferente al dictado como oficial por Washington y Berlín.

A los españoles parece que no nos corresponde mantener una ciencia independiente. “Ya inventamos nosotros”, nos repiten desde fuera. Ahora parece que tampoco nos corresponde pensar.

El FMI y el BCE son nuevos Napoleones que consideran a España sometida y conquistada. Ya sabemos lo que le pasó a Napoleón. Salió de España con el rabo entre las piernas.